Estudio

Cómo prepararse en familia para un examen

Así como sentimos que hemos fallado como padres, guías y educadores, cuando un alumno reprueba un examen, todos podemos ser parte de la solución al apoyar a los educandos en su preparación y no exclusivamente de forma académica. A continuación te damos algunos consejos para preparar un examen en familia.

 

  • Estar al día con las tareas.

No hay mejor forma de estar al día. Punto. Si ayudas a tu hijo con las tareas, lo estás ayudando a estar listo para cada examen, porque los conocimientos estarán frescos y accesibles. Además es una oportunidad para ver cada asignación diaria como un repaso. No sólo hagan la tarea, apréndanla.

 

  • Tener comunicación con el maestro.

Habla con su maestro sobre las áreas donde tu hijo necesita más apoyo y aquellas en las que tenga mayor facilidad de aprendizaje. ¡Así sabrás dónde apoyarlo! Esto también evitará que los periodos de pruebas los tomen desprevenidos, ya que la planeación lo es todo.

 

  • Leer con tu hijo regularmente.

Una manera muy eficaz de repasar temas y asignaturas con tus hijos es leer. Leer textos de y sobre las materias en las que tendrán pruebas. Enciclopedias y artículos son ideales para materias de ciencias sociales, mientras que los libros de ejercicios matemáticos, que combinan la práctica con actividades lúdicas, son ideales más allá de los textos obligatorios.

 

  • Practicar para los exámenes.

Ensayar en casa las condiciones de un examen (el silencio, la concentración y el límite de tiempo) puede reducir significativamente el estrés del alumno al realizar la prueba real. Hacer esto también ayuda a detectar conocimientos que necesitan ser reforzados y habilidades que necesitan ser mejoradas (como leer bien las instrucciones o rellenar espacios adecuadamente).

 

  • Usar técnicas de relajación.

El estrés y el nerviosismo llegarán inevitablemente, tanto con la práctica como con la realización de la actividad en sí, por lo que no es para nada una mala idea aprender una o dos formas de relajación. Con el objetivo de lograr la paz mental, pueden intentar con música y técnicas de respiración o meditación, y así estar listos para esos exámenes.

 

  • Hablar de cómo será.

Una buena anécdota de papá o mamá sobre cómo era para ellos hacer exámenes les ayuda a los niños a aliviar la tensión y los preparara para vivir las pruebas sin el estrés que conlleva una situación de evaluación, en la que se sienten examinados no sólo a nivel académico sino personal. Cualquier información extra antes del examen ayuda a verlo con mayor naturalidad.

 

Además, nunca sobran los premios o recompensas; recuerda que todo es aprendizaje y un trabajo bien hecho siempre merece una gratificación.

Más allá de una partitura. Los beneficios del entrenamiento musical

Existe un gran número de estudios sobre los vínculos entre la música, su estudio o uso, y sus efectos positivos en aspectos congnitivos —así como también hay aquellos que buscan desvincular a la música de esto—. Pese a que existe cierta polémica en la discusión de los beneficios que trae el entrenamiento musical, una constante es que el estudio de ésta tiene ciertos efectos en el desarrollo de habilidades en áreas comunes de rubros aparentemente muy diferentes, como aquellas de lenguaje y las del pensamiento matemático, lo que puede resultar en una opción interesante para clases extracurriculares para nuestros hijos.

 

La elusiva relación entre la música y el IQ

Precisamente una de las áreas que ha sido constantemente revisada, y cada tanto polemizada con algún estudio sin pruebas de causalidad, es aquella sobre la relación de la música con el coeficiente intelectual (IQ por sus siglas en inglés). Como lo explica la Dra. Heather N. Winter para la revista American Music Association en un artículo de 2016, cuando se evalúa la inteligencia por medio del IQ, esta medida se mantiene mayormente estable a lo largo de la vida, y casi la mitad de sus variantes se acreditan a la genética, por lo que se sugiere que cualquier variante ambiental o “que cultiva” (ya sea entrenamiento musical o científico) raramente logra un gran impacto en el IQ. Sin embargo, afirma, “se han hecho hallazgos significativos que muestran una relación positiva entre el entrenamiento musical y otras habilidades cognitivas”[1]. Estas habilidades incluyen a varias propias del lenguaje como la memoria y la prosa, así como el razonamiento espacial, habilidades matemáticas, memoria a corto plazo, memoria visual, tiempo de reacción y agudeza táctil[2].

