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Resiliencia infantil. Cómo criar hijos más fuertes emocionalmente

Por Equipo Montenegro

 

Tal vez hayas escuchado mucho últimamente esta palabra: resiliencia. ¿Pero qué significa cuando hablamos de crianza y educación? ¿Qué significa criar niños resilientes?

Primero debemos explicar brevemente qué es la resiliencia.

La explicación sencilla es que la resiliencia es la capacidad que tiene una persona para superar circunstancias traumáticas y/o difíciles. El concepto de resiliencia, sin embargo, también abarca la capacidad del ser humano para recuperarse de esos hechos traumáticos, para superarlos y transformar esa experiencia en un motor de crecimiento.

¿Y qué significa esto para un niño?

A veces pensamos en los niños como seres humanos con una menor capacidad de pensamiento o de sentimiento, pero la verdad es otra muy distinta. Los niños también enfrentan retos, derrotas y dolor a través de su día a día. Para algunos de ellos incluso eso significa pasar por eventos traumáticos diariamente. Un divorcio, la muerte de un familiar (creemos que no lo sienten, pero ellos viven junto a nosotros la muerte de la abuelita también) o incluso una mala relación escolar, son factores que afectan a los más pequeños.

Algunos de estos eventos dejan cicatrices invisibles que, de no ser tratadas con estrategias de fortalecimiento emocional, pueden ocasionar problemas sentimentales y psicológicos… por eso te vamos a dar 10 pasos para fomentar la resiliencia infantil, recomendados por la Asociación Americana de Psicología (EUA).

 

1. Hacer y tener amigos

Enseña y anima a tus hijos a hacer y tener amigos. Paralelamente, desarrolla una red familiar fuerte para que los niños se sientan amparados y aceptados. En la escuela, hay que estar atento al hecho de que ningún niño esté aislado. Las relaciones personales fortalecen la resiliencia de los niños y les brinda apoyo social.

 

2. Enseñar a los niños a ayudar a los demás

Ayuda a tu hijo haciendo que él ayude a los demás. Ayudar a otros puede permitirle superar la sensación de impotencia. A través de trabajos voluntarios apropiados a su edad, así como de pequeñas tareas caseras, los niños se sentirán valorados. En la escuela, se pueden ejercitar pequeñas iniciativas para ayudar a los demás.

 

3. Mantener una rutina diaria

Ayuda a tu hijo a establecer una rutina diaria y a seguirla. El respeto a la rutina es un sentimiento reconfortante para los niños, especialmente para los más pequeños. Ellos necesitan saber que están cumpliendo y haciendo bien sus tareas para crear una buena autoimagen.

 

4. Combatir la inquietud y la preocupación

Tan importante como seguir una rutina es no obsesionarse con ella. Enseña a tu hijo a concentrarse en sus propósitos pero también a descansar y hacer cosas diferentes. Es necesario que los niños estudien pero que también jueguen y se diviertan.

 

5. Enseñar a los niños a cuidarse

Es importante que todos cuidemos nuestra salud, nuestra apariencia, nuestro descanso… Eso debe ser inculcado en los niños, desde pequeños. Con el ejemplo, podemos enseñar a los niños a cuidarse, a que se quieran haciendo deporte, jugando, comiendo, durmiendo bien, etcétera.

 

6. Animar a los niños a fijarse metas

Fechas importantes como el inicio del año o un cumpleaños son ideales para enseñar a los niños a establecer algunas metas en su vida. Objetivos que ellos pueden alcanzar por sí solos. Así experimentarán el valor del logro, del éxito, y disfrutarán de los elogios. Aprenderán que tener desafíos les hacen sentirse “grandes”.

 

7. Alimentar una autoestima positiva

Ayuda a tu hijo a recordar cómo pudo lidiar satisfactoriamente con dificultades en el pasado y luego a entender que esos desafíos pasados lo han hecho fuerte para desafíos futuros. Ayuda a que aprenda a confiar en sí mismo para resolver los problemas y tomar las decisiones adecuadas. Enséñale a tomar la vida con humor, así como a reírse de sí mismo. En la escuela, ayuda a los niños a ver cómo los logros individuales contribuyen al bienestar de la clase como un todo.

 

8. Enseñar a los niños a ver lo positivo, incluso en las cosas malas

Fomentar una actitud positiva frente a las adversidades ayudará a los niños a enfrentarse a las dificultades con optimismo y positivismo. Aprenderán que después de una tempestad siempre viene la calma y que no hay que desesperarse. En la escuela, los niños pueden escuchar cuentos y desarrollar actividades que muestren que la vida sigue después de las adversidades.

