Educación

Criar en la diversidad: algo más que una moda

Por Equipo Montenegro

 

Para la Organización de las Naciones Unidas, la diversidad es “una fuerza motriz del desarrollo”. Durante los últimos 15 años en Latinoamérica, se han escrito leyes para protegerla incluso a nivel constitucional. Las escuelas privadas y públicas mantienen desde hace algunos años actividades de sensibilización sobre la diversidad y promueven el multiculturalismo… y aun así podemos escuchar de vez en cuando a alguien usar “indio” como sinónimo de insulto, o llamar a alguien “centroamericano” como si fuera una mala palabra.

¿Es que han fracasado las buenas intenciones de autoridades y sociedad civil organizada? No, en lo absoluto. Simplemente hace falta más trabajo en casa para lograr una sociedad realmente abierta a abrazar su diversidad intrínseca. Y hoy, brindar a nuestros hijos una educación que fomente la tolerancia, la diversidad y el respeto al espacio público ya no es más una moda, es una obligación moral con la siguiente generación que está llamada a dar el gran salto ético hacia adelante, hacia sociedades que aprovechen los beneficios de su diversidad, en lugar de explotar sus flaquezas.

Comencemos en casa, ¿qué podemos hacer por nuestros hijos?

Podemos resumirlo en siete consejos para criar en la diversidad:

  1. Crea un entorno de aprendizaje abierto.
  2. Ejerce siempre una actitud y mentalidad abiertas.
  3. Enséñales idiomas y otras culturas.
  4. Exponlos a distintas actividades y culturas.
  5. Nunca censures, déjalos ser curiosos.
  6. Respeta su individualidad.
  7. Edúcalos para lidiar con las críticas y prejuicios.

 

Crear un entorno de aprendizaje abierto es generar y fomentar la curiosidad más allá del aula; para ello no debe haber temas prohibidos o tabúes, salvo aquellos que estén muy adelante de su etapa formativa. Pero como seres humanos en un entorno cambiante, debemos estar preparados para hablar con ellos sobre cualquier tema.

Como padres, tutores o guías somos un ejemplo viviente para los chicos, así que tú debes mantener siempre una actitud y mentalidad abierta. Si te preguntan sobre un tema, dales diversos puntos de vista sobre él, especificando el que tú prefieres si así lo deseas, pero déjalos juzgar por ellos mismos. Si complementas estas acciones con la enseñanza de otros idiomas o culturas, aunque sea a nivel lúdico, los expondrás a otras culturas y formas de pensamiento que les ayudarán a permanecer curiosos. ¡Ah!, y cuando lo sean, no censures. Permite que exploren su realidad como lo harían con un libro, con guías, pero sin lugares prohibidos. De esta manera podrás respetar su individualidad, primera esencia de la diversidad. También deberás exponerlos a críticas constructivas o prejuicios, tanto para que aprendan a distinguirlos como para que sepan cómo manejar el rechazo en un mundo donde la tolerancia es ley, pero la aceptación escasea.

¿Alguna idea sobre cómo ayudar a hacer nuestro mundo más amable? Escríbenos… nos encanta saber de ti.

Resiliencia infantil. Cómo criar hijos más fuertes emocionalmente

Por Equipo Montenegro

 

Tal vez hayas escuchado mucho últimamente esta palabra: resiliencia. ¿Pero qué significa cuando hablamos de crianza y educación? ¿Qué significa criar niños resilientes?

Primero debemos explicar brevemente qué es la resiliencia.

La explicación sencilla es que la resiliencia es la capacidad que tiene una persona para superar circunstancias traumáticas y/o difíciles. El concepto de resiliencia, sin embargo, también abarca la capacidad del ser humano para recuperarse de esos hechos traumáticos, para superarlos y transformar esa experiencia en un motor de crecimiento.

¿Y qué significa esto para un niño?