Si bien probar el vínculo entre el estudio musical y su efecto positivo en habilidades cognitivas por medio del IQ ha sido una tarea más bien elusiva, en 2004, un estudio conducido por el Dr. E. Glenn Schellenberg de la Universidad de Toronto —especialista en desarrollo cognitivo en el terreno auditivo—, en el cual se dieron clases extracurriculares gratuitas a dos grupos de niños de 6 años (un grupo asignado con clases de música y otro con clases de teatro o ninguna clase extracurricular) por un año, se encontró un incremento tanto en el IQ como en los resultados de exámenes regulares de logro académico en el grupo de niños que recibieron entrenamiento musical. Las evidencias de la correlación entre el entrenamiento musical y el desarrollo de habilidades cognitivas se ha estudiado y probado en las últimas décadas, a pesar de que no se muestre muy evidente al utilizar la métrica del IQ.

 

Música y matemáticas: lo que yace en el fondo

No todos los “beneficios” adicionales que puede aportar la música más allá de su campo específico quedan en las discusiones y mediciones de IQ. En 2008, las doctoras Nan Bahr y Carol A. Christensen —especialistas en la investigación del aprendizaje y educación, respectivamente—, realizaron un estudio con alumnos australianos de 15 años para evaluar la transferencia de conocimiento de dos áreas aparentemente distintas desde la superficie, pero con semejanzas estructurales: matemáticas y música. Las autoras abordan las posibles semejanzas entre ambas ramas con la resolución de problemas como punto de partida, bajo la primicia de que cuando se posee una serie de conocimientos previos y más profundos, aunque pertenezcan a ramas distintas, pero que atienden las mismas problemáticas estructurales, la forma de resolver un problema es mucho más eficiente.

En su investigación previa, Bahr y Christensen retoman trabajos en la investigación de resolución de problemas que demuestran que existen diferencias importantes en la forma en que un experto y un novato (en problemas) se acercan y abordan problemas relacionados a un conocimiento específico de campos diferentes: los expertos se toman 25 % de su tiempo en la representación del problema, mientras que los novatos sólo invierten 1 % de su tiempo en esta fase (Voss y Post en Bahr, et ál.). Esta representación del problema (que implica hacer abstracciones y aplicar principios) es lo que permite a los expertos clasificar el problema al que se enfrentan con base en sus conocimientos previos, así pertenezcan a otras áreas, y generar con ello sus estrategias. Al clasificar los problemas, los expertos analizan y utilizan las características del problema que se encuentran en su estructura más profunda. Examinar esta estructura profunda les permite ver a los expertos cómo este problema que están atendiendo en realidad pertenece a un grupo de problemas que ya conocen, aunque pertenezcan a otros ámbitos. De tal modo, los expertos piensan qué significa realmente el problema en cuestión, mientras que los novatos se quedan en la búsqueda de qué dice el problema.

Es en esta parte honda de la estructura del conocimiento de cada área, que se puede transferir lo que se sabe de un ámbito para aplicarlo en otro, y en el caso de las matemáticas y la música, lo común que subyace a ambas áreas es mucho más de lo que se puede percibir desde la superficie. “Un músico entrenado encuentra orden en lo que es esencialmente sonido organizado arbitrariamente, y ha construido conceptualmente un sistema de patrones, relaciones, regularidades, series, proporciones, fracciones, subdivisiones y ratios, representadas y entendidas mediante un complejo sistema símbolos. De tal modo que un traslape en las estructuras profundas del conocimiento musical y matemático puede esperarse en un gran número de áreas[3]”, explican Bahr y Christensen en su publicación del 2000.

En el estudio dirigido por estas doctoras, se encontró que en los ámbitos de matemáticas y música, los alumnos que han tenido entrenamiento musical se desempeñan mucho mejor que los alumnos sin entrenamiento en las áreas de matemáticas que se traslapan con estructuras del conocimiento musical[4]. Este estudio también sostiene teorías como la de Zohar, que sugiere que la transferencia de conocimiento sucede como resultado de una similitud estructural profunda entre los ámbitos. Bahr y Christensen argumentan que esta transferencia puede suceder de forma espontánea y sin instrucción previa que facilite la transferencia (en su estudio, a dichos alumnos de 15 años —con y sin entrenamiento musical— se les asignaron tanto pruebas matemáticas como musicales, sin instrucciones que indicaran el cambio de ámbito y mucho menos sus áreas similares).

