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Enseñar el valor del dinero y el ahorro

Por Equipo Montenegro

Todos sabemos lo importante que es administrar nuestro dinero. Es un hábito necesario del cual obtenemos mayor provecho en nuestra vida adulta, pero ello no implica que este aprendizaje deba comenzar de manera tan tardía. Como todo hábito, es indispensable que se inculque desde edad temprana para crear conciencia y que esto resulte natural en los niños una vez que ellos crezcan.

Como muchas cosas al educar a nuestros hijos, es fundamental ser un ejemplo que ellos puedan imitar. Para ello es imprescindible realizar prácticas sanas con el manejo del dinero y permitir que los pequeños sean testigos. Una buena opción es pagar preferentemente en efectivo cuando ellos están con nosotros y marcar un tope a las compras para que así puedan entender que, una vez que el dinero se acaba, no es posible conseguir todo lo que se desea; justamente por eso es necesario administrarlo, dejar de lado cosas que no son indispensables si la cantidad de dinero que disponemos no es suficiente. El uso de tarjetas de crédito al momento de pagar puede crearles la falsa ilusión de que es la solución al conflicto, sin considerar que pasa a ser un gasto fuera de los límites y que después se debe pagar, saliendo del presupuesto previsto. Durante el crecimiento de nuestros hijos podemos involucrarlos de manera más activa en las compras, enseñándoles la importancia de conseguir buenas ofertas al hacer que nos ayuden a buscarlas y tomarlas en cuenta.

A partir de sus 7 años de edad se les puede proporcionar una mesada. Sin embargo, lo fundamental es que ellos aprendan a dividir ese dinero recibido para que destinen una fracción al ahorro. Funcionará tener una alcancía para almacenarlo y, después de un tiempo considerable, permitirles disponer del dinero para que ellos mismos se percaten de lo que pueden conseguir con el ahorro.

Después de los 12 años, la mesada puede convertirse en un pago. Ya sea que se encuentre un trabajo sencillo por el cual los niños reciban algo de dinero o que comiencen a ganarlo al ayudar en los deberes de la casa. Lo importante aquí es que ellos comprendan que, con esfuerzo, es posible conseguir dinero.

Cuando cumplan 15 años es un buen momento para que se adentren poco a poco al mundo de las finanzas y conozcan los conceptos necesarios para entender este contexto, lo que les permitirá moverse a través de él con seguridad. Esto puede lograrse por medio de la lectura de libros acerca de la materia y que sean propios para su edad, mismos que deben ser más detallados conforme ellos crezcan.

Finalmente, una vez que tengan 18 años, sobre todo si ya tienen algún trabajo con el cual complementen sus estudios, es fundamental que abran en el banco una cuenta de ahorro para tener un mejor control de su dinero. De igual forma es un excelente tiempo para dar un paso más allá y que ellos comiencen a usar una tarjeta de crédito con un monto pequeño. Esto servirá para inculcarlos en el uso responsable de ésta y, sobre todo, en cómo evitar deudas y pagos con intereses que sean mayores a la cantidad de dinero que perciben.

Inculcar la lectura en los más pequeños

Seguramente muchos de nosotros deseamos que nuestros hijos sean excelentes lectores, asiduos a la lectura por gusto y no por imposición; pero, como todo hábito, es necesario que comience a inculcarse desde los primeros años de vida con tácticas y actividades con las cuales se procure que los niños se adentren en la lectura de forma tanto amigable como entretenida para que se sientan atraídos por ella y desarrollen un gusto genuino por leer, mismo que los lleve a buscar sus propias lecturas por su cuenta.

Para lograr esto es necesario comenzar a atraer el interés de los niños desde antes de que entren a preescolar, pues de lo contrario sus primeras experiencias con libros serán con aquellos que son educativos, los cuales posiblemente les resulten aburridos o poco interesantes, por lo que podrían relacionar la lectura con un deber, con una actividad que se realiza por obligación. Por ello es tan importante inculcar la lectura desde que son muy pequeños, incluso cuando no han aprendido a leer. Pero ¿cómo hacerlo sin que esto sea una imposición?

