Arquivos de etiqueta: escuela

Redes sociales: todo a su edad

Por Equipo Montenegro

Es una realidad que, conforme la presencia de internet se hace más importante y fundamental en nuestra vida diaria, nuestros hijos estarán cada vez más atraídos, a más temprana edad, a inmiscuirse en ese mundo tecnológico al cual están ya muy expuestos gracias a nuestra propia integración en él. Esto incluye, por supuesto, un aumento de interés por introducirse en el universo de las redes sociales.

En definitiva, las redes sociales no son plataformas a las que los más pequeños deben estar expuestos, pues en general no han desarrollado aún la capacidad para medir las consecuencias y los peligros que, incluso los adultos, pueden encontrar durante su interacción: los pequeños no suelen comprender el sentido de la privacidad y corren el riesgo de exponer información importante que atente contra su seguridad y la de su familia. Además, las redes sociales facilitan el contacto con personas desconocidas que pueden representar un peligro; sin contar, claro, que existe un mayor tránsito de información falsa o incluso sensible que es de muy fácil acceso para ellos. A esto se le suma la tendencia que el uso desmedido de las redes sociales puede generar en los niños ante la falta de interacción social, lo que los predispone a tendencias antisociales, depresión, evasión de la realidad y las responsabilidades, y, por supuesto, perder esos años en los cuales las actividades lúdicas, el juego medido y el aprendizaje son fundamentales para un desarrollo sano.

Las redes sociales tienen restricciones con respecto a qué edad es permitido que una persona pueda crearse un perfil, pero esto no es una medida que en realidad impida que cualquier niño menor a dicha edad límite pueda hacerlo.

Como padres, somos el verdadero filtro que debe frenar que los más pequeños tengan acceso a ellas cuando todavía no tienen la edad para eso; debemos estar atentos al momento en que ellos deseen y busquen inmiscuirse en cualquier red social. Es verdad que no podemos negárselo por completo, pero sí tratar de retrasar el momento lo más que nos sea posible. Una vez eso se vuelva problemático y la interacción sea inevitable, no tenemos más opción que guiarlos en su introducción y enseñarles las herramientas necesarias para evitar la mayor cantidad de peligros que esto implica.

¿Pero qué medidas debemos tomar? A continuación, enlistamos algunos consejos y temas que será necesario hablar con ellos.

  • Crear límites con respecto a horarios y días de uso.
  • Solicitar que el acceso sea únicamente después de que se hayan cumplido tanto las tareas como los deberes en casa.
  • Advertir sobre el peligro de otorgar todo tipo de información, desde datos personales como nombre y ubicación, hasta subir a la red fotografías propias.
  • Prevenir de lo que es interactuar con personas desconocidas para impedir que éstas tengan acceso a los perfiles.
  • Utilizar contraseñas seguras que no deben compartirse con nadie más.
  • Estar al pendiente sobre el tipo de correos y mensajes spam que puedan llegar a ellos, así como advertir y cuidar de las noticias falsas o sensibles que corren por la red.
  • Vigilar el tipo de interacción y relación que los menores tienen con otros, ya sea ellos dedicando mensajes descalificadores a terceros o siendo ellos quienes los reciban de otras personas. Recuerda que el acoso en redes es un hábito que se ha vuelto cada vez más común debido a lo práctico y el factor anónimo que estas redes otorgan a sus usuarios.

Lo más importante es que haya un notable interés de nuestra parte hacia la vida de nuestros hijos y sus actividades. Entablar una vía de comunicación abierta y confiable con ellos nos permitirá acercarnos y estar atentos ante cualquier anomalía sin que los niños se sientan intimidados por nuestro interés. La interacción y participación familiar también es muy importante, e inspirar en ellos la confianza necesaria para que puedan acercarse a nosotros y tomen en cuenta todas las advertencias.

 

 

La agenda escolar

Por Equipo Montenegro

En algunas escuelas, al inicio de cada ciclo escolar, los padres de familia, tutores y estudiantes reciben una agenda escolar que marca todas las actividades programadas para los diferentes grados escolares durante los siguientes meses.

A la rutina diaria se agregan las fechas de exámenes, la entrega de calificaciones, las vacaciones y los días festivos oficiales; además, puede incluir las reuniones programadas con los padres de familia, actividades fuera del plantel (un paseo, excursión, visita a museos, por ejemplo), reuniones de consejo escolar, concursos, ferias, etcétera. De este modo, la organización escolar se verá reflejada en la agenda del plantel.