 

9. Estimular el autoconocimiento en los niños

Hay que enseñar a los niños que con todo se aprende y se crece. Ayuda a que tu hijo vea cómo lo que enfrenta puede enseñarle a entender de qué está hecho. En la escuela, considera conversaciones sobre lo que ha aprendido cada estudiante después de enfrentarse a una situación difícil.

 

10. Aceptar que el cambio es parte de la vida

Los cambios pueden a menudo ser terribles para los niños y adolescentes. Ayuda a tu hijo a ver que el cambio forma parte de la vida y que se puede reemplazar una vieja meta con nuevas. En la escuela, se puede discutir cómo los cambios han tenido un impacto sobre su vida.

La esperanza en tiempos de incertidumbre

A inicios de año, la firma Deloitte —presente en más de 150 países y territorios, dedicada a asesoría en auditoría, impuestos, temas legales y financieros, asesoría de riesgo y servicios de consultoría— publicó la sexta edición de su Informe Millennial. Este informe recogió las opiniones de 8 000 jóvenes nacidos después de 1982 de 30 países de todo el mundo, buscando aproximarse a las perspectivas y posturas de esta generación joven que empieza a insertarse en el mercado laboral, social y político. Y como parte del resumen ejecutivo, la firma subraya algo que demanda nuestra atención: “Los millennials (…) no son nada optimistas sobre sus prospectos [profesionales] a futuro, ni la dirección a la que se encaminan sus países, especialmente aquellos procedentes de mercados maduros”[1].

La preocupación ante la incertidumbre e inseguridad al cabo de un año de eventos políticos y sociales de gran peso a escala mundial en distintos ámbitos y de las complicaciones económicas propias del contexto actual, aunados a un cierto perfil social, emocional y de escala de valores de esta generación, invita a muchas reflexiones, entre ellas, una en torno al tema de la esperanza: cómo fomentarla —o en su caso construirla o re-construirla— desde la infancia, incluso desde adolescencia, para que nuestros hijos puedan caminar frente a la incertidumbre propia del mundo que será el de ellos, con un sentido de esperanza a modo de brújula interna que los habilite a encontrar certidumbre, aun dentro de las situaciones más inciertas y desesperanzadoras que puedan toparse.

 

El contexto de las expectativas de un futuro esperanzador

Kristina S. Callina, Sara K. Johnson, Mary H. Buckingham y Richard M. Lerner —Investigadores del Departamento Eliot-Pearson de Estudio Infantil y Desarrollo Humano en la Universidad de Tufts, Boston—, en una publicación de 2014, exploran los perfiles desarrolladores de la confianza y las expectativas de un futuro esperanzador (EFE) en la adolescencia. Según un cuerpo importante de investigaciones y teorías revisadas por el equipo, las expectativas sobre el futuro, con un corte más esperanzador, juegan un rol importante en el desarrollo positivo de la juventud, aunada a la capacidad de salir de una situación difícil y crecer con dicha experiencia[2].

La esperanza, dentro del marco teórico revisado por este equipo de especialistas, se entiende como “las emociones y cogniciones que energizan el comportamiento en dirección de metas futuras, y varios aspectos del progreso en la juventud”[3]. Esta mejora en el desarrollo y la prosperidad o crecimiento es evidente, por ejemplo, en indicadores que asocian a altos niveles de esperanza con éxito académico, así como en el campo del bienestar psicosocial y el de los logros deportivos. Según estos especialistas, se han encontrado vínculos entre las expectativas de un futuro esperanzador y los indicadores más globales del desarrollo positivo en los jóvenes —un modelo y abordaje del desarrollo adolescente que busca involucrar a éstos con sus familias, comunidades y gobiernos para que desarrollen su potencial—, como la competencia, la confianza en sí mismos, el carácter, la conexión y la contribución.

La importancia de tomar un escenario o situación y poder verlo y abordarlo con una mirada que mantiene la esperanza de que éste encontrará o le encontraremos un buen desenlace es, entonces, elemental en el desarrollo integral de un niño o joven, incluyendo —y más allá que— los ámbitos académicos o deportivos, pues lo equipa con habilidades que pueden marcar una gran diferencia en la forma en la que enfrenta todo tipo de situaciones y que alcanza su vida adulta. El contexto en el cual el niño se desarrolla es un factor crucial para el desarrollo de esta esperanza, según Callina, Johnson, Buckingham y Lerner. En específico, la relación padres-hijos está altamente implicada en el desarrollo de la esperanza (o de la capacidad de tener un abordaje esperanzador).