Además de buscar libros idóneos para cada edad, por supuesto, es conveniente permitir que los niños tomen y toquen los libros con libertad, sin temer que puedan estropearlos. Esto les permitirá a los pequeños concebir al libro como un juguete más que puede ser tomado en cualquier momento, y les generará atracción y diversión. De igual forma debes permitir que sea el niño quien elija su próxima lectura; para ello ayuda poner a su disposición una preselección –realizada por ti– de títulos adecuados para su edad tanto en contenido como en vocabulario, y de los cuales él pueda escoger los que le parezcan más atractivos. También es interesante y productivo permitir que el niño nos acompañe cuando se adquieren los libros, ya sea en una librería o biblioteca, pues él podrá elegir los que llamen su atención desde un primer momento.

Nunca impongas una lectura o un momento para leer. Si bien es importante que haya constancia para crear un hábito, también lo es tomar en cuenta el gusto, la paciencia y el interés que el niño tenga en un principio, mismos que podrán nutrirse poco a poco. Recuerda que tu hijo debe percibir la lectura más como un juego y una recompensa que como un castigo o una obligación.

Lo que más ayudará a nuestros hijos es que compartamos las lecturas con ellos, especialmente en sus primeras etapas, como decíamos antes, cuando todavía no aprenden a leer o se encuentran en ese proceso. Además, es importante demostrar con el ejemplo que la lectura es una actividad de placer. Los niños tienden a imitar nuestras acciones y gestos, así que si nos ven con un libro entre las manos de manera constante, seguramente ellos querrán en algún momento tomar uno y hojearlo para hacer lo mismo que nosotros. Ese siempre será un buen método para comenzar y lograr el objetivo de que la lectura se vuelva un hábito sin necesidad de imponerla.

 

Las primeras lecturas. ¿Cómo fomentar el hábito de leer en los pequeños?

Por Montenegro Editores

La lectura es uno de los mejores hábitos que puedes heredar a tus hijos, no sólo porque hacerlo de forma regular estimula la concentración y la agilidad mental, sino porque favorece la empatía hacia otros y es un excelente método para relajarse y distraerse de las ocupaciones de la vida diaria; sin contar, claro, los estímulos a la imaginación y la creatividad que provoca, sobre todo, en los más pequeños.

Pero ¿cómo inculcárselo a nuestros pequeños para que se vuelva un hábito y un disfrute? Resulta obvio que, al forzarlos a hacerlo e implementarlo más como un deber que como un goce, nunca se obtendrán los resultados esperados, pues esta táctica sólo generará en ellos cierto rechazo a la actividad, como si fuera otra tarea escolar más, e incluso dicho rechazo puede mantenerse hasta la edad adulta. Lo mejor es integrar este hábito poco a poco a sus actividades diarias, dándole un tono de juego y diversión para que ellos puedan tomarlo de esa manera.

No es necesario esperar hasta que los niños aprendan a leer; desde sus primeros meses de edad pueden realizarse diversas actividades con ellos, como leerles en voz alta, mismas que los prepararán para el momento en que sean capaces de tomar un libro por sí mismos y leerlo.

A continuación te brindamos algunos consejos para llevar a cabo la lectura con tus hijos, sobre todo si ellos aún no aprenden a leer. Te servirán para convertir la hora de la lectura en otro momento divertido y recreativo del día, y con eso inspirarles desde los primeros momentos de su vida un hábito que pueda permanecer en ellos por muchos años.

  1. Cuando leas en voz alta, juega con tus voces: crea efectos y sonidos divertidos que acompañen la lectura que realizas. A esto puedes sumarle gestos y movimientos varios con tu cuerpo, así como brindarle diferentes entonaciones a las voces de los personajes.
  2. Mantente pendiente de las reacciones de tus hijos: muchas veces ellos son muy expresivos al indicar si una lectura les gusta o no. Si no la están disfrutando, lo mejor es dejarla a un lado e intentar con una nueva.
  3. Mantenlos cerca de ti cuando leas, incluso déjalos interactuar con el libro de vez en cuando: que lo toquen, que lo tomen, que sean ellos quienes le den la vuelta a la página, etcétera.
  4. Procura indicar con el dedo las palabras que leas: esto les ayudará a darse cuenta de qué es lo que estamos leyendo.
  5. Haz mucho énfasis en las ilustraciones: permite que tus hijos las miren con detalle para que puedan relacionarlas con lo que escuchan y entiendan mejor el contexto de la historia.