Este instrumento es relevante para todos aquellos que conforman la comunidad escolar, pero sobre todo es un vínculo de comunicación entre los padres y alumnos con la escuela.

La agenda es informativa. Contribuye a indicar los quehaceres en los que participará cada miembro: si es una reunión de padres de familia, serán éstos y los tutores quienes asistan; si es un simulacro, entonces los alumnos deben estar atentos para que dicha actividad preventiva se lleve a cabo ordenada y eficazmente; si es una convivencia escolar, se buscará la participación activa de profesores, padres de familia, alumnado, personal directivo y  administrativo, e incluso invitados.

La agenda escolar también es formativa, pues debe ser parte de las responsabilidades tanto de los padres de familia como de los alumnos revisar qué corresponde a cada día.

Así, desde casa, el alumno preparará el uniforme o vestimenta correspondiente y estudiará con anticipación, y los padres o tutores anticiparán en su agenda personal la reunión o junta escolar anotada en la semana.

Desde el punto de vista didáctico, para los pequeños la agenda es funcional y útil porque es una manera de aprender los nombres de los días y meses del año. Como objeto, la agenda escolar le permite a los niños de primero de primaria, por ejemplo, conocer cómo están acomodados los cinco días que asiste a la escuela y los dos que descansa.

Conocer qué actividad habrá en la escuela puede reforzar el apoyo en el estudio entre los mismos compañeros de clase, que éstos opten por buscar apoyo con los maestros para reforzar conocimientos, o que los padres respalden a sus hijos antes, durante y después de las evaluaciones. Todo ello llevará a una mejor calidad de la educación personal, grupal y de la institución.

Finalmente, con dicha agenda se puede lograr una mayor identidad entre los miembros de la comunidad escolar, una sinergia de participación en la que cada uno es parte importante para la realización, la colaboración y la difusión de los logros propios y de los compañeros.

La conversación: aprovechamiento fuera del aula

Por Equipo Montenegro

Casi todos los especialistas en educación y temas de la familia señalan la importancia de la comunicación entre padres e hijos, y, en particular, en asuntos relacionados con la vida académica de los estudiantes. La apertura de unos y de otros, de los papás y de los hijos, permitirá el intercambio para la formación y no sólo de información.

Difícilmente tendremos un consejo sobre la escuela –parte esencial en el día a día de los niños y jóvenes– que funcione o sea válido para cualquier familia. Sin embargo, existen algunas pautas que pueden dar luz para propiciar una mejor comunicación en casa en cuanto al aprovechamiento académico para estimular la expresión, curiosidad y análisis, más allá de los libros y el aula.

Una cuestión básica es que los padres o tutores muestren interés en las actividades escolares diarias. Además de averiguar si saben, por ejemplo, sumar o multiplicar los más pequeños, o qué han aprendido en tal o cual materia los más grandes, también valdría la pena hacerles preguntas que los lleven a pensar, como: ¿Eso cómo lo puedes aprovechar en casa, en la calle y en el juego? ¿En qué otros contextos y otros sujetos (animales, plantas, personas) podría funcionar / aplicarse / investigarse? Incluso los adultos podrían proponer escenarios y situaciones distintas en el quehacer diario del estudiante, en el que esa información o conocimiento adquirido con los profesores sea útil o aplicable.

Habría que evitar que parezca un examen o interrogatorio; que sea más una conversación. Así, los estudiantes percibirán también la disposición de sus padres para conocer más de ellos; se abrirá su capacidad de razonamiento en la vida diaria, “el mundo real”; desarrollarán su apertura al diálogo, y verán que lo aprendido en la escuela es realmente valioso para las actividades cotidianas.

Estas conversaciones podrían reforzarse con ejemplos y suposiciones, o situaciones y descripciones de escenarios y contextos, así como añadir experiencias propias y, por qué no, algo de humor como un chiste o un juego de palabras, todo lo cual abonará a que el estudiante de cualquier grado aproveche en mayor medida lo aprendido en el salón de clases.

Del mismo modo, este ejercicio fortalecerá los lazos entre los miembros de la familia, y no solamente con los padres, sino también con otros adultos que forman parte del contexto de los chicos. A su vez, este intercambio y muestra de interés enriquecerá el léxico de los niños, al igual que su perspectiva del mundo porque, al hablar de un nuevo conocimiento adquirido, entonces desarrollará su capacidad de análisis.

