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Aprender en vacaciones

Por Equipo Montenegro

Ahora que las clases finalizaron, inician las vacaciones y los estudiantes están libres de las responsabilidades escolares durante algunas semanas. Años atrás, este periodo significaba que los niños y las niñas se quedaban en casa, acompañados de sus madres u otros familiares, como los abuelos, o en casa de los tíos. Allí, el entretenimiento era jugar dentro de la casa o salir a la calle y convivir con los vecinos, ver televisión, disfrutar de los juegos de mesa, ir a la cama más tarde de lo normal y levantarse tarde también. Podía darse la casualidad de que padres e hijos compartieran los mismos días de vacaciones y entonces la familia salía de la ciudad para pasear por el campo o ir a la playa, visitar a parientes de otros estados, etcétera.

Si bien el periodo vacacional se toma más como tiempo de recreación y de descanso, también es una oportunidad de seguir formándonos en diversos saberes. En la actualidad se ofrecen cursos de verano para las varias edades, así como para las diversas preferencias de los niños y los adolescentes. Ciertamente, la asistencia a estos cursos –mismos que pueden durar varias semanas– contribuye al descubrimiento y la formación de las cualidades y actitudes de los jóvenes, fortaleciendo sus capacidades artísticas, deportivas, intelectuales y sociales. Además, es un aliado para los padres y las madres que no tienen vacaciones o días libres a la par que sus hijos.

Pareciera que el periodo de descanso académico distrae la atención de los saberes que enseña el curso escolar, pero este paréntesis permite ejercitar habilidades que normalmente no se practican. Pensemos, por ejemplo, que el niño o la niña llega a un nuevo grupo: clases de natación en verano. Esto, de inicio, pondrá en evidencia su capacidad para convivir con sujetos que le son ajenos a sus rutinas: un entrenador o entrenadora, chicos y chicas con hábitos distintos; conocerlos y, sobre todo, el proceso de aprender a despedirse de ellos. Esta simple actividad permite, sí, aprender a nadar, pero también aprender a convivir, a respetar las reglas de contextos diferentes a los acostumbrados y a las diferencias personales; a comprender el inicio y cierre de ciclo. Es una experiencia heurística de verano: descubrir que podemos aprender fuera del aula.

Aprendizajes como éstos pueden darse en otros ámbitos. Otro ejemplo es que el alumno o la alumna, ahora de vacaciones, tenga la oportunidad de quedarse en la casa de algún pariente, compartiendo el día con tíos, tías, primos, primas, gente cercana. Del mismo modo, podemos hacer que el “vacacionista” aprenda a aprender de esta experiencia: respetando las reglas de otro hogar, probando platillos y sazones distintos, abriéndose a conversaciones con personas con las que pocas veces convive tanto tiempo.

Como padres o responsables de los niños y los adolescentes vacacionistas, podemos reforzar este aprendizaje que, de inicio, puede parecer una experiencia ordinaria. Si preguntamos cómo estuvo el día, es bueno; pero si vamos más allá, haremos preguntas en las que la reflexión sobre lo vivido nutra las habilidades y el autoconocimiento, y entonces las vacaciones reforzarán lo aprendido en la escuela y la vida diaria. Los adultos, en un diálogo abierto, pueden incentivar la reflexión sobre diferencias, descripciones de acciones y comportamientos que el niño o la niña opine y analice según lo que ha visto en el día; todo esto será de provecho para ellos y su habilidad de descubrimiento.

Redes sociales: todo a su edad

Por Equipo Montenegro

Es una realidad que, conforme la presencia de internet se hace más importante y fundamental en nuestra vida diaria, nuestros hijos estarán cada vez más atraídos, a más temprana edad, a inmiscuirse en ese mundo tecnológico al cual están ya muy expuestos gracias a nuestra propia integración en él. Esto incluye, por supuesto, un aumento de interés por introducirse en el universo de las redes sociales.

En definitiva, las redes sociales no son plataformas a las que los más pequeños deben estar expuestos, pues en general no han desarrollado aún la capacidad para medir las consecuencias y los peligros que, incluso los adultos, pueden encontrar durante su interacción: los pequeños no suelen comprender el sentido de la privacidad y corren el riesgo de exponer información importante que atente contra su seguridad y la de su familia. Además, las redes sociales facilitan el contacto con personas desconocidas que pueden representar un peligro; sin contar, claro, que existe un mayor tránsito de información falsa o incluso sensible que es de muy fácil acceso para ellos. A esto se le suma la tendencia que el uso desmedido de las redes sociales puede generar en los niños ante la falta de interacción social, lo que los predispone a tendencias antisociales, depresión, evasión de la realidad y las responsabilidades, y, por supuesto, perder esos años en los cuales las actividades lúdicas, el juego medido y el aprendizaje son fundamentales para un desarrollo sano.