Así, que tu hijo inicie un estudio más formal de música (particularmente la creación de música, más que la apreciación) lo dotará de formas de entender y organizar el mundo que podrá aplicar en muchos más campos, y todo sin siquiera percatarse de ello. Si para este nuevo ciclo estás pensando en actividades extracurriculares que le aporten más a distintas dimensiones del crecimiento de tu hijo, además de resolver situaciones de agendas de papás y/o mamás que trabajan, la música puede ser una opción con grandes beneficios. El desarrollo de nuevas rutas mentales ayudará a fortalecer sus conocimientos y dominio en áreas del lenguaje y de las matemáticas, entre otras, pero lo más importante es inducirlo y apoyarlo en una actividad como la música, si naturalmente tiene una inclinación hacia ella, o si te lo demanda de forma más abierta. Forzar un conocimiento o un gusto no ayuda en mucho, pues el niño no tendrá la apertura ni la curiosidad que son necesarios a la hora de aprender, pues como recordamos, el juego y el disfrute son fundamentales en los procesos de aprendizaje de los niños.


[1] Winter, H. N. (2016). “THE LINK BETWEEN MUSIC LESSON AND IQ IN CHILDREN”. American Music Teacher, 66(2), pp. 14-18.

[2] Ídem.

[3] Bahr, N., & Christensen, C. A. (2000). “INTER-DOMAIN TRANSFER BETWEEN MATHEMATICAL SKILL AND MUSICIANSHIP”. Journal Of Structural Learning & Intelligent Systems, 14(3), p. 187.

[4] Ídem.

Haz el mejor “nido de estudio” de tu vida

Por Equipo Montenegro

A esta altura del receso escolar, ya están casi listos los útiles, esa mochila especial se resiste a llegar y las vacaciones casi se acaban… es el momento justo de pensar en un espacio para apoyarnos durante todo el ciclo escolar que está por comenzar.

Pero ese espacio, en algunas ocasiones, ya está asignado en casa sin ser el ideal. Te daremos algunas ideas para que, sin importar el tamaño de casa o los recursos, sepas elegir el mejor lugar en casa para convertirlo en un verdadero nido de estudios que ayude a tu concentración, organización y se refleje en mejores calificaciones y menos estrés.

Primero que nada debemos preguntarnos: ¿qué debe tener el espacio ideal para estudiar? Esto se puede responder sencillamente en tres puntos:

Buena iluminación.
Buena equipación.
Aire circulando.

Así que ya puedes ir descartando tu closet, por más libre de ruido que esté. Necesitas también luz, natural de preferencia, y aire, sobre todo uno que se renueve por sí solo, como una ventana cercana.

Ahora lo que necesitas hacer es tomar decisiones.

1. Espacio de trabajo

La superficie que utilices para estudiar será tu mejor aliada o tu ruina. Lo recomendable es una mesa amplia, lo suficientemente larga para que todas tus herramientas se acomoden y dejen espacio a los libros y libretas, o lo suficientemente versátil para darte espacio acondicionable.

2. Asiento

Recuerda que pasarás horas sentado estudiando o leyendo, así que más vale encontrar un asiento cómodo y que ayude a tu buena postura. Las sillas de oficina están pensadas para usos prolongados, así que son una buena opción. Pero un sillón cómodo no se puede descartar.

3. Iluminación

Como dijimos antes, que haya luz natural es muy importante. Si tu espacio habitual no cuenta con abundante luz natural, analiza si puedes cambiarlo. De no ser posible el cambio, asegúrate de que tengas iluminación artificial que suplante la luz natural. Hay focos especiales para ello.

4. Herramientas

Necesitas tener al alcance de tus manos todo lo indispensable. Dale un espacio a cada cosa, así evitarás pérdidas de tiempo buscando las herramientas para la tarea y te podrás enfocar más en la tarea.

