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Haz a tu hijo un melómano

Por equipo Montenegro

 

Todos recordamos las canciones con las que crecimos, y si estás en tus treinta o cuarenta y creciste en México, lo más seguro es que Juan Gabriel forme parte de tu educación sentimental a fuerza de escucharlo en casa. Otros muchos crecimos escuchando una mezcla de música en inglés con The Doors, Creedence, The Bee Gees y El Tri, Caifanes, Los Panchos, José Alfredo Jiménez, entre otros. Pero todo mexicano acepta que el “Huapango” de Moncayo es como nuestro segundo himno nacional. Así que todos somos un poco melómanos “por culpa” de nuestros padres. Pero… ¿te has preguntado qué melómano estás formando en tu hijo?

Acercar a tus hijos a la música de manera consciente puede traer beneficios, como crear personas más conectadas con sus gustos y tolerantes con los de los demás, aunque también curiosos e inquisitivos, ya que la música apela a una parte desprejuiciada de nuestro ser: los oídos, que todo lo captan.

Algunas recomendaciones que te hacemos para incentivar en tus hijos el gusto por la exploración musical, son los siguientes.

 

Despiértalos con música.

En anteriores entradas de este blog, te hemos contado los beneficios de iniciar el día con música. Creando con notas musicales el mejor inicio del día, alimentas el buen humor y estableces el tono de la jornada para ellos. La música debe ser alegre sin ser estridente; movida sin ser estresante. También debes variarla para no abrumarlos con las mismas canciones.

 

Dale variedad.

Todos tenemos un género favorito, pero eso no quiere decir que tus hijos deban escuchar siempre rock. Tira de tu experiencia vital y ponles música de tu niñez, de tu juventud, lo último que escuchaste. Es otra manera de conectar con ellos, otra forma de compartirte como persona.

 

Por algo son clásicos.

Beethoven, Mozart, Chopin, Mahler… los compositores de música orquestal y culta no fallan, por algo los llaman clásicos. Esta música se hizo para escucharse con los oídos y disfrutarse con el alma. Es apta para despertar o dormir, siempre hay algo para todos.

 

Empieza temprano.

Si existen discos como “Metallica para bebés” es porque uno de los órganos más importantes en el desarrollo del ser humano, el oído, también se hizo para nuestro disfrute y por ello los creativos han desarrollado música para cualquier etapa del ser humano. Desde el vientre materno disfrutamos el sonido. ¡Escoge bien la primera canción de tu bebé!

 

¿Qué otra cosa has hecho para enseñarles a tus hijos a amar la música? Cuéntanos en nuestras redes sociales y en los comentarios.

Más allá de una partitura. Los beneficios del entrenamiento musical

Existe un gran número de estudios sobre los vínculos entre la música, su estudio o uso, y sus efectos positivos en aspectos congnitivos —así como también hay aquellos que buscan desvincular a la música de esto—. Pese a que existe cierta polémica en la discusión de los beneficios que trae el entrenamiento musical, una constante es que el estudio de ésta tiene ciertos efectos en el desarrollo de habilidades en áreas comunes de rubros aparentemente muy diferentes, como aquellas de lenguaje y las del pensamiento matemático, lo que puede resultar en una opción interesante para clases extracurriculares para nuestros hijos.

 

La elusiva relación entre la música y el IQ

Precisamente una de las áreas que ha sido constantemente revisada, y cada tanto polemizada con algún estudio sin pruebas de causalidad, es aquella sobre la relación de la música con el coeficiente intelectual (IQ por sus siglas en inglés). Como lo explica la Dra. Heather N. Winter para la revista American Music Association en un artículo de 2016, cuando se evalúa la inteligencia por medio del IQ, esta medida se mantiene mayormente estable a lo largo de la vida, y casi la mitad de sus variantes se acreditan a la genética, por lo que se sugiere que cualquier variante ambiental o “que cultiva” (ya sea entrenamiento musical o científico) raramente logra un gran impacto en el IQ. Sin embargo, afirma, “se han hecho hallazgos significativos que muestran una relación positiva entre el entrenamiento musical y otras habilidades cognitivas”[1]. Estas habilidades incluyen a varias propias del lenguaje como la memoria y la prosa, así como el razonamiento espacial, habilidades matemáticas, memoria a corto plazo, memoria visual, tiempo de reacción y agudeza táctil[2].

Si bien probar el vínculo entre el estudio musical y su efecto positivo en habilidades cognitivas por medio del IQ ha sido una tarea más bien elusiva, en 2004, un estudio conducido por el Dr. E. Glenn Schellenberg de la Universidad de Toronto —especialista en desarrollo cognitivo en el terreno auditivo—, en el cual se dieron clases extracurriculares gratuitas a dos grupos de niños de 6 años (un grupo asignado con clases de música y otro con clases de teatro o ninguna clase extracurricular) por un año, se encontró un incremento tanto en el IQ como en los resultados de exámenes regulares de logro académico en el grupo de niños que recibieron entrenamiento musical. Las evidencias de la correlación entre el entrenamiento musical y el desarrollo de habilidades cognitivas se ha estudiado y probado en las últimas décadas, a pesar de que no se muestre muy evidente al utilizar la métrica del IQ.