Las redes sociales tienen restricciones con respecto a qué edad es permitido que una persona pueda crearse un perfil, pero esto no es una medida que en realidad impida que cualquier niño menor a dicha edad límite pueda hacerlo.

Como padres, somos el verdadero filtro que debe frenar que los más pequeños tengan acceso a ellas cuando todavía no tienen la edad para eso; debemos estar atentos al momento en que ellos deseen y busquen inmiscuirse en cualquier red social. Es verdad que no podemos negárselo por completo, pero sí tratar de retrasar el momento lo más que nos sea posible. Una vez eso se vuelva problemático y la interacción sea inevitable, no tenemos más opción que guiarlos en su introducción y enseñarles las herramientas necesarias para evitar la mayor cantidad de peligros que esto implica.

¿Pero qué medidas debemos tomar? A continuación, enlistamos algunos consejos y temas que será necesario hablar con ellos.

  • Crear límites con respecto a horarios y días de uso.
  • Solicitar que el acceso sea únicamente después de que se hayan cumplido tanto las tareas como los deberes en casa.
  • Advertir sobre el peligro de otorgar todo tipo de información, desde datos personales como nombre y ubicación, hasta subir a la red fotografías propias.
  • Prevenir de lo que es interactuar con personas desconocidas para impedir que éstas tengan acceso a los perfiles.
  • Utilizar contraseñas seguras que no deben compartirse con nadie más.
  • Estar al pendiente sobre el tipo de correos y mensajes spam que puedan llegar a ellos, así como advertir y cuidar de las noticias falsas o sensibles que corren por la red.
  • Vigilar el tipo de interacción y relación que los menores tienen con otros, ya sea ellos dedicando mensajes descalificadores a terceros o siendo ellos quienes los reciban de otras personas. Recuerda que el acoso en redes es un hábito que se ha vuelto cada vez más común debido a lo práctico y el factor anónimo que estas redes otorgan a sus usuarios.

Lo más importante es que haya un notable interés de nuestra parte hacia la vida de nuestros hijos y sus actividades. Entablar una vía de comunicación abierta y confiable con ellos nos permitirá acercarnos y estar atentos ante cualquier anomalía sin que los niños se sientan intimidados por nuestro interés. La interacción y participación familiar también es muy importante, e inspirar en ellos la confianza necesaria para que puedan acercarse a nosotros y tomen en cuenta todas las advertencias.

 

 

La agenda escolar

Por Equipo Montenegro

En algunas escuelas, al inicio de cada ciclo escolar, los padres de familia, tutores y estudiantes reciben una agenda escolar que marca todas las actividades programadas para los diferentes grados escolares durante los siguientes meses.

A la rutina diaria se agregan las fechas de exámenes, la entrega de calificaciones, las vacaciones y los días festivos oficiales; además, puede incluir las reuniones programadas con los padres de familia, actividades fuera del plantel (un paseo, excursión, visita a museos, por ejemplo), reuniones de consejo escolar, concursos, ferias, etcétera. De este modo, la organización escolar se verá reflejada en la agenda del plantel.

Este instrumento es relevante para todos aquellos que conforman la comunidad escolar, pero sobre todo es un vínculo de comunicación entre los padres y alumnos con la escuela.

La agenda es informativa. Contribuye a indicar los quehaceres en los que participará cada miembro: si es una reunión de padres de familia, serán éstos y los tutores quienes asistan; si es un simulacro, entonces los alumnos deben estar atentos para que dicha actividad preventiva se lleve a cabo ordenada y eficazmente; si es una convivencia escolar, se buscará la participación activa de profesores, padres de familia, alumnado, personal directivo y  administrativo, e incluso invitados.

La agenda escolar también es formativa, pues debe ser parte de las responsabilidades tanto de los padres de familia como de los alumnos revisar qué corresponde a cada día.

Así, desde casa, el alumno preparará el uniforme o vestimenta correspondiente y estudiará con anticipación, y los padres o tutores anticiparán en su agenda personal la reunión o junta escolar anotada en la semana.