5. Organización

Debes mantener una base de pasos, procesos y/o tareas a realizar a manera de planeación para que cada día sepas exactamente dónde comenzar, qué herramientas necesitas para cada tarea y cuánto tiempo tienes.

6. Medición del tiempo

Importante para descansar correctamente es no trabajar de más. Asigna una cantidad determinada de horas para estudiar, después divide ese tiempo entre las tareas y ten siempre a la mano un reloj para medir tu progreso y evitar estancarte.

 

Como ves, encontrar el mejor lugar para estudiar depende más de voluntad que de recursos. Ahora también te recomendamos apropiarte del espacio con aquellas cosas que te motiven a hacerlo mejor: una foto, una frase inspiracional o un objeto que te traiga paz mental son lo recomendable. Y ahora sí. ¡A estudiar mucho!

Protegido del fracaso, protegido del éxito

Aunque como adultos podemos escuchar o leer todo tipo de frases motivacionales que nos incentivan a salir de nuestra zona de confort para “ir por lo que queremos” en gran cantidad de publicaciones y, por ello, nos pueda parecer un tema ya comprendido, cotidiano y hasta ligero, lo que hay detrás del miedo al fracaso es mucho más complejo y nos alcanza a todos: adultos y niños. Como padres y maestros podemos incidir, deliberada o inconscientemente en la medida en que el miedo al fracaso limite o llene de herramientas al desarrollo —y vida en general— de nuestros niños.

La cabalgata hacia el éxito nunca está libre de fracasos

La escritora y comentarista Margie Warrell —con formación en negocios y psicología— lo ilustra de forma muy clara en una de sus columnas para la revista de negocios Forbes: “(…) el crecimiento y la comodidad no pueden cabalgar sobre el mismo caballo”[1]. En un artículo en donde habla tanto desde su experiencia en el mundo empresarial —que incluye programas para la NASA— y psicológico, como desde su faceta como madre, Warrell nos recuerda de los graves estragos que conlleva una crianza que busca apartar todo riesgo de la vida de los niños, incluido el contacto con el fracaso, no sin reconocer el reto que como padres implica distinguir la línea entre el instinto primordial de proteger a nuestros hijos contra toda amenaza, y motivarlos a asumir riesgos para que sigan jugando/aprendiendo/creciendo.

Según Warrell, hoy en día son cada vez más los niños que crecen sintiendo una presión excesiva por ser exitosos desde edades muy tempranas, y se vuelve más común encontrarnos con adolescentes que optan por abandonar actividades por el miedo a asumir el riesgo de ser duramente juzgados, muchas veces -sobre todo- juzgados por padres sumamente exigentes. Estos estándares de adultos les empiezan a robar a los niños su niñez al no darles la libertad emocional, física y mental de ser solamente niños. Bajo esta línea podemos ver claramente cómo nuestros propios miedos o temas sin resolver, aún en nuestra adultez, pasan a marcar peligrosamente el camino de nuestros hijos, que muchas veces prefieren ya no caminar.

Equipados con el arsenal del fracaso

Uno de los peligros más grandes en la vida de cualquier persona es probablemente aquel de asumir el “mejor no jugar que arriesgar”, la peligrosa seguridad de vivir en un porcentaje de todo nuestro potencial con el fin de evitar resultados no favorables. Warrell dice que ha observado cómo, tras las pérdidas en distintas áreas y actividades extra curriculares de cada uno de sus cuatro hijos, a través de los años, la mayoría de las mejores lecciones de vida vienen de las derrotas por puntajes reñidos, de las casi-victorias o del no llegar a la última selección. Son éstas las lecciones que nos traen una comprensión más allá de la carrera jugada y que nos arman de resiliencia, capacidad de gran valor para enfrentar los retos incesantes de la vida.

Desde su experiencia profesional, Warrell nos recuerda que la mayoría de casos de empresarios exitosos no salen de un historial limpio de promedios de 10 y medallas de oro, se trata de personas que han tenido su buen número de fracasos en el camino a la adultez, pero que aprendieron que el fracaso es un evento y no su persona, y que les ha permitido construir una confianza lo suficientemente fuerte para ir tras metas ambiciosas, a pesar del riesgo a que se den resultados no favorables: los resultados no los definen.

