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El reto de la docencia

Por Equipo Montenegro

 

Como cada año, desde 1994 se celebra el aniversario de la Recomendación de la UNESCO relativa a la Condición del Personal Docente de Enseñanza Superior, en la cual se reconoce el papel de los docentes de todo el mundo, instituyendo a su vez el Día Mundial de los Docentes como un reconocimiento a su actividad profesional y aporte social.

En ocasiones los individuos vinculados con la educación –padres, alumnos, personal administrativo– no concientizan el aspecto fundamental del docente en el proceso de aprendizaje. Hace falta reconocer las competencias y requerimientos de quienes están frente al aula, así como el esfuerzo y la dedicación que implica esta labor social.

Los docentes deben tener libertad en el aula para incorporar conocimientos, estrategias, técnicas y tecnologías que abonen al aprendizaje de los alumnos de cualquier grado o nivel. En las universidades, por ejemplo, los maestros defienden la libertad de cátedra para impartir sus materias; la decisión de incorporar contenidos a su programa, de acuerdo con los planes de la carrera, será propia de cada responsable, al igual que la forma en que se impartirán los conocimientos, la calendarización, los materiales requeridos, etcétera.

Esto significa un reto mayor para todo el sistema educativo, porque al mismo tiempo que el docente tiene la libertad, implica atender las necesidades de los alumnos tomando en cuenta los contextos sociales, económicos, familiares, de organización, incluso de costumbres o tradiciones de una región. Es un trabajo que tiene una finalidad muy clara: enseñar, pero al mismo tiempo debe mediar entre las características del grupo al cual va dirigida la clase y los conocimientos, así como los saberes que lleven a un avance, a un nuevo estado intelectual de los individuos.

La docencia significa más que sólo impartir conocimiento. En un mensaje de 2017 emitido por la UNESCO y la UNICEF, entre otras instituciones, se lee: “La función de los docentes es fundamental para asentar la fortaleza de toda la sociedad, puesto que brindan a los niños, jóvenes y adultos los conocimientos y las competencias que necesitan para hacer realidad su potencial”[1]. Potenciar las capacidades del individuo implica despertar el gusto por saber, la necesidad de buscar respuestas, la capacidad de escuchar y dialogar, promover el respeto entre las personas y las ideas.

Pensemos solamente en el reto de los docentes frente a niños de primaria, el reto de preservar la curiosidad, el gusto por asistir a la escuela, la capacidad de asombro y, al mismo tiempo, impartir los contenidos de los programas oficiales de educación. Es decir, la finalidad es clara, precisa, pero un buen docente intentará fortalecer emocional e intelectualmente a sus alumnos para que en el futuro sean sujetos tanto hábiles como útiles en y para la sociedad.

Por ello conviene, por parte de toda la sociedad, hacer una pausa y reconocer la labor docente. La docencia, de alguna manera, se relaciona con nuestra vida; todos hemos recibido enseñanzas del alguien, la mayoría hemos asistido a la escuela, incluso algunos profesores han sembrado la semilla con dedicación, libertad y responsabilidad para que aquellos que fueron sus alumnos se dediquen a la profesión de enseñar el día de mañana.


[1] Fuente: http://unesdoc.unesco.org/images/0025/002592/259268s.pdf

¿Cómo generar clases dinámicas?

Por Equipo Montenegro

 

Mantener la atención de los estudiantes en el aula de clases es uno de los aspectos primordiales que como maestros hay que procurar para asegurar un aprendizaje provechoso. Para esto es necesario que organicemos clases dinámicas y atractivas que estimulen el interés del alumnado. ¿Pero cómo lograrlo?

A continuación se presentan ocho aspectos que debes tener muy en cuenta al momento de planificar y estructurar tus clases, mismos que pueden ser utilizados independientemente de la asignatura y el grado que impartes.

1. Al iniciar la clase, realiza una pregunta detonadora que permita reflexionar a los estudiantes sobre algún aspecto importante del tema que se abordará ese día. Procura que esa pregunta genere respuestas largas por parte de los alumnos para así incentivar un mayor análisis de éstas. Este pequeño ejercicio es asimismo una excelente herramienta para poner a prueba los conocimientos previos que los estudiantes tienen sobre el tema y así determinar los aspectos que será necesario abordar al momento de la explicación.