Desde el punto de vista didáctico, para los pequeños la agenda es funcional y útil porque es una manera de aprender los nombres de los días y meses del año. Como objeto, la agenda escolar le permite a los niños de primero de primaria, por ejemplo, conocer cómo están acomodados los cinco días que asiste a la escuela y los dos que descansa.

Conocer qué actividad habrá en la escuela puede reforzar el apoyo en el estudio entre los mismos compañeros de clase, que éstos opten por buscar apoyo con los maestros para reforzar conocimientos, o que los padres respalden a sus hijos antes, durante y después de las evaluaciones. Todo ello llevará a una mejor calidad de la educación personal, grupal y de la institución.

Finalmente, con dicha agenda se puede lograr una mayor identidad entre los miembros de la comunidad escolar, una sinergia de participación en la que cada uno es parte importante para la realización, la colaboración y la difusión de los logros propios y de los compañeros.

La conversación: aprovechamiento fuera del aula

Por Equipo Montenegro

Casi todos los especialistas en educación y temas de la familia señalan la importancia de la comunicación entre padres e hijos, y, en particular, en asuntos relacionados con la vida académica de los estudiantes. La apertura de unos y de otros, de los papás y de los hijos, permitirá el intercambio para la formación y no sólo de información.

Difícilmente tendremos un consejo sobre la escuela –parte esencial en el día a día de los niños y jóvenes– que funcione o sea válido para cualquier familia. Sin embargo, existen algunas pautas que pueden dar luz para propiciar una mejor comunicación en casa en cuanto al aprovechamiento académico para estimular la expresión, curiosidad y análisis, más allá de los libros y el aula.

Una cuestión básica es que los padres o tutores muestren interés en las actividades escolares diarias. Además de averiguar si saben, por ejemplo, sumar o multiplicar los más pequeños, o qué han aprendido en tal o cual materia los más grandes, también valdría la pena hacerles preguntas que los lleven a pensar, como: ¿Eso cómo lo puedes aprovechar en casa, en la calle y en el juego? ¿En qué otros contextos y otros sujetos (animales, plantas, personas) podría funcionar / aplicarse / investigarse? Incluso los adultos podrían proponer escenarios y situaciones distintas en el quehacer diario del estudiante, en el que esa información o conocimiento adquirido con los profesores sea útil o aplicable.

Habría que evitar que parezca un examen o interrogatorio; que sea más una conversación. Así, los estudiantes percibirán también la disposición de sus padres para conocer más de ellos; se abrirá su capacidad de razonamiento en la vida diaria, “el mundo real”; desarrollarán su apertura al diálogo, y verán que lo aprendido en la escuela es realmente valioso para las actividades cotidianas.

Estas conversaciones podrían reforzarse con ejemplos y suposiciones, o situaciones y descripciones de escenarios y contextos, así como añadir experiencias propias y, por qué no, algo de humor como un chiste o un juego de palabras, todo lo cual abonará a que el estudiante de cualquier grado aproveche en mayor medida lo aprendido en el salón de clases.

Del mismo modo, este ejercicio fortalecerá los lazos entre los miembros de la familia, y no solamente con los padres, sino también con otros adultos que forman parte del contexto de los chicos. A su vez, este intercambio y muestra de interés enriquecerá el léxico de los niños, al igual que su perspectiva del mundo porque, al hablar de un nuevo conocimiento adquirido, entonces desarrollará su capacidad de análisis.

Habría que considerar que este ejercicio se debe realizar de manera esporádica, cuando el niño o joven se muestre disponible, y cuando los padres puedan suspender sus actividades disponiendo tiempo y oportunidad para atender las ideas, conocimientos y dudas del estudiante.

Este ejercicio puede adecuarse a las necesidades de cada individuo o familia. Siempre que esté abierto el canal de diálogo, con paciencia y atención, repercutirá de manera positiva en el crecimiento personal y escolar, en tanto individuos en medio de una sociedad. Y no sólo el estudiante lo aprovechará, sino también los adultos aprenderán algo nuevo, recordarán lo ya conocido y se abrirán a nuevas experiencias.

Jugando se entiende el lenguaje

Por Equipo Montenegro

Como ya se ha mencionado en entradas pasadas, es importante que como padres nos involucremos en el desarrollo general de nuestros hijos lo más que nos sea posible, pues esto puede resultar determinante para que dicho desarrollo sea beneficioso y se eviten problemas que perjudiquen el desenvolvimiento de los más pequeños en un futuro.