 

Y el consejo más importante que podemos brindarte, el cual asegurará el mayor éxito al presente propósito, es que seas constante con las lecturas: llévalas a cabo de manera diaria y realiza sesiones de, por lo menos, 15 minutos.

Aprender en vacaciones

Por Equipo Montenegro

Ahora que las clases finalizaron, inician las vacaciones y los estudiantes están libres de las responsabilidades escolares durante algunas semanas. Años atrás, este periodo significaba que los niños y las niñas se quedaban en casa, acompañados de sus madres u otros familiares, como los abuelos, o en casa de los tíos. Allí, el entretenimiento era jugar dentro de la casa o salir a la calle y convivir con los vecinos, ver televisión, disfrutar de los juegos de mesa, ir a la cama más tarde de lo normal y levantarse tarde también. Podía darse la casualidad de que padres e hijos compartieran los mismos días de vacaciones y entonces la familia salía de la ciudad para pasear por el campo o ir a la playa, visitar a parientes de otros estados, etcétera.

Si bien el periodo vacacional se toma más como tiempo de recreación y de descanso, también es una oportunidad de seguir formándonos en diversos saberes. En la actualidad se ofrecen cursos de verano para las varias edades, así como para las diversas preferencias de los niños y los adolescentes. Ciertamente, la asistencia a estos cursos –mismos que pueden durar varias semanas– contribuye al descubrimiento y la formación de las cualidades y actitudes de los jóvenes, fortaleciendo sus capacidades artísticas, deportivas, intelectuales y sociales. Además, es un aliado para los padres y las madres que no tienen vacaciones o días libres a la par que sus hijos.

Pareciera que el periodo de descanso académico distrae la atención de los saberes que enseña el curso escolar, pero este paréntesis permite ejercitar habilidades que normalmente no se practican. Pensemos, por ejemplo, que el niño o la niña llega a un nuevo grupo: clases de natación en verano. Esto, de inicio, pondrá en evidencia su capacidad para convivir con sujetos que le son ajenos a sus rutinas: un entrenador o entrenadora, chicos y chicas con hábitos distintos; conocerlos y, sobre todo, el proceso de aprender a despedirse de ellos. Esta simple actividad permite, sí, aprender a nadar, pero también aprender a convivir, a respetar las reglas de contextos diferentes a los acostumbrados y a las diferencias personales; a comprender el inicio y cierre de ciclo. Es una experiencia heurística de verano: descubrir que podemos aprender fuera del aula.

Aprendizajes como éstos pueden darse en otros ámbitos. Otro ejemplo es que el alumno o la alumna, ahora de vacaciones, tenga la oportunidad de quedarse en la casa de algún pariente, compartiendo el día con tíos, tías, primos, primas, gente cercana. Del mismo modo, podemos hacer que el “vacacionista” aprenda a aprender de esta experiencia: respetando las reglas de otro hogar, probando platillos y sazones distintos, abriéndose a conversaciones con personas con las que pocas veces convive tanto tiempo.

Como padres o responsables de los niños y los adolescentes vacacionistas, podemos reforzar este aprendizaje que, de inicio, puede parecer una experiencia ordinaria. Si preguntamos cómo estuvo el día, es bueno; pero si vamos más allá, haremos preguntas en las que la reflexión sobre lo vivido nutra las habilidades y el autoconocimiento, y entonces las vacaciones reforzarán lo aprendido en la escuela y la vida diaria. Los adultos, en un diálogo abierto, pueden incentivar la reflexión sobre diferencias, descripciones de acciones y comportamientos que el niño o la niña opine y analice según lo que ha visto en el día; todo esto será de provecho para ellos y su habilidad de descubrimiento.

Redes sociales: todo a su edad

Por Equipo Montenegro

Es una realidad que, conforme la presencia de internet se hace más importante y fundamental en nuestra vida diaria, nuestros hijos estarán cada vez más atraídos, a más temprana edad, a inmiscuirse en ese mundo tecnológico al cual están ya muy expuestos gracias a nuestra propia integración en él. Esto incluye, por supuesto, un aumento de interés por introducirse en el universo de las redes sociales.