 

Criando niños con esperanza

Ante las complejidades que se enfrentan en un mundo globalizado de más de 7 500 millones de habitantes —y contando—, y tras un sondeo que recupera tanto posturas como opiniones no muy optimistas de las generaciones más jóvenes ante el futuro incierto, cabe la pregunta: y como padre, ¿qué puedo hacer?

Estimular y fortalecer la esperanza se ha vuelto necesario en estos tiempos. En un artículo del escritor Gershom Gorenberg, el Dr. Timothy Elliot —profesor asociado de psicología de la Universidad de Alabama, Birmingham— lo deja de forma muy clara: “al instalar la esperanza, le enseñamos a nuestros hijos que no son sólo recipientes pasivos de todo lo que pasa”[4].

Es importante que sepamos que son pequeños ajustes en nuestras rutinas los que podrán ayudar a fortalecer la esperanza en nuestros niños. Para el Dr. C. R. Snyder —investigador en esperanza y profesor de psicología clínica en la Universidad de Kansas en Lawrence—, la esperanza “es aprendida. Y como padres, incentivamos a nuestros hijos a pensar positivamente, de hecho, probablemente ya lo estás haciendo. Ayer, cuando tu niña pequeña subía dos escalones por ella misma y tú la motivabas a intentar con uno más, y luego otro, hasta que alcanzara el final de la escalera, tú eras el entrenador de la Liga Juvenil de Esperanza”[5].

Un niño con esperanza, según especialistas como Snyder y el Dr. Lewis Curry, es a la vez optimista (espera lo mejor) y determinado (es capaz de tratar la adversidad como un reto en lugar de verla como el final del camino)[6]. Y para ellos, una de las maneras más importantes de inculcarle esperanza radica simplemente en pasar más tiempo con nuestros niños: la seguridad derivada de un apego fuerte y sólido al inicio de la vida, le dará a tu niño la confianza para perseguir metas altas más adelante.

Para Snyder, la esperanza puede ser fomentada en cualquier etapa del desarrollo del niño. Desde contestar sus preguntas en la infancia temprana de “qué es eso” y “por qué”, lo cual enriquece su habilidad para articular lo que desea (que a su vez es el primer paso para lograr sus deseos), hasta ayudar a que tu niño crezca sus metas, lo que le enseña a disfrutar de los retos; y finalmente, celebrar con él cada logro, incluyendo los pequeños (o los que nosotros vemos como pequeños).

Leer, según apunta Gorenberg tras sus fructíferas pláticas con Snyder (entre otros), es otra forma de enseñarle a tu pequeño un pensamiento esperanzador: más allá de enriquecer y fortalecer sus habilidades en el lenguaje, las historias frecuentemente contienen algún tema esperanzador. A lo largo del crecimiento de tu hijo, ayudarle a generar múltiples soluciones a un problema —incluso hipotético— (situaciones que siempre enfrentan de una u otra manera los personajes de una historia) le dará una plasticidad y flexibilidad que le ayudarán en escenarios reales para encontrar nuevas vías de solución, incluso después de que con una —o varias— que haya intentado antes, haya fracasado. Hay que separar en el momento de corregir: que cuando falló algo, se debió a la estrategia o la forma de ejecutarla, mas no por una falta de talento o por una característica intrínseca del niño.

La esperanza, que en estos tiempos se asemeja a un santo grial altamente cotizado y requerido por muchas naciones, es, después de todo, algo que podemos alimentar y fortalecer desde nuestro hogar, en sus pequeños y, al mismo tiempo, grandes alcances.


[1] Galaz, Yamazaki, Ruiz Urquiza, S. C. Deloitte. “Apprehensive millennials: seeking stability and opportunities in an uncertain world”. The 2017 Deloitte Millennial Survey. [Tomado de https://cdn2.hubspot.net/hubfs/1708142/Campanas/Millennial%20Survey%202017/Deloitte-ES-millennial-survey-2017.pdf]

[2] Callina, K., Johnson, S., Buckingham, M., & Lerner, R. (2014). “Hope in Context: Developmental Profiles of Trust, Hopeful Future Expectations, and Civic Engagement Across Adolescence”. Journal Of Youth & Adolescence, 43(6), 869-883. doi:10.1007/s10964-014-0096-9

[3] Schmid and Lopez en Callina et ál.

[4] Elliot en Gorenberg, Gershom. “Raising a Hopeful Child”. Parents Magazine. [Revisado en línea en http://www.parents.com/parenting/better-parenting/style/raising-a-hopeful-child/]

[5] C.R. Snyder en Gorenberg.

[6] Gorenberg, Gershom. “Raising a Hopeful Child”. Parents Magazine. [Revisado en línea en http://www.parents.com/parenting/better-parenting/style/raising-a-hopeful-child/]