2. Cuida que tus exposiciones del tema no superen los 15 minutos. Después de este tiempo, es común que los alumnos pierdan el interés y dejen de prestar atención a lo que el maestro explica frente a la clase. Cuando sea necesario que el tema abarque más de ese tiempo, puedes realizar una breve actividad que les permita despejarse y después volver a la exposición del tema.

3. Procura actividades que le permitan a los alumnos ser los constructores de su propio aprendizaje: desde realizar trabajos por proyecto y en equipo, realizar debates, organizar ferias y presentaciones de los productos que logren en clase, hasta actividades de escritura sobre su experiencia y aprendizaje que puedan publicar en blogs, periódicos escolares, etcétera.

4. Usa organizadores gráficos al presentar la información más importante. Está más que comprobado que éstos permiten una mayor retención, clasificación y comprensión de la información.

5. Permite el movimiento de tus alumnos dentro del aula, lo cual les ayudará a despejar su mente y promover la actividad. Puedes hacerlo al colocar distintos materiales visuales (gráficas, fotos, imágenes, etcétera) por todo el salón de clases, o que algunos movimientos de su cuerpo (levantar los brazos, mover los pies en cierta dirección) sean la forma de responder preguntas.

6. Cierra cada tema con un resumen para asegurarte que la información relevante ha sido captada y asimilada por los estudiantes.

7. Procura que tus clases sean rigurosas, activas y llenas de diversas actividades. No permitas que haya espacios muertos que promuevan el aburrimiento y la distracción de tus alumnos. El tiempo de clase suele ser poco, por lo que hay que aprovecharlo en la mayor medida posible.

8. Recuerda que el foco principal de interés en un maestro debe ser su alumno; por tanto, toda actividad tiene que ser pensada en pos de asegurar su aprendizaje y que el conocimiento adquirido le sea de utilidad en el mundo real para que lo sepa aplicar en situaciones diversas. Es importante procurar que los estudiantes se vuelvan pensadores y críticos de por vida.

Papás y maestros, juntos contra la Inasistencia escolar

Por Equipo Montenegro

 

De acuerdo a datos del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) la inasistencia escolar en México llega al 11% de los niños inscritos en la educación básica y alcanza hasta un 18% si tomamos en cuenta a toda la población infantil en edad escolar, incluso a aquellos no inscritos.

¿Qué provoca esto? ¿Es significativa la ausencia del 11% de los niños para el otro 89% que sí asiste?

Pregúntele a cualquier maestra o maestro que dé clases a partir de Kinder y le dirá que las ausencias de pocos sí generan impactos en el resto. Ya que la interacción entre compañeros, la participación de los asistentes y el desarrollo de competencias afectivas y cognitivas mejora cuando la participación dentro del grupo es nutrida.

Un ejemplo puede ser el de cualquier maestra que tiene que apoyar a los alumnos con más inasistencias a estar “al corriente” con el resto de sus compañeros, este tiempo que toma la maestra en ayudar al alumno que faltó no lo aplica en la mejora general y cada vez que un alumno falta, el cúmulo de regularización dentro del salón crece, restando horas al crecimiento colectivo.

Es importante notar que, tanto estudios de la Universidad Pedagógica Nacional de México (UPN) y la Unicef insisten en que el contexto del niño en edad escolar determina las causas y las soluciones de la inasistencia. La vida familiar, la situación económica y la comunidad escolar juegan un papel muy importante en porqué faltan los niños a la escuela y cómo pueden dejar de hacerlo.

 

¿Cómo afecta el ausentismo al niño escolar?

De acuerdo a los pedagogos, psicólogos y maestros, los niños con alto ausentismo muestran un retraso en los logros educativos, en su autoestima e incluso en su futuro como empleados ya que se incrementa el riesgo de que dejen la escuela.

 

¿Cómo fomentar la disminución del ausentismo?

Como padres hay multitud de cosas que podemos hacer, desde planear mejor las vacaciones. Cuidar de la salud de los niños en épocas de riesgo (inviernos, cambios de estación), así como fomentar en ellos una cultura de responsabilidad. El ausentismo se puede combatir desde la elección de la escuela, por su cercanía a casa, los horarios escolares y la realización de que ser padres implica la responsabilidad de enseñar a ser responsable.