A veces pensamos en los niños como seres humanos con una menor capacidad de pensamiento o de sentimiento, pero la verdad es otra muy distinta. Los niños también enfrentan retos, derrotas y dolor a través de su día a día. Para algunos de ellos incluso eso significa pasar por eventos traumáticos diariamente. Un divorcio, la muerte de un familiar (creemos que no lo sienten, pero ellos viven junto a nosotros la muerte de la abuelita también) o incluso una mala relación escolar, son factores que afectan a los más pequeños.

Algunos de estos eventos dejan cicatrices invisibles que, de no ser tratadas con estrategias de fortalecimiento emocional, pueden ocasionar problemas sentimentales y psicológicos… por eso te vamos a dar 10 pasos para fomentar la resiliencia infantil, recomendados por la Asociación Americana de Psicología (EUA).

 

1. Hacer y tener amigos

Enseña y anima a tus hijos a hacer y tener amigos. Paralelamente, desarrolla una red familiar fuerte para que los niños se sientan amparados y aceptados. En la escuela, hay que estar atento al hecho de que ningún niño esté aislado. Las relaciones personales fortalecen la resiliencia de los niños y les brinda apoyo social.

 

2. Enseñar a los niños a ayudar a los demás

Ayuda a tu hijo haciendo que él ayude a los demás. Ayudar a otros puede permitirle superar la sensación de impotencia. A través de trabajos voluntarios apropiados a su edad, así como de pequeñas tareas caseras, los niños se sentirán valorados. En la escuela, se pueden ejercitar pequeñas iniciativas para ayudar a los demás.

 

3. Mantener una rutina diaria

Ayuda a tu hijo a establecer una rutina diaria y a seguirla. El respeto a la rutina es un sentimiento reconfortante para los niños, especialmente para los más pequeños. Ellos necesitan saber que están cumpliendo y haciendo bien sus tareas para crear una buena autoimagen.

 

4. Combatir la inquietud y la preocupación

Tan importante como seguir una rutina es no obsesionarse con ella. Enseña a tu hijo a concentrarse en sus propósitos pero también a descansar y hacer cosas diferentes. Es necesario que los niños estudien pero que también jueguen y se diviertan.

 

5. Enseñar a los niños a cuidarse

Es importante que todos cuidemos nuestra salud, nuestra apariencia, nuestro descanso… Eso debe ser inculcado en los niños, desde pequeños. Con el ejemplo, podemos enseñar a los niños a cuidarse, a que se quieran haciendo deporte, jugando, comiendo, durmiendo bien, etcétera.

 

6. Animar a los niños a fijarse metas

Fechas importantes como el inicio del año o un cumpleaños son ideales para enseñar a los niños a establecer algunas metas en su vida. Objetivos que ellos pueden alcanzar por sí solos. Así experimentarán el valor del logro, del éxito, y disfrutarán de los elogios. Aprenderán que tener desafíos les hacen sentirse “grandes”.

 

7. Alimentar una autoestima positiva

Ayuda a tu hijo a recordar cómo pudo lidiar satisfactoriamente con dificultades en el pasado y luego a entender que esos desafíos pasados lo han hecho fuerte para desafíos futuros. Ayuda a que aprenda a confiar en sí mismo para resolver los problemas y tomar las decisiones adecuadas. Enséñale a tomar la vida con humor, así como a reírse de sí mismo. En la escuela, ayuda a los niños a ver cómo los logros individuales contribuyen al bienestar de la clase como un todo.

 

8. Enseñar a los niños a ver lo positivo, incluso en las cosas malas

Fomentar una actitud positiva frente a las adversidades ayudará a los niños a enfrentarse a las dificultades con optimismo y positivismo. Aprenderán que después de una tempestad siempre viene la calma y que no hay que desesperarse. En la escuela, los niños pueden escuchar cuentos y desarrollar actividades que muestren que la vida sigue después de las adversidades.

 

9. Estimular el autoconocimiento en los niños

Hay que enseñar a los niños que con todo se aprende y se crece. Ayuda a que tu hijo vea cómo lo que enfrenta puede enseñarle a entender de qué está hecho. En la escuela, considera conversaciones sobre lo que ha aprendido cada estudiante después de enfrentarse a una situación difícil.