En definitiva, las redes sociales no son plataformas a las que los más pequeños deben estar expuestos, pues en general no han desarrollado aún la capacidad para medir las consecuencias y los peligros que, incluso los adultos, pueden encontrar durante su interacción: los pequeños no suelen comprender el sentido de la privacidad y corren el riesgo de exponer información importante que atente contra su seguridad y la de su familia. Además, las redes sociales facilitan el contacto con personas desconocidas que pueden representar un peligro; sin contar, claro, que existe un mayor tránsito de información falsa o incluso sensible que es de muy fácil acceso para ellos. A esto se le suma la tendencia que el uso desmedido de las redes sociales puede generar en los niños ante la falta de interacción social, lo que los predispone a tendencias antisociales, depresión, evasión de la realidad y las responsabilidades, y, por supuesto, perder esos años en los cuales las actividades lúdicas, el juego medido y el aprendizaje son fundamentales para un desarrollo sano.

Las redes sociales tienen restricciones con respecto a qué edad es permitido que una persona pueda crearse un perfil, pero esto no es una medida que en realidad impida que cualquier niño menor a dicha edad límite pueda hacerlo.

Como padres, somos el verdadero filtro que debe frenar que los más pequeños tengan acceso a ellas cuando todavía no tienen la edad para eso; debemos estar atentos al momento en que ellos deseen y busquen inmiscuirse en cualquier red social. Es verdad que no podemos negárselo por completo, pero sí tratar de retrasar el momento lo más que nos sea posible. Una vez eso se vuelva problemático y la interacción sea inevitable, no tenemos más opción que guiarlos en su introducción y enseñarles las herramientas necesarias para evitar la mayor cantidad de peligros que esto implica.

¿Pero qué medidas debemos tomar? A continuación, enlistamos algunos consejos y temas que será necesario hablar con ellos.

  • Crear límites con respecto a horarios y días de uso.
  • Solicitar que el acceso sea únicamente después de que se hayan cumplido tanto las tareas como los deberes en casa.
  • Advertir sobre el peligro de otorgar todo tipo de información, desde datos personales como nombre y ubicación, hasta subir a la red fotografías propias.
  • Prevenir de lo que es interactuar con personas desconocidas para impedir que éstas tengan acceso a los perfiles.
  • Utilizar contraseñas seguras que no deben compartirse con nadie más.
  • Estar al pendiente sobre el tipo de correos y mensajes spam que puedan llegar a ellos, así como advertir y cuidar de las noticias falsas o sensibles que corren por la red.
  • Vigilar el tipo de interacción y relación que los menores tienen con otros, ya sea ellos dedicando mensajes descalificadores a terceros o siendo ellos quienes los reciban de otras personas. Recuerda que el acoso en redes es un hábito que se ha vuelto cada vez más común debido a lo práctico y el factor anónimo que estas redes otorgan a sus usuarios.

Lo más importante es que haya un notable interés de nuestra parte hacia la vida de nuestros hijos y sus actividades. Entablar una vía de comunicación abierta y confiable con ellos nos permitirá acercarnos y estar atentos ante cualquier anomalía sin que los niños se sientan intimidados por nuestro interés. La interacción y participación familiar también es muy importante, e inspirar en ellos la confianza necesaria para que puedan acercarse a nosotros y tomen en cuenta todas las advertencias.

 

 

Jugando se entiende el lenguaje

Por Equipo Montenegro

Como ya se ha mencionado en entradas pasadas, es importante que como padres nos involucremos en el desarrollo general de nuestros hijos lo más que nos sea posible, pues esto puede resultar determinante para que dicho desarrollo sea beneficioso y se eviten problemas que perjudiquen el desenvolvimiento de los más pequeños en un futuro.

Anteriormente se abordó el tema de la psicomotricidad fina, y ahora nos centraremos en otro aspecto que resulta igual o más fundamental que el anterior: el lenguaje. Éste es el medio por el cual cada persona puede comunicarse con el mundo exterior y expresar sus ideas, sus impresiones, sus deseos y sentimientos. Por ello es demasiado importante que, desde una temprana edad, cada uno aprenda a desenvolverse en el ámbito y se dé a entender de manera adecuada, no sólo con la selección de palabras idóneas, sino que su pronunciación sea precisa y entendible para todos los demás.