Hay, entre todas, una razón del ausentismo en la que los padres podemos ayudar aún más en el día a día: cuando nuestros hijos no se adaptan con éxito a su entorno.

De acuerdo a estudios psicológicos “las diferentes etapas de la enseñanza escolarizada pueden presentar desafíos que no todos los estudiantes están preparados para superar, y la imposibilidad de adaptarse al entorno suele conducir a la decisión de ausentarse de las clases”. Como padres podemos brindar nuestro apoyo a los maestros y a nuestros hijos al estar más atentos a la adaptación de nuestros hijos a su escuela, más si es reciente el cambio y frecuentemente en comunicación con los maestros si nuestro hijo sigue en la escuela.

Cómo iniciar a tus hijos en la poesía

Por Equipo Montenegro

 

Sí, los chicos pasan cada vez más tiempo en internet -el INEGI calcula que hasta el 88.5 % de la población entre los 6 y 17 años se conecta a la red-, pero también cada día pasan más de ese tiempo en línea leyendo. Así que, ¿por qué no iniciarlos en la lectura de poesía con el internet como cómplice?

Pero primero averigüemos por qué es importante la poesía en la formación de nuestros hijos, para después conocer algunas prácticas que nos ayudarán a acercar a nuestros hijos a la poesía.

 

¿Por qué importa la poesía?

Según estudios recientes, los niños demuestran una tendencia natural al lenguaje poético como parte de su desarrollo “animista” del lenguaje. Es decir, todos los seres humanos descubrimos el mundo primero como un conjunto de fuerzas naturales. Pero después, cuando los niños “inician su escolarización, ven frenada dicha capacidad [poética], debido a que la escuela refuerza la construcción literal en el uso del lenguaje”, como afirma la investigadora chilena Carolina Merino.

La chilena encontró, además, que es “de gran relevancia estimular el discurso poético en la educación preescolar por las siguientes razones: primero, la poesía acerca al niño a experiencias que de otra manera no podría vivenciar. Leer desde una postura estética significa centrar la atención en los estados internos: imágenes, asociaciones, sentimientos, ideas que surgen en el lector y que le permiten elaborar un mundo propio. [Y] segundo, la estimulación del pensamiento divergente y creativo, que se logra por medio del discurso literario, constituye también una forma de educación”.

 

Fomentando la poesía (y el pensamiento poético)

Podemos iniciar a nuestros hijos en la poesía desde temprana edad, al mismo tiempo que les cantamos canciones y que leemos cuentos infantiles. Hay que buscar un momento específico del día para leerles poesía, ya que así lograremos que relacionen la lectura poética con momentos particulares de su rutina.

A los niños de  4 años en delante, en etapa de preescritura, se les puede invitar a que dibujen lo que el poema que les leímos les hace sentir, ver o imaginar. Así se fomenta, en dicha etapa, la imaginación y el lenguaje poético.

Con los niños en edad escolar con habilidades de lectoescritura se pueden realizar ejercicios interactivos como una lectura de poesía para después crear sus propias rimas imitando al autor de su poema favorito.

 

Ten siempre en mente que… la poesía no sólo es una forma de entretenimiento o de “cumplir” con la educación de nuestros hijos, sino que tiene beneficios muy palpables en su desarrollo. Aquí te dejamos los más importantes, para que te motives a acercarlos a la poesía.

  1. Estimulan su imaginación.
  2. Aprenden vocabulario.
  3. Ejercitan la memoria.
  4. Mejoran su expresión oral.
  5. Trabajan la sensibilidad.
  6. Activan su creatividad.
  7. Transmiten los valores leídos.

Cómo prepararse en familia para un examen

Así como sentimos que hemos fallado como padres, guías y educadores, cuando un alumno reprueba un examen, todos podemos ser parte de la solución al apoyar a los educandos en su preparación y no exclusivamente de forma académica. A continuación te damos algunos consejos para preparar un examen en familia.

 

  • Estar al día con las tareas.

No hay mejor forma de estar al día. Punto. Si ayudas a tu hijo con las tareas, lo estás ayudando a estar listo para cada examen, porque los conocimientos estarán frescos y accesibles. Además es una oportunidad para ver cada asignación diaria como un repaso. No sólo hagan la tarea, apréndanla.