 

10. Aceptar que el cambio es parte de la vida

Los cambios pueden a menudo ser terribles para los niños y adolescentes. Ayuda a tu hijo a ver que el cambio forma parte de la vida y que se puede reemplazar una vieja meta con nuevas. En la escuela, se puede discutir cómo los cambios han tenido un impacto sobre su vida.

Sí, puedes educar con la televisión… sólo involúcrate más

Si naciste en los setenta u ochenta del siglo pasado y ya eres padre, recordarás que las caricaturas que veíamos no solían ser tan educativas como los productos que actualmente existen. Ni estaban tan especializados.

Estamos hablando de series animadas como los Thundercats, los Halcones Galácticos, Voltron, Mazinger Z, Candy Candy, Heidi, Remy, Los Snorkels, Los Rescatadores o Don Gato y su Pandilla. El día de hoy nos parecen muy inocentes pero algunas de esas series tienen secuencias realmente violentas que aún hoy necesitan un adulto que guíe a los niños más pequeños durante su consumo. Nada que ver con las series hechas especialmente para preescolares que abundan en la televisión por cable en México. Son caricaturas diseñadas para enseñar habilidades matemáticas básicas como Equipo Umizoomi, o manejo de emociones como Daniel Tigre, u otros idiomas como Ni Hao, Kai-Lan.

Definitivamente, si lo buscas, hay suficiente programación como para que la también llamada “Caja idiota” sea más interesante. Pero para muchos padres, la pregunta persiste: ¿puedo educar a mis hijos con la televisión?

La respuesta es sí, pero debes ser proactivo y acompañar a tus hijos a formarse hábitos sanos de consumo televisivo. Aquí algunas recomendaciones:

 

  1. La televisión educa.

Como lo han demostrado los investigadores de la conducta, la televisión impacta en las habilidades futuras de los niños como estudiantes, haciendo que puntuen más alto en algunas actividades escolares relacionadas con lo sensorial, pero también genera una forma de aprendizaje “menos ordenada” que el esfuerzo de leer un libro.

Por eso los expertos en pedagogía recomiendan un balance entre la lectura de libros y el tiempo de televisión. “No hay que olvidar que en la televisión tiene más prioridad el pensamiento asociativo y primario versus el pensamiento reflexivo, lógico o racional. En este sentido, se dice que genera un discurso diferente”, dice Concepción Medrano en su artículo “El poder educativo de la televisión”.

 

  1. Todo con medida.

Ahora bien, la televisión, como todos los consumos que están disponibles para nuestros hijos, necesita ser administrada con tacto para que tenga un efecto benéfico en lugar de dañino en su desarrollo. En México se especula que los niños pasan un promedio de 2 a 4 horas viendo televisión, y lo ideal de acuerdo a los expertos en desarrollo infantil es unos 60 o 90 minutos diarios.

Como hábito, también es importante establecer cuándo y a qué hora se hará consumo de la televisión, así como las acciones que se deben realizar previa y posteriormente a ese tiempo. Usarlo como un premio o castigo resulta en un mayor apego al aparato, por lo cual es mejor dejarlo como algo irrelevante. Algunos sustitutos de entretenimiento son escuchar música, realizar actividades creativas, frecuentar juegos físicos y tradicionales, así como videojuegos, mismos que también han de consumirse de acuerdo a la edad y en cantidades de tiempo moderadas.

 

  1. Cuida lo que consumes.

Como ya hemos platicado, hay un menú amplio de series animadas aptas para los peques. Canales como Baby Tv, Discovery Kids, Disney Jr. y Nick Jr. transmiten contenido pensando en edades preescolares y de primera infancia que te ayudarán a entretener y reforzar (ojo: reforzar, no susitutuir) la educación social y mental de tus hijos. Conoce su programación y ve junto con ellos algunas historias, así sabrás aprovechar las herramientas que proveen series como Bubble Guppies o Equipo Umizoomi para las habilidades lógico-matemáticas; además, convivirás con tus hijos. También podrás ver para que edades están recomendadas las series animadas, y entender cuándo son apropiadas para ellos.