Muchos niños suelen tener problemas en su habla, y algunos de ellos mejorarán por sí mismos con el tiempo y la práctica, pero otros tendrán mayores dificultades y podrían desarrollar manías que, ya de mayores, serán más difíciles de contrarrestar. He aquí la importancia de comenzar a apoyarlos desde el momento en que el desarrollo del lenguaje se torna fundamental.

¿Cómo podemos hacerlo? Se sabe que las actividades y los ejercicios lúdicos son los mejores para que los niños aprendan de una manera eficaz, rápida y natural sin que ellos lo noten, y para que no les sea una actividad fastidiosa que deseen abandonar. Además, con ese tipo de juegos se fomenta al mismo tiempo la interacción y convivencia familiar, juegos que son también pilares imprescindibles para el crecimiento emocional de todo niño.

A continuación se enlistan actividades y juegos que puedes realizar con tus hijos para ayudar al desarrollo de su habla, especialmente si ha comenzado a presentar problemas en la pronunciación.

  • Lean juntos en voz alta. Los mejores textos para este propósito son aquellos que sean repetitivos y que rimen, como los poemas. Existen muchos libros que se centran justamente en esto y que le dan un enfoque infantil que los más pequeños pueden disfrutar e imitar con facilidad.
  • Canten juntos. De igual manera, las canciones que mejor funcionan para practicar la pronunciación son aquellas que tienen estrofas repetitivas o hacen uso de onomatopeyas. Por supuesto, existe una gran cantidad de canciones infantiles que serán de bastante ayuda y que son de muy fácil acceso.
  • Jueguen con popotes. Coloca objetos pequeños, ligeros y redondos (como pelotas o pompones) en superficies planas. Después, dale a tus hijos un popote e invítalos a que soplen a través de él para mover los objetos. Puedes crear una pista con meta para instarlos a hacer una competencia de carreras. ¡Eso lo hará más divertido! ¿Y a qué les ayudará este juego? A fortalecer los músculos bucales, claro.
  • Jueguen con marionetas. Hacer hablar marionetas es un apoyo a tus hijos para practicar la articulación. Además de que, al mismo tiempo, crean muy divertidas historias.
  • Pronuncien las vocales. Este ejercicio es sencillo, tus hijos sólo tienen que inhalar lentamente por la nariz y exhalar el aire por la boca al mismo tiempo que dicen cada una de las vocales.

Cómo mejorar la lectura compartida en clase

Por Equipo Montenegro

 

Ya seas padre, maestro o tutor, todos estamos llamados a participar de la creación del hábito lector en los más pequeños.

En algunas ocasiones podemos fungir como Lectores Voluntarios que asisten a las aulas para compartir unos minutos con los chicos mientras leemos algún relato o libro. Para ello, es frecuente que actuemos con base en nuestros instintos o busquemos en internet (¡Hola!, si llegaste aquí de eso modo) información que nos ayude a ofrecer una mejor experiencia a nuestros pequeños en la lectura compartida.

La lectura en la escuela tiene sus momentos, sus estrategias y sus modalidades. Y si quieres subir un peldaño tu calidad como lector invitado a las clases de tu hijo, o como maestro quieres mejorar la actividad de lectura, hoy te vamos a hablar de los momentos de lectura en las aulas y cómo sacarles provecho.

Para iniciar debemos saber cuáles son los momentos y cómo se dividen:

  1. Antes de leer.
  2. Durante la lectura.
  3. Después de leer.

Cada uno tiene sus características que a continuación te detallamos, añadiendo algunas sugerencias.

 

1. Antes de leer

-Incita a la lectura.

Consejos:

  • Diles por qué elegiste la lectura.
  • Dales un anticipo de lo que encontrarán en la lectura.
  • Pregúntales sobre sus conocimientos en el tema.
  • Ten previo conocimiento del vocabulario que usarás durante la lectura.

 

2. Durante la lectura

-Relaciona la lectura con el libro.

Consejos:

  • Usa técnicas para involucrar a los niños, como gestos y modulaciones de voz.
  • Si es un libro ilustrado, muéstraselos para que relacionen imagen y texto.
  • Si te equivocas, ¡no hay problema! Rectifica y comparte la corrección.