 

  • Tener comunicación con el maestro.

Habla con su maestro sobre las áreas donde tu hijo necesita más apoyo y aquellas en las que tenga mayor facilidad de aprendizaje. ¡Así sabrás dónde apoyarlo! Esto también evitará que los periodos de pruebas los tomen desprevenidos, ya que la planeación lo es todo.

 

  • Leer con tu hijo regularmente.

Una manera muy eficaz de repasar temas y asignaturas con tus hijos es leer. Leer textos de y sobre las materias en las que tendrán pruebas. Enciclopedias y artículos son ideales para materias de ciencias sociales, mientras que los libros de ejercicios matemáticos, que combinan la práctica con actividades lúdicas, son ideales más allá de los textos obligatorios.

 

  • Practicar para los exámenes.

Ensayar en casa las condiciones de un examen (el silencio, la concentración y el límite de tiempo) puede reducir significativamente el estrés del alumno al realizar la prueba real. Hacer esto también ayuda a detectar conocimientos que necesitan ser reforzados y habilidades que necesitan ser mejoradas (como leer bien las instrucciones o rellenar espacios adecuadamente).

 

  • Usar técnicas de relajación.

El estrés y el nerviosismo llegarán inevitablemente, tanto con la práctica como con la realización de la actividad en sí, por lo que no es para nada una mala idea aprender una o dos formas de relajación. Con el objetivo de lograr la paz mental, pueden intentar con música y técnicas de respiración o meditación, y así estar listos para esos exámenes.

 

  • Hablar de cómo será.

Una buena anécdota de papá o mamá sobre cómo era para ellos hacer exámenes les ayuda a los niños a aliviar la tensión y los preparara para vivir las pruebas sin el estrés que conlleva una situación de evaluación, en la que se sienten examinados no sólo a nivel académico sino personal. Cualquier información extra antes del examen ayuda a verlo con mayor naturalidad.

 

Además, nunca sobran los premios o recompensas; recuerda que todo es aprendizaje y un trabajo bien hecho siempre merece una gratificación.

Más allá de una partitura. Los beneficios del entrenamiento musical

Existe un gran número de estudios sobre los vínculos entre la música, su estudio o uso, y sus efectos positivos en aspectos congnitivos —así como también hay aquellos que buscan desvincular a la música de esto—. Pese a que existe cierta polémica en la discusión de los beneficios que trae el entrenamiento musical, una constante es que el estudio de ésta tiene ciertos efectos en el desarrollo de habilidades en áreas comunes de rubros aparentemente muy diferentes, como aquellas de lenguaje y las del pensamiento matemático, lo que puede resultar en una opción interesante para clases extracurriculares para nuestros hijos.

 

La elusiva relación entre la música y el IQ

Precisamente una de las áreas que ha sido constantemente revisada, y cada tanto polemizada con algún estudio sin pruebas de causalidad, es aquella sobre la relación de la música con el coeficiente intelectual (IQ por sus siglas en inglés). Como lo explica la Dra. Heather N. Winter para la revista American Music Association en un artículo de 2016, cuando se evalúa la inteligencia por medio del IQ, esta medida se mantiene mayormente estable a lo largo de la vida, y casi la mitad de sus variantes se acreditan a la genética, por lo que se sugiere que cualquier variante ambiental o “que cultiva” (ya sea entrenamiento musical o científico) raramente logra un gran impacto en el IQ. Sin embargo, afirma, “se han hecho hallazgos significativos que muestran una relación positiva entre el entrenamiento musical y otras habilidades cognitivas”[1]. Estas habilidades incluyen a varias propias del lenguaje como la memoria y la prosa, así como el razonamiento espacial, habilidades matemáticas, memoria a corto plazo, memoria visual, tiempo de reacción y agudeza táctil[2].

Si bien probar el vínculo entre el estudio musical y su efecto positivo en habilidades cognitivas por medio del IQ ha sido una tarea más bien elusiva, en 2004, un estudio conducido por el Dr. E. Glenn Schellenberg de la Universidad de Toronto —especialista en desarrollo cognitivo en el terreno auditivo—, en el cual se dieron clases extracurriculares gratuitas a dos grupos de niños de 6 años (un grupo asignado con clases de música y otro con clases de teatro o ninguna clase extracurricular) por un año, se encontró un incremento tanto en el IQ como en los resultados de exámenes regulares de logro académico en el grupo de niños que recibieron entrenamiento musical. Las evidencias de la correlación entre el entrenamiento musical y el desarrollo de habilidades cognitivas se ha estudiado y probado en las últimas décadas, a pesar de que no se muestre muy evidente al utilizar la métrica del IQ.