Habría que considerar que este ejercicio se debe realizar de manera esporádica, cuando el niño o joven se muestre disponible, y cuando los padres puedan suspender sus actividades disponiendo tiempo y oportunidad para atender las ideas, conocimientos y dudas del estudiante.

Este ejercicio puede adecuarse a las necesidades de cada individuo o familia. Siempre que esté abierto el canal de diálogo, con paciencia y atención, repercutirá de manera positiva en el crecimiento personal y escolar, en tanto individuos en medio de una sociedad. Y no sólo el estudiante lo aprovechará, sino también los adultos aprenderán algo nuevo, recordarán lo ya conocido y se abrirán a nuevas experiencias.

Cómo mejorar la lectura compartida en clase

Por Equipo Montenegro

 

Ya seas padre, maestro o tutor, todos estamos llamados a participar de la creación del hábito lector en los más pequeños.

En algunas ocasiones podemos fungir como Lectores Voluntarios que asisten a las aulas para compartir unos minutos con los chicos mientras leemos algún relato o libro. Para ello, es frecuente que actuemos con base en nuestros instintos o busquemos en internet (¡Hola!, si llegaste aquí de eso modo) información que nos ayude a ofrecer una mejor experiencia a nuestros pequeños en la lectura compartida.

La lectura en la escuela tiene sus momentos, sus estrategias y sus modalidades. Y si quieres subir un peldaño tu calidad como lector invitado a las clases de tu hijo, o como maestro quieres mejorar la actividad de lectura, hoy te vamos a hablar de los momentos de lectura en las aulas y cómo sacarles provecho.

Para iniciar debemos saber cuáles son los momentos y cómo se dividen:

  1. Antes de leer.
  2. Durante la lectura.
  3. Después de leer.

Cada uno tiene sus características que a continuación te detallamos, añadiendo algunas sugerencias.

 

1. Antes de leer

-Incita a la lectura.

Consejos:

  • Diles por qué elegiste la lectura.
  • Dales un anticipo de lo que encontrarán en la lectura.
  • Pregúntales sobre sus conocimientos en el tema.
  • Ten previo conocimiento del vocabulario que usarás durante la lectura.

 

2. Durante la lectura

-Relaciona la lectura con el libro.

Consejos:

  • Usa técnicas para involucrar a los niños, como gestos y modulaciones de voz.
  • Si es un libro ilustrado, muéstraselos para que relacionen imagen y texto.
  • Si te equivocas, ¡no hay problema! Rectifica y comparte la corrección.

 

3. Después de leer

-Afirma la comprensión del texto.

Consejos:

  • Haz una recapitulación de la lectura.
  • Relee algunos contenidos, pueden ser los favoritos de los pequeños.
  • Invítalos a compartir experiencias o emociones personales relacionadas con el texto.
  • Pregúntales su opinión sobre el texto y cómo lo aplicarían en su vida.

 

Estamos seguros de que la próxima vez que leas frente a los niños, siguiendo estos consejos y conociendo las etapas de lectura en la escuela, los atraparás con tu texto.

No te pierdas una segunda entrada en la que te compartiremos otras estrategias para seguir mejorando tu papel como Lector Voluntario.

Papás y maestros, juntos contra la Inasistencia escolar

Por Equipo Montenegro

 

De acuerdo a datos del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) la inasistencia escolar en México llega al 11% de los niños inscritos en la educación básica y alcanza hasta un 18% si tomamos en cuenta a toda la población infantil en edad escolar, incluso a aquellos no inscritos.

¿Qué provoca esto? ¿Es significativa la ausencia del 11% de los niños para el otro 89% que sí asiste?

Pregúntele a cualquier maestra o maestro que dé clases a partir de Kinder y le dirá que las ausencias de pocos sí generan impactos en el resto. Ya que la interacción entre compañeros, la participación de los asistentes y el desarrollo de competencias afectivas y cognitivas mejora cuando la participación dentro del grupo es nutrida.

Un ejemplo puede ser el de cualquier maestra que tiene que apoyar a los alumnos con más inasistencias a estar “al corriente” con el resto de sus compañeros, este tiempo que toma la maestra en ayudar al alumno que faltó no lo aplica en la mejora general y cada vez que un alumno falta, el cúmulo de regularización dentro del salón crece, restando horas al crecimiento colectivo.