En el corazón del fracaso

Según Martin Covington, profesor de la Universidad de Berkeley y especialista en educación e investigador del área social-personalidad, el miedo al fracaso está vinculado directamente con nuestro concepto de valor (self-worth) y autoestima, “o a la creencia de que eres valioso como persona”[2]. El miedo al fracaso entonces permea —o socava— nuestra identidad: no es un elemento que podamos sacudir a la primera, será probablemente una batalla que se tendrá que ir ganando día a día y en la que nosotros como padres podemos ayudar a que nuestros hijos tengan un soporte sólido en ellos mismos para ser capaces de afrontar los retos de forma en que su autoestima crezca.

Para Covington, entre otras observaciones, es importante que los padres no opten por prácticas que avergüencen o castiguen los fracasos de los niños, sino que reconozcan y celebren su éxitos; que se les aliente a que jueguen, aprendan y se arriesguen por el gusto de hacerlo, y hacer ver que su valía como personas es completamente independiente de los resultados que produzcan.

Tanto Warrell como Covington nos invitan a enseñar a nuestros hijos a asumir el riesgo de equivocarse, a desafiar las reglas y hacer su propia suerte; a ayudarlos a que separen su valía de los resultados que obtengan, aprovechar cada oportunidad para hacerles ver que lo más importante no es ser alabado como el héroe, sino tener el valor de intentarlo: lo valioso es lo que se aprende detrás de cada intento.


[1] Warrell, M. (2015). “Prepare your kids for success: teach them how to fail”. Forbes. [Revisado en: https://www.forbes.com/sites/margiewarrell/2015/12/05/prepare-your-kids-for-success-teach-them-how-to-fail/]

[2] Covington en Zakrzew, V. “How to help kids overcome fear of failure”. Greater Good Magazine. Diciembre, 2013. [Obtenido en línea en: https://greatergood.berkeley.edu/article/item/how_to_help_kids_overcome_fear_of_failure]

5 métodos para educar en la responsabilidad mediante la autoevaluación

autoevaluación

Comprobado por pedagogos, recomendado por la agencia para la infancia de la ONU (Unicef), la evaluación completa el ciclo de aprendizaje al educar en la responsabilidad y brindarle al profesor un panorama psico-educativo de sus pupilos

 

Como todo lo que tiene un impacto duradero en la vida, la autoevaluación escolar, más que un instrumento de medición es un estilo de vida. Implementar y conocer la diferencia implícita en ello ofrece al docente y al alumno una vía a la vez natural y perdurable para reforzar constantemente no sólo los conocimientos, sino la habilidad de aprender a aprender.

“El proceso de autoevaluación genera espacios para tomar conciencia del estilo de liderazgo imperante en la organización; la cultura y el clima social escolar; el grado de satisfacción de sus docentes y directivos, y para explicitar conflictos interpersonales que yacen sumergidos o ignorados”, concluyen los chilenos Gracia Navarro Saldaña y Jorge E. Jiménez en su estudio sobre la Autoevaluación como herramienta para la Universidad de Concepción (Chile).

Pero otros investigadores también han confirmado que alentar en los alumnos y cuerpo docente la reflexión sobre sus desempeños académicos “es la estrategia por excelencia para educar en la responsabilidad y para aprender a valorar, criticar y a reflexionar sobre el proceso de enseñanza y aprendizaje individual” (Calatayud, 2002; 1999).

 

Los cinco métodos avalados por la Unicef

autoevaluación

 1. Bloc de autoevaluación

Se trata de una actividad en la que el estudiante evidencia los esfuerzos realizados, la valoración del trabajo conseguido (¿qué sabía?, ¿cómo lo he aprendido?, ¿qué sé yo ahora?) en relación a contenidos tanto del ámbito conceptual, de procedimiento y de actitud, cuáles han sido las mejores ideas, los logros conseguidos en los distintos ámbitos de conocimiento.

 

2. Hoja de Plan Semanal

El objetivo de esta actividad es motivar al alumno para que sea responsable de sus acciones. Él sabe que tiene una semana para realizar determinadas actividades y él mismo ha de responder de su realización.

 

3. Herramientas elaboradas por el profesor

Se trata de actividades que el docente diseña con el objeto de evaluar y comprender cómo el alumno va consiguiendo los aprendizajes. Para ello se elaboran cuestionarios, listas de control, escalas de estimación, protocolos, etcétera, para recoger las informaciones relevantes sobre el proceso de enseñanza y aprendizaje realizado.