Anteriormente se abordó el tema de la psicomotricidad fina, y ahora nos centraremos en otro aspecto que resulta igual o más fundamental que el anterior: el lenguaje. Éste es el medio por el cual cada persona puede comunicarse con el mundo exterior y expresar sus ideas, sus impresiones, sus deseos y sentimientos. Por ello es demasiado importante que, desde una temprana edad, cada uno aprenda a desenvolverse en el ámbito y se dé a entender de manera adecuada, no sólo con la selección de palabras idóneas, sino que su pronunciación sea precisa y entendible para todos los demás.

Muchos niños suelen tener problemas en su habla, y algunos de ellos mejorarán por sí mismos con el tiempo y la práctica, pero otros tendrán mayores dificultades y podrían desarrollar manías que, ya de mayores, serán más difíciles de contrarrestar. He aquí la importancia de comenzar a apoyarlos desde el momento en que el desarrollo del lenguaje se torna fundamental.

¿Cómo podemos hacerlo? Se sabe que las actividades y los ejercicios lúdicos son los mejores para que los niños aprendan de una manera eficaz, rápida y natural sin que ellos lo noten, y para que no les sea una actividad fastidiosa que deseen abandonar. Además, con ese tipo de juegos se fomenta al mismo tiempo la interacción y convivencia familiar, juegos que son también pilares imprescindibles para el crecimiento emocional de todo niño.

A continuación se enlistan actividades y juegos que puedes realizar con tus hijos para ayudar al desarrollo de su habla, especialmente si ha comenzado a presentar problemas en la pronunciación.

  • Lean juntos en voz alta. Los mejores textos para este propósito son aquellos que sean repetitivos y que rimen, como los poemas. Existen muchos libros que se centran justamente en esto y que le dan un enfoque infantil que los más pequeños pueden disfrutar e imitar con facilidad.
  • Canten juntos. De igual manera, las canciones que mejor funcionan para practicar la pronunciación son aquellas que tienen estrofas repetitivas o hacen uso de onomatopeyas. Por supuesto, existe una gran cantidad de canciones infantiles que serán de bastante ayuda y que son de muy fácil acceso.
  • Jueguen con popotes. Coloca objetos pequeños, ligeros y redondos (como pelotas o pompones) en superficies planas. Después, dale a tus hijos un popote e invítalos a que soplen a través de él para mover los objetos. Puedes crear una pista con meta para instarlos a hacer una competencia de carreras. ¡Eso lo hará más divertido! ¿Y a qué les ayudará este juego? A fortalecer los músculos bucales, claro.
  • Jueguen con marionetas. Hacer hablar marionetas es un apoyo a tus hijos para practicar la articulación. Además de que, al mismo tiempo, crean muy divertidas historias.
  • Pronuncien las vocales. Este ejercicio es sencillo, tus hijos sólo tienen que inhalar lentamente por la nariz y exhalar el aire por la boca al mismo tiempo que dicen cada una de las vocales.

Juegos y manualidades: desarrollo de la psicomotricidad fina

Por Equipo Montenegro

El desarrollo y crecimiento general de los niños, desde su edad más temprana, implica una gran cantidad de aspectos que resultan decisivos para su desenvolvimiento, aprendizaje y reconocimiento del mundo, tanto para su estado actual como para mejorar en un futuro su relación consigo mismo y los demás. Entre estos aspectos, destacaremos uno de los más básicos con respecto al movimiento y uso del cuerpo, el cual nos permite realizar acciones imprescindibles con las que interactuamos con nuestro entorno: la psicomotricidad fina. Pero ¿qué es?

La psicomotricidad fina engloba todos aquellos movimientos, específicamente de las manos y los dedos, que se relacionan con la vista y que necesitan de una gran destreza y dominio para efectuarse. Si bien estas habilidades suelen ser obtenidas de forma natural y espontánea desde los primeros meses y años de vida, inspiradas en la propia curiosidad innata de un bebé por descubrir, explorar, tocar y conocer, se aconseja que como padres le demos a nuestros hijos un pequeño empujón para ayudarlos durante su desarrollo psicomotriz a través de actividades lúdicas que les sean divertidas y atractivas. Éstas no sólo les permitirán adquirir las destrezas que serán fundamentales cuando comiencen a realizar actividades más complejas, mismas que les permitirán una mayor autonomía, sino que pueden fomentar la convivencia en familia y nuestra relación con ellos.