 

3. Después de leer

-Afirma la comprensión del texto.

Consejos:

  • Haz una recapitulación de la lectura.
  • Relee algunos contenidos, pueden ser los favoritos de los pequeños.
  • Invítalos a compartir experiencias o emociones personales relacionadas con el texto.
  • Pregúntales su opinión sobre el texto y cómo lo aplicarían en su vida.

 

Estamos seguros de que la próxima vez que leas frente a los niños, siguiendo estos consejos y conociendo las etapas de lectura en la escuela, los atraparás con tu texto.

No te pierdas una segunda entrada en la que te compartiremos otras estrategias para seguir mejorando tu papel como Lector Voluntario.

Las noticias: ¿cómo hablar con tus hijos sobre ellas?

Por Equipo Montenegro

 

Estamos rodeados de pantallas. A cada minuto, de esas pantallas nos llega una mensaje claro: vivimos en un mundo conectado y lleno de información luchando por nuestra atención. Además, como padres y maestros, no podemos evitar que los niños y jóvenes en edad escolar se desconecten de este mundo de pantallas, tecnología y conectividad, no podemos, sin afectar su futuro desarrollo o estabilidad psicosocial.

Una de las tareas que nuestra era pone en nuestras manos es ayudar a los niños y jóvenes a navegar este mundo lleno de información, malas noticias e historias sin verificar. Sin embargo, tratar de guiarlos a través de la evaluación constante de cada una de esas fuentes no sólo es irreal, sino imposible en la práctica.

Lo que muchos pedagogos y psicólogos del desarrollo recomiendan es crear en los niños una brújula, un compás crítico que les ayude a formarse un criterio propio para lidiar con las noticias. Y, como muchas cosas, todo empieza con el ejemplo. Es cierto que esto nos ayudará a ser consumidores críticos de noticias, a beber de más de una fuente de información; pero también nos ayudará a usar la empatía para comprender los sentimientos que una noticia nos provoca a nosotros o a nuestros hijos.

Es por eso que los psicólogos y especialistas recomiendan dar a los niños lo que llaman “información tranquila, inequívoca pero limitada”. En pocas palabras, es ir al ritmo de los niños, guiarnos por sus preguntas para dar pautas de interpretación. “¿Qué es un ataque terrorista?”, podría preguntar el pequeño. Nuestra respuesta debe responder sólo la pregunta, sin entrar en detalles que no van de acuerdo a su edad, como los detalles de las motivaciones o métodos de dicho tipo de ataque.

Para los niños más grandes, afrontar una noticia es, sobre todo, afrontar miedos. Ayúdalos sirviéndoles de guía y proveyendo información complementaria. Con el simple hecho de escuchar, ya se está mandando un mensaje poderoso.

En el caso de los adolescentes, su actividad pedagógica puede ir un paso más allá. A ellos puedes incentivarlos a cuestionar el porqué una historia aterradora o perturbadora estuvo al aire: ¿fue buscando audiencia o tenía genuino interés periodístico? De esta forma, una noticia puede volverse un debate valioso sobre el rol y la misión de los medios.

Por último, te dejamos estos consejos para hablar de las noticias con los niños.

  • Selecciona. Ten en cuenta que las noticias no tienen que imponerse mediante imágenes perturbadoras. Las revistas de noticias específicamente diseñadas para niños son una excelente forma de iniciarlos.
  • Debate habitualmente sucesos actuales con tu hijo. Es importante ayudar a que los niños reflexionen bien sobre las noticias que escuchan.
  • Contextualiza. Pon las noticias en el marco correcto. Mostrar por qué determinados sucesos están aislados y explicar cómo un suceso se relaciona con otro ayuda a los niños a entender mejor lo que escuchan.
  • Prevé. Mira las noticias con tus hijos para filtrar historias inadecuadas para su edad o nivel de desarrollo.
  • Planea. Anticipa cuándo una orientación será necesaria, evitando espectáculos innecesarios para los niños.

Educar en la igualdad… ¿qué significa eso?