Es importante notar que, tanto estudios de la Universidad Pedagógica Nacional de México (UPN) y la Unicef insisten en que el contexto del niño en edad escolar determina las causas y las soluciones de la inasistencia. La vida familiar, la situación económica y la comunidad escolar juegan un papel muy importante en porqué faltan los niños a la escuela y cómo pueden dejar de hacerlo.

 

¿Cómo afecta el ausentismo al niño escolar?

De acuerdo a los pedagogos, psicólogos y maestros, los niños con alto ausentismo muestran un retraso en los logros educativos, en su autoestima e incluso en su futuro como empleados ya que se incrementa el riesgo de que dejen la escuela.

 

¿Cómo fomentar la disminución del ausentismo?

Como padres hay multitud de cosas que podemos hacer, desde planear mejor las vacaciones. Cuidar de la salud de los niños en épocas de riesgo (inviernos, cambios de estación), así como fomentar en ellos una cultura de responsabilidad. El ausentismo se puede combatir desde la elección de la escuela, por su cercanía a casa, los horarios escolares y la realización de que ser padres implica la responsabilidad de enseñar a ser responsable.

Hay, entre todas, una razón del ausentismo en la que los padres podemos ayudar aún más en el día a día: cuando nuestros hijos no se adaptan con éxito a su entorno.

De acuerdo a estudios psicológicos “las diferentes etapas de la enseñanza escolarizada pueden presentar desafíos que no todos los estudiantes están preparados para superar, y la imposibilidad de adaptarse al entorno suele conducir a la decisión de ausentarse de las clases”. Como padres podemos brindar nuestro apoyo a los maestros y a nuestros hijos al estar más atentos a la adaptación de nuestros hijos a su escuela, más si es reciente el cambio y frecuentemente en comunicación con los maestros si nuestro hijo sigue en la escuela.

Escuelas de verano: ¿son necesarias?

Llega ese momento en el que ni padres ni hijos saben muy bien qué hacer con tanto tiempo disponible. Tal vez para uno de los padres sea más sencillo, aquel que trabaja fuera de la casa puede ahorrarse bastantes horas incómodas en las que darle una actividad divertida, productiva y formativa a sus hijos se convierte en un verdadero desafío.

Este problema lo podemos abordar de dos maneras: con actividades planeadas dentro de casa y con actividades organizadas fuera de casa.

En el primer caso, estamos hablando de poner un extra en la planeación semanal para, como padres o tutores, planear actividades divertidas y formativas para los niños y jóvenes. Por ejemplo, organizar una limpieza general de sus habitaciones o espacios personales, involucrando alguna actividad lúdica como concurso de encestar el peluche en la caja o competencias para ver quién tiende mejor y más rápido la cama.

El segundo tipo de actividad tiene que ver con los llamados cursos de verano, escuelas de verano o, sin mayor imaginación, clases de regularización.

Dejaremos las actividades planeadas dentro de casa para compartir algunos trucos e ideas más adelante. Hoy platicaremos más sobre las segundas.

 

Dale sentido

Ir a una escuela de verano, curso de verano o clases de regularización puede parecer muy estimulante para algunos chicos, pero para otros la mera mención de tener que dormir temprano para despertarse e ir a una actividad escolar les puede causar irritación. Así que, ¿cómo los convencemos?

Lo primero que debemos tener claro es si nuestro hijo o tutelado necesita o aprovecharía la actividad. ¿Es un estudiante perfecto? Nadie lo es, pero si canalizamos esta pregunta desde el enfoque “¿Hay algo que podría aprovechar de la actividad?”, todo nos puede resultar más sencillo.

Así que lo primero es que tú como padre o tutor le encuentres un sentido a enrolarlo en actividades durante sus vacaciones. Lo segundo es atraer, sin engaños, a los chicos hacia esta experiencia.

Si lo harán por primera vez, lo mejor que puedes hacer es ensalzar el lado social de la actividad. Recuérdale que es una oportunidad perfecta para conocer nuevos amigos o acercarse a los que ya tiene y le acompañarán. Otro plus para los chicos es que si asisten a estas actividades, la escuela se les hará “más fácil”, ya que no tendrán que esforzarse tanto en recordar conceptos, puesto que jugaron con ellos en vacaciones.