 

4. El diario del estudiante

La reflexión sobre el diario permite detectar problemas, hacer explícitas las concepciones y posibilitar mejoras en el proceso. Desde nuestro punto de vista, el diario es uno de los instrumentos más útiles para llegar al conocimiento, análisis, comprensión y valoración del proceso de enseñanza y aprendizaje que realiza el estudiante, así como también para conocer y respetar el ritmo de aprendizaje de cada uno de ellos.

 

5. El portafolio del estudiante

El portafolio es una colección de trabajos, actividades, etcétera, que el alumno ha realizado durante un curso. Pero quizás lo más importante de esta selección de actividades radique en que éste ha de estar compuesto por aquellas actividades que han permitido al discente[1] tanto la posibilidad de valorarse más a sí mismos, como de sentirse más seguros de sí mismos.


[1] Estudiante o persona que recibe enseñanza.

Apoyo familiar en la vida escolar de los niños

Apoyo familiar, #SoyMaestroMontenegro

El efecto del apoyo familiar

A pesar de que existe una variedad de resultados en distintos estudios realizados, en general, la participación de los padres (el apoyo familiar) en la vida académica de los niños es considerada un medio por el cual las escuelas mejoran los logros de los niños que tienen un desempeño bajo[1]. El efecto del involucramiento de los padres en el desarrollo escolar de los niños tiene que ver con su función de enlace o puente entre los dos contextos principales en los que se mueve el niño: la escuela y el hogar. Los teóricos de psicología del desarrollo Urie Bronfenbrenner —teoría de los sistemas ecológicos del desarrollo infantil— y Stephen Ceci —experto en el desarrollo de la inteligencia y la memoria— lo explican bajo un marco ecológico: “los contextos del hogar y la escuela (…) son microsistemas autónomos, y la participación parental es conceptualizada como un mesosistema, que está configurado por las interacciones entre los microsistemas clave”[2]. De este modo, los padres son un agente importante en la vinculación de los dos contextos principales en la vida del niño y, por tanto, en los aprendizajes que se mueven y logran entre ambas esferas.

Aunque cada contexto ofrece ambientes de aprendizaje distintos, juntos interactúan para ofrecer una influencia muy fuerte. Para investigadores como Berger, El Nokali, Bachman y Votruba-Dzral, la participación de los padres es entendida como el producto de la interacción de las influencias en los escenarios de la escuela y el hogar al proveer continuidad entre los dos ambientes. La continuidad es justamente clave al contemplar la función y relevancia de nuestra participación en la vida escolar de nuestros niños.

No es de sorprender, entonces, que la participación de los padres en la educación de sus hijos sea tan solicitada y motivada por docentes, proveedores de educación y cuidados infantiles, investigadores, etcétera.

 

Las distintas formas del involucramiento de los padres

Queda clara la importancia de la participación de los padres —con base en su función—, pero ¿de qué forma se da? Según Berger y sus colaboradores, en un estudio para evaluar el impacto de la participación de los padres en el desarrollo académico y social de los niños, incluso actitudes y acciones pequeñas pueden llevar a efectos positivos para el desarrollo del niño. Argumentan, por ejemplo, que si los padres están al tanto de las metas instruidas por el maestro, éstos pueden proveer los recursos y el apoyo en el hogar para esos aprendizajes proyectados. El sólo estar informados de lo que se quiere lograr desde el actuar de los docentes, puede hacernos más vigilantes y proactivos del logro de ciertos objetivos.

Además del aspecto académico, según estos investigadores, el efecto del involucramiento de los padres también se da en el ámbito del desarrollo social. Los valores y actitudes cultivados y practicados en casa pueden facilitar el desarrollo de enfoques disciplinarios consistentes, mismos que atraviesan tanto la esfera del hogar, como la escolar. Existe evidencia acumulada que sugiere que este tipo de prácticas parentales están asociadas con un éxito académico mayor en los grados iniciales[3].

 

Efectos en lo académico

Berger y sus colaboradores encontraron evidencia en literatura previa (por ejemplo, Fan y Chan [2001]) de asociaciones positivas entre el involucramiento de los padres de familia y los logros académicos en preescolar, en específico en una variedad de habilidades de aprendizaje y académicas, como la motivación por logros, la persistencia en la conclusión de tareas y la capacidad de comprensión de vocabulario.