Otro punto de mucho cuidado es que hay muchas series animadas para adultos, así que conocer la oferta te ayudará a evitar aquel terror que sentían nuestros padres cuando llegó South Park a nuestra vida.

Acerca a tus hijos a la lectura

Hacer que los chicos se interesen en la lectura de libros análogos puede ser todo un reto. Y si tomamos en cuenta que investigaciones realizadas en Estados Unidos por neurólogos afirman que el cerebro moderno ha reducido su capacidad de atención a unos cinco minutos ininterrumpidos (cuando hace 50 años el promedio era de 21), estamos ante un reto incluso mayor. Pero, como padres, tenemos la capacidad no sólo de formar a un lector, sino a un promotor de la lectura en cada hijo.

Una de las lecciones más valiosas que el promotor de la lectura y ensayista Juan Domingo Argüelles comparte de sus décadas de trabajo en la promoción de la lectura, es hacer del libro un “juguete más” para los más pequeños. Un “cuidado, no toques los libros”, dicho en un tono severo o admonitorio puede resultar en toda una vida alejada de los libros. Claro, no te pedimos que dejes esa copia autografiada al alcance de tu preescolar, ya que ellos están explorando el mundo y lo que tocan lo transforman, lo hacen propio y lo adoptan.

Así que un gran primer paso para acercar a tus hijos a la lectura es integrar el libro a su vida cotidiana. Hay libros para preescolares para los cuales no se requieren habilidades de lecto-escritura. Libros para el baño, con imágenes o sonidos, así como de texturas, son ideales para los bebés desde los 6 meses hasta niños con 4 o 5 años.

Para los que ya comienzan a aprender, hay muchas opciones de libros de lectura con textos breves, en letras grandes e historias que desarrollan sus habilidades de comprensión y refuerzan las de exploración del mundo. Estos libros deben contar también con el apoyo de los papás, incluso hay historias especiales para la hora de dormir.

Ahora, para los niños de 9 a 14 años existen muchas colecciones de cuentos o relatos con una mayor extensión y con temas que hablan sobre sus experiencias o invitan a la imaginación. Es importante, en esta etapa, reforzar en ellos la identidad como lectores a través de promover su propia biblioteca. Crear un espacio especial para la lectura en su cuarto o en casa refuerza su apego a la actividad.

Otra gran oportunidad para acercar a tus hijos a la lectura son los cuenta-cuentos. Pueden ser profesionales de la promoción, como en varias ciudades del país existen, o familiares especialmente buenos para contar historias. En diversas bibliotecas públicas hay ciclos de actividades de promoción de la lectura, acércate a la tuya.

Algo que hará que tus hijos definitivamente sientan afecto por los libros y la lectura es el ejemplo. Si ellos te ven con un libro entre las manos, perdido en su lectura, no tengas duda, se engancharán a la lectura.

Así que, resumiendo, puedes acercar a tus hijos a la lectura con las siguientes actividades:

  1. El libro como juguete (adecuado a su edad).
  2. El libro como tiempo compartido con papás.
  3. El libro como actividad lúdica (con cuenta-cuentos y actividades).
  4. El libro como parte de su identidad (a través de espacios propios).
  5. El libro como algo familiar (predicando con el ejemplo).

Understood: en los zapatos del día a día de los trastornos por déficit de atención

Son pocos los proyectos tan integrales con los que nos hemos topado en la red que atiendan desde diversos ángulos a alguna problemática específica en los procesos de desarrollo infantil, como lo es el sitio Understood. Menos aún los que cuentan con bastantes recursos de forma gratuita. Te invitamos a conocer un poco más sobre este sitio que reúne y comparte expertise desde distintas esferas para atender y acompañar a padres en cuyo hogar existe algún caso de trastorno por déficit de atención con hiperactividad.