Por Equipo Montenegro

 

Cuando nos hablan de igualdad, hombres y mujeres aún tratamos de decidir de qué estamos hablando, pero las organizaciones mundiales encargadas de la salud, educación y trabajo, entre otras, ya lo tienen muy claro: las mujeres y los hombres no tienen el mismo acceso a las oportunidades.

La igualdad “no es sólo un derecho humano fundamental, sino la base necesaria para conseguir un mundo pacífico, próspero y sostenible”, de acuerdo a ONU Mujeres, la agencia internacional más grande jamás establecida para apoyar la igualdad de género y el empoderamiento de la mujer.

Pero ¿sobre qué trata eso de “Educación en la Igualdad”? Si bien el diccionario recoge cinco acepciones de la palabra igualdad, ninguna de ellas hace referencia a las teorías modernas, según las cuales la igualdad no sólo ofrece “igualdad de todos frente a la ley”, sino que enriquece su sentido como “un valor que permite corregir las diferencias de posición social, económica o cultural entre las personas para que tengan un acceso similar y más equitativo a los recursos sociales; justicia, educación, trabajo, sanidad…”, de acuerdo al especialista español Juan Parra Martínez.

Es por ello que educar en la igualdad es también educar a nuestros hijos, en la escuela, en la casa y frente a los mensajes de los medios masivos de comunicación, para ser críticos y empáticos. Críticos acerca de los mensajes y costumbres que reciben o heredan; empáticos ante las desigualdades y los mensajes negativos que reciben.

Para hacerlo más sencillo, te damos los siguientes tips para educar en la igualdad desde casa.

 

  1. Observar y escuchar.

Es importante analizar cómo se relacionan nuestros hijos con sus compañeros de escuela, y así comprender qué conceptos y roles de género manejan. De ello depende cómo actuaremos.

  1. Decir no a los prejuicios.

Cuando nuestros hijos afirman algo categóricamente, hay que responderles con una pregunta: ¿Por qué? Por ejemplo, un hijo varón dice que lavar trastes es para mujeres, y podemos preguntarle: “¿Por qué para mujeres? ¿Los niños no tienen manos? ¿Por qué no van a saber lavar trastes?”. Esto hará que el niño intente racionalizar el prejuicio, lo cual lo ayudará a desecharlo.

  1. No generalizar.

Debemos hacerles comprender que las generalizaciones acerca del carácter de las personas conducen a un error. Cada ser humano es único e irrepetible, lo cual conlleva virtudes, defectos y capacidades propias, independientemente de si es hombre o mujer.

  1. Todos hacer de todo en casa.

Asignarles responsabilidades o actividades cotidianas que tradicionalmente han sido consideradas ‘cosas de mujeres’ o ‘cosas de hombres’.

  1. Compartir con ellos, debatir con ellos.

A diferencia de nuestros padres, que fueron educados con la consigna de obedecer sin cuestionar, para las nuevas generaciones es más útil discutir con los hijos la información que reciben en la escuela, en la televisión, de sus amigos… así generamos el hábito de conversar y discutir ideas en casa, fomentando en los niños el espíritu crítico.

 

Estas son algunas de las estrategias que podemos implementar en el hogar para comenzar a desarmar los prejuicios de género que conducen a la desigualdad, la violencia de género y la discriminación. Si inicias con ellas, ya estarás en camino a fomentar la Educación en la Igualdad.

Más adelante te daremos otras estrategias.

Cómo afectan las peleas maritales a los hijos

Por Equipo Montenegro

 

Muchas veces hemos escuchado a amigos y familiares decirnos que, a pesar de ser infelices con sus parejas, ellos siguen en su matrimonio “por el bien de sus hijos”. Las consultas de los psicólogos y los despachos de los abogados, sin embargo, suelen estar muy ocupados lidiando con los problemas que esos “matrimonios por los hijos” terminan causando a los pequeños.

Independientemente de las razones y dinámicas que llevan a un matrimonio a su fin, uno de los más dolorosos, por común, es la falta de comunicación efectiva entre la pareja. De acuerdo a estadísticas del INEGI, en México el 54.3 % de las parejas que se divorcia lo hace de mutuo consentimiento, pero el 54.4 % del total lo hace después de 10 años o más de matrimonio, lo que asegura que los más pequeños de la casa crezcan observando el desarrollo de pareja de sus padres.