 

Música y matemáticas: lo que yace en el fondo

No todos los “beneficios” adicionales que puede aportar la música más allá de su campo específico quedan en las discusiones y mediciones de IQ. En 2008, las doctoras Nan Bahr y Carol A. Christensen —especialistas en la investigación del aprendizaje y educación, respectivamente—, realizaron un estudio con alumnos australianos de 15 años para evaluar la transferencia de conocimiento de dos áreas aparentemente distintas desde la superficie, pero con semejanzas estructurales: matemáticas y música. Las autoras abordan las posibles semejanzas entre ambas ramas con la resolución de problemas como punto de partida, bajo la primicia de que cuando se posee una serie de conocimientos previos y más profundos, aunque pertenezcan a ramas distintas, pero que atienden las mismas problemáticas estructurales, la forma de resolver un problema es mucho más eficiente.

En su investigación previa, Bahr y Christensen retoman trabajos en la investigación de resolución de problemas que demuestran que existen diferencias importantes en la forma en que un experto y un novato (en problemas) se acercan y abordan problemas relacionados a un conocimiento específico de campos diferentes: los expertos se toman 25 % de su tiempo en la representación del problema, mientras que los novatos sólo invierten 1 % de su tiempo en esta fase (Voss y Post en Bahr, et ál.). Esta representación del problema (que implica hacer abstracciones y aplicar principios) es lo que permite a los expertos clasificar el problema al que se enfrentan con base en sus conocimientos previos, así pertenezcan a otras áreas, y generar con ello sus estrategias. Al clasificar los problemas, los expertos analizan y utilizan las características del problema que se encuentran en su estructura más profunda. Examinar esta estructura profunda les permite ver a los expertos cómo este problema que están atendiendo en realidad pertenece a un grupo de problemas que ya conocen, aunque pertenezcan a otros ámbitos. De tal modo, los expertos piensan qué significa realmente el problema en cuestión, mientras que los novatos se quedan en la búsqueda de qué dice el problema.

Es en esta parte honda de la estructura del conocimiento de cada área, que se puede transferir lo que se sabe de un ámbito para aplicarlo en otro, y en el caso de las matemáticas y la música, lo común que subyace a ambas áreas es mucho más de lo que se puede percibir desde la superficie. “Un músico entrenado encuentra orden en lo que es esencialmente sonido organizado arbitrariamente, y ha construido conceptualmente un sistema de patrones, relaciones, regularidades, series, proporciones, fracciones, subdivisiones y ratios, representadas y entendidas mediante un complejo sistema símbolos. De tal modo que un traslape en las estructuras profundas del conocimiento musical y matemático puede esperarse en un gran número de áreas[3]”, explican Bahr y Christensen en su publicación del 2000.

En el estudio dirigido por estas doctoras, se encontró que en los ámbitos de matemáticas y música, los alumnos que han tenido entrenamiento musical se desempeñan mucho mejor que los alumnos sin entrenamiento en las áreas de matemáticas que se traslapan con estructuras del conocimiento musical[4]. Este estudio también sostiene teorías como la de Zohar, que sugiere que la transferencia de conocimiento sucede como resultado de una similitud estructural profunda entre los ámbitos. Bahr y Christensen argumentan que esta transferencia puede suceder de forma espontánea y sin instrucción previa que facilite la transferencia (en su estudio, a dichos alumnos de 15 años —con y sin entrenamiento musical— se les asignaron tanto pruebas matemáticas como musicales, sin instrucciones que indicaran el cambio de ámbito y mucho menos sus áreas similares).

Así, que tu hijo inicie un estudio más formal de música (particularmente la creación de música, más que la apreciación) lo dotará de formas de entender y organizar el mundo que podrá aplicar en muchos más campos, y todo sin siquiera percatarse de ello. Si para este nuevo ciclo estás pensando en actividades extracurriculares que le aporten más a distintas dimensiones del crecimiento de tu hijo, además de resolver situaciones de agendas de papás y/o mamás que trabajan, la música puede ser una opción con grandes beneficios. El desarrollo de nuevas rutas mentales ayudará a fortalecer sus conocimientos y dominio en áreas del lenguaje y de las matemáticas, entre otras, pero lo más importante es inducirlo y apoyarlo en una actividad como la música, si naturalmente tiene una inclinación hacia ella, o si te lo demanda de forma más abierta. Forzar un conocimiento o un gusto no ayuda en mucho, pues el niño no tendrá la apertura ni la curiosidad que son necesarios a la hora de aprender, pues como recordamos, el juego y el disfrute son fundamentales en los procesos de aprendizaje de los niños.


[1] Winter, H. N. (2016). “THE LINK BETWEEN MUSIC LESSON AND IQ IN CHILDREN”. American Music Teacher, 66(2), pp. 14-18.

[2] Ídem.

[3] Bahr, N., & Christensen, C. A. (2000). “INTER-DOMAIN TRANSFER BETWEEN MATHEMATICAL SKILL AND MUSICIANSHIP”. Journal Of Structural Learning & Intelligent Systems, 14(3), p. 187.

[4] Ídem.