 

Un esfuerzo integral y colectivo para un problema común y complejo

El trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) es una realidad para millones de familias tanto en Estados Unidos —en donde 11 % de los niños entre 4 y 17 años han sido diagnosticados con él, lo que equivale a 6.4 millones de niños[1]— como en México —8 % de los niños en edad escolar presenta TDAH[2]— y el mundo, por lo que en varios países es considerado como un problema de salud pública. Debido tanto al volumen de población infantil que este trastorno afecta, como a su injerencia en el desarrollo de quienes lo presentan, son varios los esfuerzos de organizaciones y comunidades para manejar y superar sus retos. Uno de estos esfuerzos es Understood.

El proyecto Understood vincula a 15 organizaciones sin fines de lucro para ofrecer guía, apoyo y recursos a los padres de chicos con dificultades de aprendizaje y de atención a través de un portal de internet. La oferta de Understood considera a varios actores y ámbitos, pues articula recursos tanto de expertos en temas de educación, psicología, desarrollo y salud, como experiencias de padres y de los propios niños diagnosticados con TDAH, por lo que en el sitio se puede tener acceso a materiales y publicaciones estudiadas desde los distintos ángulos de este trastorno: desde el ojo del experto externo, del padre, tutor o maestro que vigila en la cotidianidad al TDAH,  hasta del propio paciente con sus distintas formas de vivirlo y superarlo. El portal combina tecnología con una importante fuente de expertos en distintos ámbitos del tema que, además, están en línea todos los días de forma gratuita. Debido al importante componente latino de la población estadounidense, el sitio Understood está disponible tanto en inglés como en español.

 

Conocer para actuar

Understood es una referencia para consultar e irse adentrando en la comprensión de problemas de aprendizaje y atención en niños, por lo que el apartado que profundiza lo que son los trastornos por déficit de atención con hiperactividad (como la dislexia) es por demás completo y accesible. Aborda desde las aclaraciones puntuales y sencillas de lo que son estos trastornos, lo que no son, sus implicaciones cerebrales, las diferencias entre discapacidades de aprendizaje y problemas tanto de atención como de aprendizaje, tipos de trastornos, síntomas, tratamientos y aproximaciones, hasta los distintos términos que se utilizan para referirse a ellos en distintas esferas, o una explicación de las diferencias en cómo visualizan estos problemas de aprendizaje y atención tú y tus hijos. La información del tema y el tratamiento por la organización es, por de más, esclarecedora… y este apartado es sólo la introducción. Si estás comenzando a investigar el tema, es un sitio que definitivamente merece una visita, pues para poder encontrar opciones a la medida de tu niño y tus rutinas, informarse es un paso obligado.

 

Expertos a tu alcance, todo el año

Uno de los fuertes innegables de este portal es su red de expertos que construye los contenidos y que, además, están disponibles mediante chats en vivo o eventos (como los webinars, seminarios o breves pláticas en línea) que se programan, anuncian y colocan periódicamente en el sitio. De temas tan variados como “Prevenir la pesadilla de las tareas” o “Preguntas para hacerle a tu médico sobre medicación de TDAH” —conducidos por doctores, miembros directores del Centro Nacional de Discapacidades de Aprendizaje (en Estados Unidos), y especialistas en psiquiatría y ciencias del comportamiento de la Facultad de Medicina de la Universidad de California del Sur, respectivamente—, el contacto permanente con grandes especialistas te dará la oportunidad de ahondar en dudas o problemáticas específicas y, muy probablemente, encontrar una solución o respuesta a tu situación desde lo más experto en el campo. Todo, de manera gratuita.