 

Qué puedo hacer para apoyar a mi hijo en su vida escolar

Como padres, hay muchas cosas (pequeñas y grandes) que podemos hacer para ayudar a nuestros hijos a alcanzar sus logros escolares. Desde situaciones informativas, como conocer el programa de estudios que se lleva en la escuela, al igual que los temas y fechas en los que serán tratados, a aquellas de mayor participación presencial, como asistir a las juntas escolares y dedicar tiempo para supervisar y ayudar en la realización de sus tareas en casa. Hay muchas acciones o ajustes en nuestras rutinas que podemos realizar que sólo inician con una actitud de responsabilidad e interés por estar presentes lo más posible en el ámbito educativo de nuestros hijos.

Esto y más consejos, e información concisa sobre el tema de la importancia de la familia en el desarrollo escolar de los niños, y cómo llevar a cabo dicha participación, en la Guía de Padres de Montenegro, disponible de forma gratuita desde la sección de Padres de nuestro sitio oficial.


[1] Berger en El Nokali, Bachman y Votruba-Drzal.

[2] El Nokali, N. E., Bachman, H. J., & Votruba-Drzal, E. (2010). “Parent Involvement and Children’s Academic and Social Development in Elementary School”. Child Development, 81(3), 988–1005. http://doi.org/10.1111/j.1467-8624.2010.01447.x [Revisado en https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC2973328/]

[3] Ídem.

Cómo prepararse en familia para un examen

Prepararse para un examen

Así como sentimos que hemos fallado como padres, guías y educadores, cuando un alumno reprueba un examen, todos podemos ser parte de la solución al apoyar a los educandos en su preparación y no exclusivamente de forma académica. A continuación te damos algunos consejos para preparar un examen en familia.

 

Estar al día con las tareas

No hay mejor forma que estar al día. Punto. Si ayudas a tu hijo con las tareas lo estás ayudando a estar listo para cada examen, porque los conocimientos estarán frescos y accesibles. Además, es una oportunidad para ver cada asignación diaria como un repaso. No sólo hagan la tarea, apréndanla.

 

Comunicación con el maestro

Habla con su maestro o maestra sobre las áreas donde tu hijo necesita más apoyo y aquellas en las que tenga mayor facilidad de aprendizaje. ¡Así sabrás dónde apoyarlo! Esto también evitará que los periodos de pruebas los tomen desprevenidos, ya que la planeación lo es todo.

 

Lee con tu hijo regularmente

Una manera muy eficaz de repasar temas y asignaturas con tus hijos es leer. Leer textos de y sobre las materias en las que tendrán pruebas. Enciclopedias y artículos son ideales para materias de ciencias sociales, mientras que los libros de ejercicios matemáticos, que combinan la práctica con actividades lúdicas, son ideales más allá de los textos obligatorios.

 

Practica para los exámenes

El ensayar las condiciones de un examen (el silencio, la concentración y el límite de tiempo) en casa puede reducir significativamente el estrés del alumno al realizar la prueba real. Hacer esto también ayuda a detectar conocimientos que necesitan ser reforzados y habilidades que necesitan ser mejoradas (como leer bien las instrucciones o rellenar espacios adecuadamente).

 

Técnicas de relajación

El estrés y el nerviosismo llegarán inevitablemente, tanto con la práctica como con la realización de la actividad en sí, por lo que no es para nada una mala idea aprender una o dos formas de relajación. Pueden intentar con música, técnicas de respiración o meditación, para lograr la paz mental necesaria y estar listos para esos exámenes.

 

Háblale de cómo será

Una buena anécdota de papá o mamá sobre cómo era para ellos hacer exámenes ayudará a aliviar la tensión y  preparara a tu hijo para vivir las pruebas sin el estrés que conlleva una situación de evaluación, donde los estudiantes se sienten examinados no sólo a nivel académico sino personal. Cualquier información extra antes del examen ayuda a verlo con mayor naturalidad.

Además, nunca sobran los premios o recompensas; recuerda que todo es aprendizaje y un trabajo bien hecho siempre tiene recompensas.