 

Música y matemáticas: lo que yace en el fondo

No todos los “beneficios” adicionales que puede aportar la música más allá de su campo específico quedan en las discusiones y mediciones de IQ. En 2008, las doctoras Nan Bahr y Carol A. Christensen —especialistas en la investigación del aprendizaje y educación, respectivamente—, realizaron un estudio con alumnos australianos de 15 años para evaluar la transferencia de conocimiento de dos áreas aparentemente distintas desde la superficie, pero con semejanzas estructurales: matemáticas y música. Las autoras abordan las posibles semejanzas entre ambas ramas con la resolución de problemas como punto de partida, bajo la primicia de que cuando se posee una serie de conocimientos previos y más profundos, aunque pertenezcan a ramas distintas, pero que atienden las mismas problemáticas estructurales, la forma de resolver un problema es mucho más eficiente.

En su investigación previa, Bahr y Christensen retoman trabajos en la investigación de resolución de problemas que demuestran que existen diferencias importantes en la forma en que un experto y un novato (en problemas) se acercan y abordan problemas relacionados a un conocimiento específico de campos diferentes: los expertos se toman 25 % de su tiempo en la representación del problema, mientras que los novatos sólo invierten 1 % de su tiempo en esta fase (Voss y Post en Bahr, et ál.). Esta representación del problema (que implica hacer abstracciones y aplicar principios) es lo que permite a los expertos clasificar el problema al que se enfrentan con base en sus conocimientos previos, así pertenezcan a otras áreas, y generar con ello sus estrategias. Al clasificar los problemas, los expertos analizan y utilizan las características del problema que se encuentran en su estructura más profunda. Examinar esta estructura profunda les permite ver a los expertos cómo este problema que están atendiendo en realidad pertenece a un grupo de problemas que ya conocen, aunque pertenezcan a otros ámbitos. De tal modo, los expertos piensan qué significa realmente el problema en cuestión, mientras que los novatos se quedan en la búsqueda de qué dice el problema.

Es en esta parte honda de la estructura del conocimiento de cada área, que se puede transferir lo que se sabe de un ámbito para aplicarlo en otro, y en el caso de las matemáticas y la música, lo común que subyace a ambas áreas es mucho más de lo que se puede percibir desde la superficie. “Un músico entrenado encuentra orden en lo que es esencialmente sonido organizado arbitrariamente, y ha construido conceptualmente un sistema de patrones, relaciones, regularidades, series, proporciones, fracciones, subdivisiones y ratios, representadas y entendidas mediante un complejo sistema símbolos. De tal modo que un traslape en las estructuras profundas del conocimiento musical y matemático puede esperarse en un gran número de áreas[3]”, explican Bahr y Christensen en su publicación del 2000.

En el estudio dirigido por estas doctoras, se encontró que en los ámbitos de matemáticas y música, los alumnos que han tenido entrenamiento musical se desempeñan mucho mejor que los alumnos sin entrenamiento en las áreas de matemáticas que se traslapan con estructuras del conocimiento musical[4]. Este estudio también sostiene teorías como la de Zohar, que sugiere que la transferencia de conocimiento sucede como resultado de una similitud estructural profunda entre los ámbitos. Bahr y Christensen argumentan que esta transferencia puede suceder de forma espontánea y sin instrucción previa que facilite la transferencia (en su estudio, a dichos alumnos de 15 años —con y sin entrenamiento musical— se les asignaron tanto pruebas matemáticas como musicales, sin instrucciones que indicaran el cambio de ámbito y mucho menos sus áreas similares).