Cuando mamá y papá no están comunicándose de manera correcta, el impacto en los hijos puede causarles problemas más perdurables. Al observar constantes discusiones entre sus padres, los niños “aprenden a tener un sistema conflictivo, poco tolerante a la diferencia del otro. Son niños que crecen con inseguridad y se va a ver reflejado en su autoestima, son más vulnerables y tienden a ser ansiosos y depresivos”, afirma la psicóloga Laura Marcela Soto, especialista en Terapia Familiar.

Pero la familia, como toda empresa humana, es susceptible de mejora. Si la vemos desde el punto de vista correcto, la familia es un sistema, una empresa que puede modificarse para funcionar mejor. “Cuando dos personas comienzan a interactuar y a establecer una relación continuada, se comunican entre sí en forma verbal y no verbal, fijan de consuno reglas básicas para su conducta y métodos de comunicación, gradualmente se van convirtiendo en un sistema, que puede ser la pareja o el sistema marital”, dijo en 1980 el pionero de la psicología marital, Clifford J. Seger.

De acuerdo a Seger, la presión que la situación económica y social ejercen en los matrimonios puede llevar a que los primeros acuerdos entre mamá y papá ya no se sostengan con la llegada de los hijos, o el número de éstos. Además de observar que toda relación de pareja somete al individuo a un intercambio constante de información y emociones que pueden conducir a un desgaste natural del vínculo afectivo… que el amor cansa también a veces, caray.

“Una razón común para que los matrimonios fallen es que esperamos mucho de nuestras parejas. Queremos amor, pero a veces esperamos que ellos satisfagan todas nuestras necesidades más de lo que cualquier persona es capaz de hacer”, dice Seger. Pero cuando los problemas aparecen, también aparece la oportunidad de enseñar a nuestros hijos -si realmente los ponemos como prioridad- una gran lección moral y sentimental, un ejemplo de cómo resolver los problemas en pareja.

“El problema más común es la falta de comunicación, que realmente es falta de intimidad. Muchos matrimonios pelean por dinero, por la familia, por los hijos, por quién saca la basura, cuando esos no son los verdaderos problemas. Casi siempre las peleas tienen que ver con sentimientos, necesidades y deseos inconscientes. Si no se permite que éstos salgan a flote, las parejas están apagando cientos de fuegos pequeños en lugar de la fuente que los alimenta”, apunta Seger.

Algunas consecuencias observables en niños, causadas por los conflictos de la pareja, son:

  • Atrapar a los niños en conflicto de lealtades, por los cuales muchas veces deben elegir.
  • Confunden a los pequeños que no saben ni entienden la situación de los adultos que los hacen partícipes de sus problemas.
  • Quedan entrampados y sin ayuda adecuada o profesional, no tienen elementos para poder defenderse o salir de esa situación.
  • Los obligan a tomar partido, haciéndolos partícipes de la justicia familiar, creando momentos de crisis que luego les “pasan factura”.

 

Si la pareja vive en constante conflicto, lo mejor es buscar ayuda profesional. Pero algunas cosas que pueden poner en práctica tal vez prevengan que esto ocurra. Te damos dos ejemplos.

 

Diferir es sano.

Busca mantener una comunicación abierta con tu pareja. Ninguna es perfecta, y siempre habrá diferencias entre los padres, pero debemos explicarle a nuestros hijos que el que mamá y papá tengan problemas no significa que se separarán.

 

Discutir no es pelear.

Aquí debes educar con el ejemplo. Si existe una diferencia que tiene que ser resuelta en medio de una crisis, debes recordar que discutir es sano, pero pelear causa heridas invisibles en los pequeños. Demuéstrales que tener una discusión no debe ser siempre malo ni violento.

 

La familia nunca se “rompe”.

Aunque las diferencias lleven a una separación, debes hacer conscientes a tus hijos de que la familia seguirá existiendo y que ustedes siempre serán mamá y papá aunque no estén juntos.

 

Esperamos que, al conocer algunas de las consecuencias de los conflictos maritales en tus hijos, la próxima vez recuerdes que tus acciones son lecciones para ellos. Te recomendamos enérgicamente que busques ayuda profesional para resolver tus diferencias de pareja de la manera más asertiva posible.