 

También es divertido

La mayoría de las ocasiones, los cursos de verano que ofertan las instituciones educativas, tanto públicas como privadas, incluyen actividades o están enfocadas en actividades exteriores. Ya sean de deportes, de ciencia o de arte, las actividades distintas que se llevan a cabo siempre tienen un componente lúdico. Esto sin duda les debe resultar un estímulo a los más pequeños, pero también a los chicos grandes de primaria, secundaria y prepa que ya están en etapas más sociables.

Si encuentras un área de mejora en lo social o deportivo para tus hijos o tuteladosm, ¡ahora es cuándo!, aprovecha la temporada.

 

Busca opciones

Los cursos de verano son gasto en una época previa a gastos muy fuertes, como lo son los costos de entrar de nuevo a un ciclo escolar; por eso los padres solemos dejar para otro año el curso de verano. Pero -y es un gran pero-, antes de decir que no, vale la pena buscar opciones.

Hay maestros que ven la oportunidad de aprovechar su vocación por educar y ganarse un dinero extra, por lo que organizan sus propios cursos o escuelas de verano. Acércate a los maestros de tus hijos para conocer las distintas opciones que la comunidad educativa de tus hijos tiene para ellos. Estamos seguros de que hay algo para cada bolsillo.

 

En resumen

  • Analiza las necesidades de los chicos antes de elegir una actividad organizada para el verano. ¿Qué necesita mejorar? ¿Qué quiere aprender? ¿Dónde lo puede aprender?
  • Las escuelas de verano no sólo son para repasar lo visto. También son oportunidades de socializar y mejorar en ese importante ámbito.
  • Hay opciones para cada bolsillo. ¡El chiste es buscar! Si estás atento a la comunidad educativa de tus hijos (escuela, maestros, otros padres de familia), será más fácil encontrar opciones.

 

“¿Y si no encuentro nada?”

Bien, nos da gusto que nos acompañes hasta aquí. Y por eso vamos a reunir un buen grupo de tips e ideas para desarrollar en casa si no se presenta la oportunidad de llevar a tus hijos a escuelas de verano.

El aporte de la disciplina a la vida académica

Disciplina, #MontenegroEditores

Somos lo que hacemos repetidamente. La excelencia, entonces, no es un acto, es un hábito.
—Aristóteles

 

La trampa de la sobrevaloración del talento

El avance en el ámbito escolar, como en los demás ámbitos de la vida, no se reduce a un solo factor —como a una capacidad cognitiva o un coeficiente intelectual privilegiado—. Es la suma de muchos factores, desde todos los contextos de un alumno, lo que al final impacta en su desempeño escolar. Fomentar tanto la disciplina como los hábitos de estudio en nuestros niños, desde edad muy temprana, trae grandes beneficios así como un gran impacto a su vida académica y, de paso, a la personal.

Más que sólo un cerebro dotado

En un estudio de la Universidad de Pensilvania en Estados Unidos, investigadores del Centro de Psicología Positiva decidieron medir la auto-disciplina de estudiantes para analizar su efecto en el nivel de desempeño de los mismos, pues con evidencia de una gran variante de desempeños con niños que comparten el mismo coeficiente intelectual (IQ), se obliga a buscar la influencia de fortalezas no-intelectuales[1] (e.g., motivación, autodisciplina) en los rendimientos académicos altos. De acuerdo a sus resultados, “adolescentes altamente auto-disciplinados sobrepasan el desempeño de sus pares más impulsivos en cada variable de desempeño académico, incluidas calificaciones en boletas, resultados de pruebas estandarizadas de logros, admisión a preparatorias competitivas y asistencia”[2]. Entre algunos de los aspectos observados que afectaron los resultados de los estudiantes, están las horas dedicadas a las tareas, horas dedicadas a ver televisión (inversamente) y la hora en la que los estudiantes iniciaban sus deberes escolares en casa.

Los beneficios de la disciplina distan de ser exclusivamente en el plano inmediato. Otros investigadores, como Mischel y sus colaboradores, mostraron -a inicios de los años 90- que una mayor habilidad para posponer la gratificación (prima hermana del autocontrol) a los 4 años de edad, se relacionaba con una mayor funcionalidad académica y social más diez años después [3].

Sobra mencionar que fomentar la auto-disciplina en nuestros hijos desde pequeños les traerá beneficios más allá de los observables en un plano estrictamente escolar e inmediato, como los ya mencionados líneas atrás, además de otros como desarrollar y expandir los tiempos de concentración, crear hábitos de orden y fortalecer habilidades de administración del tiempo, además de mitigar el estrés y la ansiedad que pueden generar la poca preparación ante un reto escolar.