Así, que tu hijo inicie un estudio más formal de música (particularmente la creación de música, más que la apreciación) lo dotará de formas de entender y organizar el mundo que podrá aplicar en muchos más campos, y todo sin siquiera percatarse de ello. Si para este nuevo ciclo estás pensando en actividades extracurriculares que le aporten más a distintas dimensiones del crecimiento de tu hijo, además de resolver situaciones de agendas de papás y/o mamás que trabajan, la música puede ser una opción con grandes beneficios. El desarrollo de nuevas rutas mentales ayudará a fortalecer sus conocimientos y dominio en áreas del lenguaje y de las matemáticas, entre otras, pero lo más importante es inducirlo y apoyarlo en una actividad como la música, si naturalmente tiene una inclinación hacia ella, o si te lo demanda de forma más abierta. Forzar un conocimiento o un gusto no ayuda en mucho, pues el niño no tendrá la apertura ni la curiosidad que son necesarios a la hora de aprender, pues como recordamos, el juego y el disfrute son fundamentales en los procesos de aprendizaje de los niños.


[1] Winter, H. N. (2016). “THE LINK BETWEEN MUSIC LESSON AND IQ IN CHILDREN”. American Music Teacher, 66(2), pp. 14-18.

[2] Ídem.

[3] Bahr, N., & Christensen, C. A. (2000). “INTER-DOMAIN TRANSFER BETWEEN MATHEMATICAL SKILL AND MUSICIANSHIP”. Journal Of Structural Learning & Intelligent Systems, 14(3), p. 187.

[4] Ídem.

Haz el mejor “nido de estudio” de tu vida

Por Equipo Montenegro

A esta altura del receso escolar, ya están casi listos los útiles, esa mochila especial se resiste a llegar y las vacaciones casi se acaban… es el momento justo de pensar en un espacio para apoyarnos durante todo el ciclo escolar que está por comenzar.

Pero ese espacio, en algunas ocasiones, ya está asignado en casa sin ser el ideal. Te daremos algunas ideas para que, sin importar el tamaño de casa o los recursos, sepas elegir el mejor lugar en casa para convertirlo en un verdadero nido de estudios que ayude a tu concentración, organización y se refleje en mejores calificaciones y menos estrés.

Primero que nada debemos preguntarnos: ¿qué debe tener el espacio ideal para estudiar? Esto se puede responder sencillamente en tres puntos:

Buena iluminación.
Buena equipación.
Aire circulando.

Así que ya puedes ir descartando tu closet, por más libre de ruido que esté. Necesitas también luz, natural de preferencia, y aire, sobre todo uno que se renueve por sí solo, como una ventana cercana.

Ahora lo que necesitas hacer es tomar decisiones.

1. Espacio de trabajo

La superficie que utilices para estudiar será tu mejor aliada o tu ruina. Lo recomendable es una mesa amplia, lo suficientemente larga para que todas tus herramientas se acomoden y dejen espacio a los libros y libretas, o lo suficientemente versátil para darte espacio acondicionable.

2. Asiento

Recuerda que pasarás horas sentado estudiando o leyendo, así que más vale encontrar un asiento cómodo y que ayude a tu buena postura. Las sillas de oficina están pensadas para usos prolongados, así que son una buena opción. Pero un sillón cómodo no se puede descartar.

3. Iluminación

Como dijimos antes, que haya luz natural es muy importante. Si tu espacio habitual no cuenta con abundante luz natural, analiza si puedes cambiarlo. De no ser posible el cambio, asegúrate de que tengas iluminación artificial que suplante la luz natural. Hay focos especiales para ello.

4. Herramientas

Necesitas tener al alcance de tus manos todo lo indispensable. Dale un espacio a cada cosa, así evitarás pérdidas de tiempo buscando las herramientas para la tarea y te podrás enfocar más en la tarea.

5. Organización

Debes mantener una base de pasos, procesos y/o tareas a realizar a manera de planeación para que cada día sepas exactamente dónde comenzar, qué herramientas necesitas para cada tarea y cuánto tiempo tienes.

6. Medición del tiempo

Importante para descansar correctamente es no trabajar de más. Asigna una cantidad determinada de horas para estudiar, después divide ese tiempo entre las tareas y ten siempre a la mano un reloj para medir tu progreso y evitar estancarte.

 

Como ves, encontrar el mejor lugar para estudiar depende más de voluntad que de recursos. Ahora también te recomendamos apropiarte del espacio con aquellas cosas que te motiven a hacerlo mejor: una foto, una frase inspiracional o un objeto que te traiga paz mental son lo recomendable. Y ahora sí. ¡A estudiar mucho!