Todo, por supuesto, comienza poco a poco, con ejercicios que se adecuen al desarrollo motriz del cual nuestro hijo es capaz de acuerdo a su edad. Entre más temprano se comience a trabajar con estas actividades, los resultados y la evolución serán más satisfactorios.

Algunos de los ejercicios y juegos que los expertos recomiendan son los siguientes.

 

Movimientos con las manos

  • Tocar las palmas entre sí, primero con movimientos libres y después siguiendo un ritmo. Podemos ser nosotros quienes marquen dicho ritmo para que nuestro hijo nos imite.
  • Sujetar objetos y realizar juegos de equilibrio en las palmas de las manos.
  • Con acompañamiento de canciones infantiles, realizar gestos con las manos.
  • Sobre arena, tierra o agua, realizar trazos libres y dibujos.
  • Mover ambas manos y muñecas en varias direcciones. Para esto, pueden realizarse bailes y coreografías sencillas en las que los movimientos más importantes sean con las manos.
  • Juegos de mímica, especialmente para imitar movimientos de animales u objetos con las manos.
  • Abrir una mano mientras se cierra la otra, variando la velocidad al hacerlo. Puede tomarse como un reto para que nuestro hijo lo logre lo más rápido posible.

 

Movimientos con los dedos

  • Similar a los ejercicios con la mano, realizar movimientos varios, ya sea abriendo y cerrando los dedos, juntarlos y separarlos. Todo puede comenzar con movimientos libres, pero después puede seguirse un ritmo, marcado por nosotros o por una pieza musical.
  • Golpetear con los dedos en alguna mesa tratando de imitar un ritmo.
  • Colocar las manos sobre la mesa y levantar uno a uno los dedos.

 

Movimientos relacionados con la vista

  • Jugar a lanzamiento de objetos y tiro al blanco.
  • Realizar acciones repetitivas como enroscar y desenroscar tapas y tuercas, abrochar y desabrochar botones, atar y desatar cordones, etcétera.
  • Manipular objetos pequeños, como lentejas, botones, frijoles, etcétera.
  • Realizar figuras con plastilina.
  • Barajar cartas.
  • Perforar dibujos.
  • Usar tijeras.
  • Doblar y rasgar papeles.

 

En todas estas actividades, el propósito es acompañar a nuestros hijos al realizarlas, mostrándoles con ejemplos cómo deben hacerse y siempre dándoles un tono de juego que sea agradable. Además, conforme su destreza mejore, y tanto los movimientos como las acciones les sean más naturales y sencillas, se pueden llevar a cabo actividades que combinen varias a la vez, por ejemplo: realizar figuras de papel u otros materiales en los que deban dibujar, doblar, cortar, pegar, manipular objetos pequeños, etcétera.

En internet se encuentran fácilmente diversos ejemplos de manualidades, así como en nuestra página de Facebook, en la que compartimos de manera habitual varias opciones.

Lo importante es que apoyemos a nuestros hijos con su desarrollo, al mismo tiempo que compartimos momentos de calidad con ellos.

Cómo mejorar la lectura compartida en clase

Por Equipo Montenegro

 

Ya seas padre, maestro o tutor, todos estamos llamados a participar de la creación del hábito lector en los más pequeños.

En algunas ocasiones podemos fungir como Lectores Voluntarios que asisten a las aulas para compartir unos minutos con los chicos mientras leemos algún relato o libro. Para ello, es frecuente que actuemos con base en nuestros instintos o busquemos en internet (¡Hola!, si llegaste aquí de eso modo) información que nos ayude a ofrecer una mejor experiencia a nuestros pequeños en la lectura compartida.

La lectura en la escuela tiene sus momentos, sus estrategias y sus modalidades. Y si quieres subir un peldaño tu calidad como lector invitado a las clases de tu hijo, o como maestro quieres mejorar la actividad de lectura, hoy te vamos a hablar de los momentos de lectura en las aulas y cómo sacarles provecho.

Para iniciar debemos saber cuáles son los momentos y cómo se dividen:

  1. Antes de leer.
  2. Durante la lectura.
  3. Después de leer.

Cada uno tiene sus características que a continuación te detallamos, añadiendo algunas sugerencias.

 

1. Antes de leer

-Incita a la lectura.