Cómo ayudarlos en la construcción de buenos hábitos de estudio

Un dato que puede ser importante al incorporar o llevar a cabo por primera vez algunas de las herramientas y/o sugerencias que nos mencionan especialistas en la entrega de Tips para estudiar de la Guía de Padres de Montenegro, es aquel sobre los periodos de tiempo de estudio sugeridos según la edad de cada niño. Así podemos tener un parámetro que nos ayude a balancear el tiempo que es ideal que estudien al día, sin que se vuelva demasiado. Información que va muy de la mano con los tiempos aproximados de concentración según el grado escolar que también se exponen en la Guía. Con esta información podremos armar estrategias para cada uno de nuestros niños, pues, en efecto, y como de seguro lo intuías, las cargas de tiempo dedicado al estudio y lo que verdaderamente puede durar un niño en completa concentración, van a variar según su edad. Así mismo variará idealmente lo que podemos exigir a cada niño.

Dentro de algunas de las sugerencias que se proponen para ayudar a que los niños estudien mejor, están el llevar un registro de objetivos que se evaluarán, tener a la vista las próximas tareas a cumplir, compensar a los niños con estímulos verbales, físicos o emocionales cada que alcanzan sus logros establecidos; además de las maneras en las que es mejor que intervengas: ofrecerles explicaciones que permitan al niño realizar su tarea, sin realizarla por él, u ofrecerles ejemplos nuevos o distintos cuando no pueden resolver un ejercicio.

Herramientas muy importantes como la creación de horarios o planeaciones semanales que integren los distintos ámbitos de la vida de un niño, cuidando que exista siempre un equilibrio sano entre esparcimiento y deberes, así como el establecimiento de un espacio y ambiente verdaderamente óptimos para el estudio, son algunos recursos que se detallan en esta Guía, y que encontrarás de mucha utilidad. Todo esto lo podrás consultar y descargar completamente gratis desde el portal oficial de Montenegro, en la sección Padres, y esperamos que, así, tu niño empiece a apropiarse de buenos hábitos de estudio que lo lleven a desarrollar muchas otras habilidades que le beneficiarán a lo largo de su vida.


[1] Duckworth, Angela L., y Seligman, Martin, E.P. Self-Discipline Outdoes IQ in Predicting Academic Performance of Adolescents. Positive Psychology Center, University of Pennsylvania. 2005. [Revisado en https://www.sas.upenn.edu/~duckwort/images/PsychologicalScienceDec2005.pdf]
[2] Ídem.
[3] Mischel et ál. en Duckworth y Seligman, Op. cit.

Cómo prepararse en familia para un examen

Prepararse para un examen

Así como sentimos que hemos fallado como padres, guías y educadores, cuando un alumno reprueba un examen, todos podemos ser parte de la solución al apoyar a los educandos en su preparación y no exclusivamente de forma académica. A continuación te damos algunos consejos para preparar un examen en familia.

 

Estar al día con las tareas

No hay mejor forma que estar al día. Punto. Si ayudas a tu hijo con las tareas lo estás ayudando a estar listo para cada examen, porque los conocimientos estarán frescos y accesibles. Además, es una oportunidad para ver cada asignación diaria como un repaso. No sólo hagan la tarea, apréndanla.

 

Comunicación con el maestro

Habla con su maestro o maestra sobre las áreas donde tu hijo necesita más apoyo y aquellas en las que tenga mayor facilidad de aprendizaje. ¡Así sabrás dónde apoyarlo! Esto también evitará que los periodos de pruebas los tomen desprevenidos, ya que la planeación lo es todo.

 

Lee con tu hijo regularmente

Una manera muy eficaz de repasar temas y asignaturas con tus hijos es leer. Leer textos de y sobre las materias en las que tendrán pruebas. Enciclopedias y artículos son ideales para materias de ciencias sociales, mientras que los libros de ejercicios matemáticos, que combinan la práctica con actividades lúdicas, son ideales más allá de los textos obligatorios.

 

Practica para los exámenes

El ensayar las condiciones de un examen (el silencio, la concentración y el límite de tiempo) en casa puede reducir significativamente el estrés del alumno al realizar la prueba real. Hacer esto también ayuda a detectar conocimientos que necesitan ser reforzados y habilidades que necesitan ser mejoradas (como leer bien las instrucciones o rellenar espacios adecuadamente).

