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Cómo afectan las peleas maritales a los hijos

Por Equipo Montenegro

 

Muchas veces hemos escuchado a amigos y familiares decirnos que, a pesar de ser infelices con sus parejas, ellos siguen en su matrimonio “por el bien de sus hijos”. Las consultas de los psicólogos y los despachos de los abogados, sin embargo, suelen estar muy ocupados lidiando con los problemas que esos “matrimonios por los hijos” terminan causando a los pequeños.

Independientemente de las razones y dinámicas que llevan a un matrimonio a su fin, uno de los más dolorosos, por común, es la falta de comunicación efectiva entre la pareja. De acuerdo a estadísticas del INEGI, en México el 54.3 % de las parejas que se divorcia lo hace de mutuo consentimiento, pero el 54.4 % del total lo hace después de 10 años o más de matrimonio, lo que asegura que los más pequeños de la casa crezcan observando el desarrollo de pareja de sus padres.

Cuando mamá y papá no están comunicándose de manera correcta, el impacto en los hijos puede causarles problemas más perdurables. Al observar constantes discusiones entre sus padres, los niños “aprenden a tener un sistema conflictivo, poco tolerante a la diferencia del otro. Son niños que crecen con inseguridad y se va a ver reflejado en su autoestima, son más vulnerables y tienden a ser ansiosos y depresivos”, afirma la psicóloga Laura Marcela Soto, especialista en Terapia Familiar.

Pero la familia, como toda empresa humana, es susceptible de mejora. Si la vemos desde el punto de vista correcto, la familia es un sistema, una empresa que puede modificarse para funcionar mejor. “Cuando dos personas comienzan a interactuar y a establecer una relación continuada, se comunican entre sí en forma verbal y no verbal, fijan de consuno reglas básicas para su conducta y métodos de comunicación, gradualmente se van convirtiendo en un sistema, que puede ser la pareja o el sistema marital”, dijo en 1980 el pionero de la psicología marital, Clifford J. Seger.

De acuerdo a Seger, la presión que la situación económica y social ejercen en los matrimonios puede llevar a que los primeros acuerdos entre mamá y papá ya no se sostengan con la llegada de los hijos, o el número de éstos. Además de observar que toda relación de pareja somete al individuo a un intercambio constante de información y emociones que pueden conducir a un desgaste natural del vínculo afectivo… que el amor cansa también a veces, caray.

“Una razón común para que los matrimonios fallen es que esperamos mucho de nuestras parejas. Queremos amor, pero a veces esperamos que ellos satisfagan todas nuestras necesidades más de lo que cualquier persona es capaz de hacer”, dice Seger. Pero cuando los problemas aparecen, también aparece la oportunidad de enseñar a nuestros hijos -si realmente los ponemos como prioridad- una gran lección moral y sentimental, un ejemplo de cómo resolver los problemas en pareja.

“El problema más común es la falta de comunicación, que realmente es falta de intimidad. Muchos matrimonios pelean por dinero, por la familia, por los hijos, por quién saca la basura, cuando esos no son los verdaderos problemas. Casi siempre las peleas tienen que ver con sentimientos, necesidades y deseos inconscientes. Si no se permite que éstos salgan a flote, las parejas están apagando cientos de fuegos pequeños en lugar de la fuente que los alimenta”, apunta Seger.

Algunas consecuencias observables en niños, causadas por los conflictos de la pareja, son:

  • Atrapar a los niños en conflicto de lealtades, por los cuales muchas veces deben elegir.
  • Confunden a los pequeños que no saben ni entienden la situación de los adultos que los hacen partícipes de sus problemas.
  • Quedan entrampados y sin ayuda adecuada o profesional, no tienen elementos para poder defenderse o salir de esa situación.
  • Los obligan a tomar partido, haciéndolos partícipes de la justicia familiar, creando momentos de crisis que luego les “pasan factura”.

 

Si la pareja vive en constante conflicto, lo mejor es buscar ayuda profesional. Pero algunas cosas que pueden poner en práctica tal vez prevengan que esto ocurra. Te damos dos ejemplos.

 

Diferir es sano.

Busca mantener una comunicación abierta con tu pareja. Ninguna es perfecta, y siempre habrá diferencias entre los padres, pero debemos explicarle a nuestros hijos que el que mamá y papá tengan problemas no significa que se separarán.

 

Discutir no es pelear.

Aquí debes educar con el ejemplo. Si existe una diferencia que tiene que ser resuelta en medio de una crisis, debes recordar que discutir es sano, pero pelear causa heridas invisibles en los pequeños. Demuéstrales que tener una discusión no debe ser siempre malo ni violento.

 

La familia nunca se “rompe”.

Aunque las diferencias lleven a una separación, debes hacer conscientes a tus hijos de que la familia seguirá existiendo y que ustedes siempre serán mamá y papá aunque no estén juntos.

 

Esperamos que, al conocer algunas de las consecuencias de los conflictos maritales en tus hijos, la próxima vez recuerdes que tus acciones son lecciones para ellos. Te recomendamos enérgicamente que busques ayuda profesional para resolver tus diferencias de pareja de la manera más asertiva posible.