Consejos:

  • Diles por qué elegiste la lectura.
  • Dales un anticipo de lo que encontrarán en la lectura.
  • Pregúntales sobre sus conocimientos en el tema.
  • Ten previo conocimiento del vocabulario que usarás durante la lectura.

 

2. Durante la lectura

-Relaciona la lectura con el libro.

Consejos:

  • Usa técnicas para involucrar a los niños, como gestos y modulaciones de voz.
  • Si es un libro ilustrado, muéstraselos para que relacionen imagen y texto.
  • Si te equivocas, ¡no hay problema! Rectifica y comparte la corrección.

 

3. Después de leer

-Afirma la comprensión del texto.

Consejos:

  • Haz una recapitulación de la lectura.
  • Relee algunos contenidos, pueden ser los favoritos de los pequeños.
  • Invítalos a compartir experiencias o emociones personales relacionadas con el texto.
  • Pregúntales su opinión sobre el texto y cómo lo aplicarían en su vida.

 

Estamos seguros de que la próxima vez que leas frente a los niños, siguiendo estos consejos y conociendo las etapas de lectura en la escuela, los atraparás con tu texto.

No te pierdas una segunda entrada en la que te compartiremos otras estrategias para seguir mejorando tu papel como Lector Voluntario.

Las noticias: ¿cómo hablar con tus hijos sobre ellas?

Por Equipo Montenegro

 

Estamos rodeados de pantallas. A cada minuto, de esas pantallas nos llega una mensaje claro: vivimos en un mundo conectado y lleno de información luchando por nuestra atención. Además, como padres y maestros, no podemos evitar que los niños y jóvenes en edad escolar se desconecten de este mundo de pantallas, tecnología y conectividad, no podemos, sin afectar su futuro desarrollo o estabilidad psicosocial.

Una de las tareas que nuestra era pone en nuestras manos es ayudar a los niños y jóvenes a navegar este mundo lleno de información, malas noticias e historias sin verificar. Sin embargo, tratar de guiarlos a través de la evaluación constante de cada una de esas fuentes no sólo es irreal, sino imposible en la práctica.

Lo que muchos pedagogos y psicólogos del desarrollo recomiendan es crear en los niños una brújula, un compás crítico que les ayude a formarse un criterio propio para lidiar con las noticias. Y, como muchas cosas, todo empieza con el ejemplo. Es cierto que esto nos ayudará a ser consumidores críticos de noticias, a beber de más de una fuente de información; pero también nos ayudará a usar la empatía para comprender los sentimientos que una noticia nos provoca a nosotros o a nuestros hijos.

Es por eso que los psicólogos y especialistas recomiendan dar a los niños lo que llaman “información tranquila, inequívoca pero limitada”. En pocas palabras, es ir al ritmo de los niños, guiarnos por sus preguntas para dar pautas de interpretación. “¿Qué es un ataque terrorista?”, podría preguntar el pequeño. Nuestra respuesta debe responder sólo la pregunta, sin entrar en detalles que no van de acuerdo a su edad, como los detalles de las motivaciones o métodos de dicho tipo de ataque.

Para los niños más grandes, afrontar una noticia es, sobre todo, afrontar miedos. Ayúdalos sirviéndoles de guía y proveyendo información complementaria. Con el simple hecho de escuchar, ya se está mandando un mensaje poderoso.

En el caso de los adolescentes, su actividad pedagógica puede ir un paso más allá. A ellos puedes incentivarlos a cuestionar el porqué una historia aterradora o perturbadora estuvo al aire: ¿fue buscando audiencia o tenía genuino interés periodístico? De esta forma, una noticia puede volverse un debate valioso sobre el rol y la misión de los medios.

Por último, te dejamos estos consejos para hablar de las noticias con los niños.

  • Selecciona. Ten en cuenta que las noticias no tienen que imponerse mediante imágenes perturbadoras. Las revistas de noticias específicamente diseñadas para niños son una excelente forma de iniciarlos.
  • Debate habitualmente sucesos actuales con tu hijo. Es importante ayudar a que los niños reflexionen bien sobre las noticias que escuchan.
  • Contextualiza. Pon las noticias en el marco correcto. Mostrar por qué determinados sucesos están aislados y explicar cómo un suceso se relaciona con otro ayuda a los niños a entender mejor lo que escuchan.
  • Prevé. Mira las noticias con tus hijos para filtrar historias inadecuadas para su edad o nivel de desarrollo.
  • Planea. Anticipa cuándo una orientación será necesaria, evitando espectáculos innecesarios para los niños.