 

Técnicas de relajación

El estrés y el nerviosismo llegarán inevitablemente, tanto con la práctica como con la realización de la actividad en sí, por lo que no es para nada una mala idea aprender una o dos formas de relajación. Pueden intentar con música, técnicas de respiración o meditación, para lograr la paz mental necesaria y estar listos para esos exámenes.

 

Háblale de cómo será

Una buena anécdota de papá o mamá sobre cómo era para ellos hacer exámenes ayudará a aliviar la tensión y  preparara a tu hijo para vivir las pruebas sin el estrés que conlleva una situación de evaluación, donde los estudiantes se sienten examinados no sólo a nivel académico sino personal. Cualquier información extra antes del examen ayuda a verlo con mayor naturalidad.

Además, nunca sobran los premios o recompensas; recuerda que todo es aprendizaje y un trabajo bien hecho siempre tiene recompensas.

Cuatro cosas que quizá no sabías del día del Maestro

Día del maestro

Hoy, todo es convites y festejos… ¡y no es para menos! Se celebra en México el día del maestro, una festividad que compartimos con algunos países del mundo, aunque en diferentes días, pero que también guarda algunas enseñanzas… como estas cuatro cosas que quizá no sabías sobre ella.

¿Por qué el 15 de mayo?

Por una batalla y un santo

En México celebramos al maestro los 15 de mayo, fecha que coincide con la Toma de Querétaro en ese día de 1867 por tropas de la República, señalando la rendición de Maximiliano de Habsburgo… ¿por qué? La historia no tiene relación con la educación en México, pero permitió justificar al presidente Venustiano Carranza la elección del día de San Juan Bautista de La Salle, nombrado por la Iglesia Católica como el Santo Patrono de los Educadores, debido a su labor como pedagogo y educador. Sin embargo, el México revolucionario, con su gobierno laico, no podía elegir sólo por el santoral católico.

¿Cuántos maestros hay en México?

Más de un millón, seguro

Los últimos cálculos de las autoridades señalan que en México existen 27 millones de estudiantes entre la educación básica, media-superior y superior. Para ellos, se calcula, existen 1 millón 800 mil maestros. ¿Qué significa esto? Pues podríamos decir que con esa cantidad de educadores se podría llenar 20 veces el Estadio Azteca, mientras que la cantidad de alumnos llenaría unas 310 veces el estadio más grande del país… ¿Impresionante? No por nada se calcula que los “profes” pasan un promedio de 36 minutos al día clasificando, documentando y analizando el trabajo del estudiante. No por nada se celebra a los maestros en 100 países.

¿Cuándo aparecieron los maestros en el cine?

Estuvieron ahí, antes del timbre

Sólo cuatro años después del estreno del primer filme sonoro en México, Santa, apareció por primera vez la figura del educador en la pantalla de plata. Fue en la cinta Juan Pistolas de 1935 cuando la actriz Lucha Ruanova dio vida a la maestra Rosita. En total, desde esta fecha hasta 1974, el maestro apareció en 125 películas, de acuerdo a investigadores, moldeando una imagen prototípica del educador como una personificación de la cruzada educativa emprendida por el régimen derivado de la revolución mexicana, centrándose sobre todo en los maestros rurales.

“La miseria material lo acompaña en todas las películas, al igual que los atributos de capital cultural; pero en las imágenes, la vocación compensa simbólicamente su pobreza, pues se le reconoce como poseedor y dador de conocimiento”, escribe la investigadora docente Sonia Ibarra del Instituto Superior de Investigación y Docencia para el Magisterio.

¿Cómo es el maestro mexicano?

Tan diverso como sus alumnos

Las autoridades calculan que en México 7 de cada 100 docentes hablan alguna lengua indígena. La escolaridad promedio del docente mexicano es de 16 años, que equivale a tener el nivel de licenciatura; aunque los ocupados en la enseñanza superior tienen un grado promedio ligeramente mayor (17.5 años).

La gran mayoría de los docentes trabaja en instituciones públicas, y un sorprendente 81.3% de ellos se desempeña en las “escuelas de gobierno”, mientras que el 18.7% lo hace en instituciones privadas.