Educar en la igualdad… ¿qué significa eso?

Por Equipo Montenegro

 

Cuando nos hablan de igualdad, hombres y mujeres aún tratamos de decidir de qué estamos hablando, pero las organizaciones mundiales encargadas de la salud, educación y trabajo, entre otras, ya lo tienen muy claro: las mujeres y los hombres no tienen el mismo acceso a las oportunidades.

La igualdad “no es sólo un derecho humano fundamental, sino la base necesaria para conseguir un mundo pacífico, próspero y sostenible”, de acuerdo a ONU Mujeres, la agencia internacional más grande jamás establecida para apoyar la igualdad de género y el empoderamiento de la mujer.

Pero ¿sobre qué trata eso de “Educación en la Igualdad”? Si bien el diccionario recoge cinco acepciones de la palabra igualdad, ninguna de ellas hace referencia a las teorías modernas, según las cuales la igualdad no sólo ofrece “igualdad de todos frente a la ley”, sino que enriquece su sentido como “un valor que permite corregir las diferencias de posición social, económica o cultural entre las personas para que tengan un acceso similar y más equitativo a los recursos sociales; justicia, educación, trabajo, sanidad…”, de acuerdo al especialista español Juan Parra Martínez.

Es por ello que educar en la igualdad es también educar a nuestros hijos, en la escuela, en la casa y frente a los mensajes de los medios masivos de comunicación, para ser críticos y empáticos. Críticos acerca de los mensajes y costumbres que reciben o heredan; empáticos ante las desigualdades y los mensajes negativos que reciben.

Para hacerlo más sencillo, te damos los siguientes tips para educar en la igualdad desde casa.

 

  1. Observar y escuchar.

Es importante analizar cómo se relacionan nuestros hijos con sus compañeros de escuela, y así comprender qué conceptos y roles de género manejan. De ello depende cómo actuaremos.

  1. Decir no a los prejuicios.

Cuando nuestros hijos afirman algo categóricamente, hay que responderles con una pregunta: ¿Por qué? Por ejemplo, un hijo varón dice que lavar trastes es para mujeres, y podemos preguntarle: “¿Por qué para mujeres? ¿Los niños no tienen manos? ¿Por qué no van a saber lavar trastes?”. Esto hará que el niño intente racionalizar el prejuicio, lo cual lo ayudará a desecharlo.

  1. No generalizar.

Debemos hacerles comprender que las generalizaciones acerca del carácter de las personas conducen a un error. Cada ser humano es único e irrepetible, lo cual conlleva virtudes, defectos y capacidades propias, independientemente de si es hombre o mujer.

  1. Todos hacer de todo en casa.

Asignarles responsabilidades o actividades cotidianas que tradicionalmente han sido consideradas ‘cosas de mujeres’ o ‘cosas de hombres’.

  1. Compartir con ellos, debatir con ellos.

A diferencia de nuestros padres, que fueron educados con la consigna de obedecer sin cuestionar, para las nuevas generaciones es más útil discutir con los hijos la información que reciben en la escuela, en la televisión, de sus amigos… así generamos el hábito de conversar y discutir ideas en casa, fomentando en los niños el espíritu crítico.

 

Estas son algunas de las estrategias que podemos implementar en el hogar para comenzar a desarmar los prejuicios de género que conducen a la desigualdad, la violencia de género y la discriminación. Si inicias con ellas, ya estarás en camino a fomentar la Educación en la Igualdad.

Más adelante te daremos otras estrategias.

Cómo afectan las peleas maritales a los hijos

Por Equipo Montenegro

 

Muchas veces hemos escuchado a amigos y familiares decirnos que, a pesar de ser infelices con sus parejas, ellos siguen en su matrimonio “por el bien de sus hijos”. Las consultas de los psicólogos y los despachos de los abogados, sin embargo, suelen estar muy ocupados lidiando con los problemas que esos “matrimonios por los hijos” terminan causando a los pequeños.

Independientemente de las razones y dinámicas que llevan a un matrimonio a su fin, uno de los más dolorosos, por común, es la falta de comunicación efectiva entre la pareja. De acuerdo a estadísticas del INEGI, en México el 54.3 % de las parejas que se divorcia lo hace de mutuo consentimiento, pero el 54.4 % del total lo hace después de 10 años o más de matrimonio, lo que asegura que los más pequeños de la casa crezcan observando el desarrollo de pareja de sus padres.