La inequidad de género también se presenta en el magisterio, desafortunadamente, ya que según datos oficiales el promedio de ingreso de los docentes es de 72.4 pesos por hora trabajada. Sin embargo, los hombres obtienen 76.3 contra los 70.1 de las mujeres; aunque ellas trabajen más, un promedio de 31.6 horas a la semana, contras las 29.9 horas de ellos.

Cómo ayudar a tu hijo con la escuela

Ayudar a tu hijo

Escolares sin estrés, padres contentos

Como padres solemos colocar una presión invisible, para nosotros, sobre los hombros de los niños en edad escolar. Aunque a menudo es correcto inferir que la “única obligación” que tienen los menores es estudiar, también es cierto que en la vida de los infantes en edad escolar no es el único evento importante desarrollándose.

De acuerdo a los psicólogos y especialistas, la edad escolar es una de las más importantes en el desarrollo cognitivo y emocional, por lo cual son altamente susceptibles a su entorno, por eso -para su futuro- es tan importante estar atentos a los estímulos que reciben tanto en las aulas como fuera de ellas, si queremos que su educación se refleje en mejores oportunidades de desarrollo en su futuro.

Para eso te hacemos algunas recomendaciones que puedes realizar en casa para apoyar su educación.

 

Involúcrate, no deleges

Pregunta a sus maestros cómo está yéndole en la escuela, cuáles son los retos que tiene tu hijo. Asiste a las reuniones con sus maestros. Habla también con tu hijo sobre sus materias favoritas y aquellas que le cuestan más trabajo. No juzgues… y recuerda que es una persona distinta a ti; si fuiste bueno en una materia, tu hijo no tiene por qué serlo en automático.

Involucrarse, contrario a delegar la educación de nuestros hijos en la escuela, significa comprender realmente la manera en la que él está aprendiendo y cómo puedes ayudarle.

 

Aprende con ellos

Comprende que han existido varios e importantes cambios en la currícula escolar desde que tú dejaste la educación básica, así que quizá debas aprender junto con él la nueva instrucción para resolver los mismos problemas. Si tus conocimientos requieren una refrescada, incorpora esta actitud de aprendizaje a tu tiempo con ellos.

Aunque como adultos tengamos concepciones de cómo funciona el mundo y nuestro papel en él, recuerda que la educación de tus hijos está siendo adaptada a su contexto, por lo cual debes ayudarlos a comprender su entorno, en lugar de imponerles ideas preconcebidas. Aprende a aprender junto con ellos.

 

Orienta, no resuelvas

Con el cansancio del trabajo somos susceptibles a dar respuestas para “terminar rápido” la tarea, pero esta actitud sólo daña el aprendizaje de nuestros hijos al evitar que ellos generen su propio conocimiento; además, les mandamos la señal errónea de que son incapaces de encontrar el resultado por ellos mismos.

Así que siéntate con ellos o dales su espacio y tiempo necesario para encontrar la respuesta a ese problema matemático que a ti te parece obvio. Recuerda que está en un proceso educativo, en el que lo principal no es estar bien a la primera, sino comprender y aprender las herramientas para resolver problemas.

 

Estimula, no castigues

Los seres humanos aprendemos mejor con las recompensas que con los castigos. Así de sencillo. Cuando la consecuencia de realizar o no una tarea es negativa, sólo generamos aversión. Es necesario, sí, tener un sistema de consecuencias y premios, pero los estímulos primordiales cuando hablamos de tarea deben ser positivos.

Establece para esto un horario establecido para realizar la tarea, uno que le permita tener el tiempo libre necesario para jugar o entretenerse. Recuérdales a tus hijos, antes que nada, los beneficios de terminar la tarea a tiempo y bien.

 

Participa, no intervengas

Cuando te decimos que asistas a las juntas y reuniones con sus maestros, así como que permanezcas atento a su desarrollo en el aula, no te estamos pidiendo que suplas al maestro. Recuerda que ellos son profesionales de la educación y su vocación los ha preparado para reconocer las oportunidades y necesidades educativas de tus hijos, así que presta atención sin imponer tus ideas. Colabora, no impongas tus deseos (que aprenda más rápido, que domine el inglés antes que las matemáticas, entre otros).

Este proceso también implica actuar si tu hijo necesita de otro apoyo académico además de la escuela como los clubes de tarea, regularización o actividades extraescolares para ayudar a su rendimiento académico.

¿Tienes alguna idea o duda sobre estos consejos? ¿Quieres compartirnos alguno? Escríbenos y háznoslo saber, queremos escucharte.