Cuando mamá y papá no están comunicándose de manera correcta, el impacto en los hijos puede causarles problemas más perdurables. Al observar constantes discusiones entre sus padres, los niños “aprenden a tener un sistema conflictivo, poco tolerante a la diferencia del otro. Son niños que crecen con inseguridad y se va a ver reflejado en su autoestima, son más vulnerables y tienden a ser ansiosos y depresivos”, afirma la psicóloga Laura Marcela Soto, especialista en Terapia Familiar.

Pero la familia, como toda empresa humana, es susceptible de mejora. Si la vemos desde el punto de vista correcto, la familia es un sistema, una empresa que puede modificarse para funcionar mejor. “Cuando dos personas comienzan a interactuar y a establecer una relación continuada, se comunican entre sí en forma verbal y no verbal, fijan de consuno reglas básicas para su conducta y métodos de comunicación, gradualmente se van convirtiendo en un sistema, que puede ser la pareja o el sistema marital”, dijo en 1980 el pionero de la psicología marital, Clifford J. Seger.

De acuerdo a Seger, la presión que la situación económica y social ejercen en los matrimonios puede llevar a que los primeros acuerdos entre mamá y papá ya no se sostengan con la llegada de los hijos, o el número de éstos. Además de observar que toda relación de pareja somete al individuo a un intercambio constante de información y emociones que pueden conducir a un desgaste natural del vínculo afectivo… que el amor cansa también a veces, caray.

“Una razón común para que los matrimonios fallen es que esperamos mucho de nuestras parejas. Queremos amor, pero a veces esperamos que ellos satisfagan todas nuestras necesidades más de lo que cualquier persona es capaz de hacer”, dice Seger. Pero cuando los problemas aparecen, también aparece la oportunidad de enseñar a nuestros hijos -si realmente los ponemos como prioridad- una gran lección moral y sentimental, un ejemplo de cómo resolver los problemas en pareja.

“El problema más común es la falta de comunicación, que realmente es falta de intimidad. Muchos matrimonios pelean por dinero, por la familia, por los hijos, por quién saca la basura, cuando esos no son los verdaderos problemas. Casi siempre las peleas tienen que ver con sentimientos, necesidades y deseos inconscientes. Si no se permite que éstos salgan a flote, las parejas están apagando cientos de fuegos pequeños en lugar de la fuente que los alimenta”, apunta Seger.

Algunas consecuencias observables en niños, causadas por los conflictos de la pareja, son:

  • Atrapar a los niños en conflicto de lealtades, por los cuales muchas veces deben elegir.
  • Confunden a los pequeños que no saben ni entienden la situación de los adultos que los hacen partícipes de sus problemas.
  • Quedan entrampados y sin ayuda adecuada o profesional, no tienen elementos para poder defenderse o salir de esa situación.
  • Los obligan a tomar partido, haciéndolos partícipes de la justicia familiar, creando momentos de crisis que luego les “pasan factura”.

 

Si la pareja vive en constante conflicto, lo mejor es buscar ayuda profesional. Pero algunas cosas que pueden poner en práctica tal vez prevengan que esto ocurra. Te damos dos ejemplos.

 

Diferir es sano.

Busca mantener una comunicación abierta con tu pareja. Ninguna es perfecta, y siempre habrá diferencias entre los padres, pero debemos explicarle a nuestros hijos que el que mamá y papá tengan problemas no significa que se separarán.

 

Discutir no es pelear.

Aquí debes educar con el ejemplo. Si existe una diferencia que tiene que ser resuelta en medio de una crisis, debes recordar que discutir es sano, pero pelear causa heridas invisibles en los pequeños. Demuéstrales que tener una discusión no debe ser siempre malo ni violento.

 

La familia nunca se “rompe”.

Aunque las diferencias lleven a una separación, debes hacer conscientes a tus hijos de que la familia seguirá existiendo y que ustedes siempre serán mamá y papá aunque no estén juntos.

 

Esperamos que, al conocer algunas de las consecuencias de los conflictos maritales en tus hijos, la próxima vez recuerdes que tus acciones son lecciones para ellos. Te recomendamos enérgicamente que busques ayuda profesional para resolver tus diferencias de pareja de la manera más asertiva posible.