Además de los grandes expertos que estudian el tema, Understood proporciona una plataforma de encuentro y contacto con padres de familia que viven, como tú, los retos que implican estos trastornos, no sólo en el ámbito escolar sino en el día a día, tanto para él como para ti. Los consejos de padres con base en experiencias reales son uno de los recursos más apreciados del sitio. Pensado para padres, Understood tiene una sección que sintetiza recursos muy prácticos: Herramientas para familias, dentro de la cual se encuentra Entrenamiento para padres, un menú en el que podrás seleccionar un tipo de problemática específica (organización y manejo del tiempo; autoestima, interacción con otros niños, manejo de la frustración, etcétera), y filtrar por el grado escolar que cursa tu niño, para recibir consejos puntuales y prácticos de un experto para atender tu situación. Consejos que, además, están calificados por los mismos usuarios del portal: un consejo que ya ha sido puesto en práctica y validado por otros padres de familia.

 

 

Desde la mirada de quien tiene un trastorno de déficit de atención

Con la gran red de especialistas y padres que conforman y visitan el sitio, Understood ha, a su vez, comprendido que no podemos omitir de la configuración de soluciones al actor más importante de todos: al niño en cuestión. Con esta visión, que busca siempre colocar al niño en el centro, Understood busca acercarnos lo más posible al problema, desde el interior. Así, en una herramienta maravillosa, A través de los ojos de su hijo, Understood nos coloca a todos en los zapatos de quien lleva estos retos en primera persona. Tras breves, pero bastante iluminadores, conmovedores y motivantes testimoniales de niños de distintas edades que padecen algún tipo de problema de atención y aprendizaje, Understood nos crea un escenario en donde los elementos aparecen tal como lo hacen ante los ojos de estos niños. Por primera vez, y desde nuestra computadora personal, podemos visualizar o escuchar para así comprender a lo que se enfrentan nuestros niños y ayudarlos, con una mayor comprensión y empatía, además de admiración, a encontrar las formas de superar esos obstáculos que cada vez se harán más pequeños en el camino al desarrollo, el crecimiento y la satisfacción.


[1] “Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos” en understood.org

[2] Secretaría de Salud. Gobierno Federal de los Estados Unidos Mexicanos. “Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad Afecta calidad de vida”. Mayo de 2016. Revisado en https://www.gob.mx/salud/prensa/trastorno-por-deficit-de-atencion-e-hiperactividad-afecta-calidad-de-vida

 

Más allá de una partitura. Los beneficios del entrenamiento musical

Existe un gran número de estudios sobre los vínculos entre la música, su estudio o uso, y sus efectos positivos en aspectos congnitivos —así como también hay aquellos que buscan desvincular a la música de esto—. Pese a que existe cierta polémica en la discusión de los beneficios que trae el entrenamiento musical, una constante es que el estudio de ésta tiene ciertos efectos en el desarrollo de habilidades en áreas comunes de rubros aparentemente muy diferentes, como aquellas de lenguaje y las del pensamiento matemático, lo que puede resultar en una opción interesante para clases extracurriculares para nuestros hijos.

 

La elusiva relación entre la música y el IQ

Precisamente una de las áreas que ha sido constantemente revisada, y cada tanto polemizada con algún estudio sin pruebas de causalidad, es aquella sobre la relación de la música con el coeficiente intelectual (IQ por sus siglas en inglés). Como lo explica la Dra. Heather N. Winter para la revista American Music Association en un artículo de 2016, cuando se evalúa la inteligencia por medio del IQ, esta medida se mantiene mayormente estable a lo largo de la vida, y casi la mitad de sus variantes se acreditan a la genética, por lo que se sugiere que cualquier variante ambiental o “que cultiva” (ya sea entrenamiento musical o científico) raramente logra un gran impacto en el IQ. Sin embargo, afirma, “se han hecho hallazgos significativos que muestran una relación positiva entre el entrenamiento musical y otras habilidades cognitivas”[1]. Estas habilidades incluyen a varias propias del lenguaje como la memoria y la prosa, así como el razonamiento espacial, habilidades matemáticas, memoria a corto plazo, memoria visual, tiempo de reacción y agudeza táctil[2].

Si bien probar el vínculo entre el estudio musical y su efecto positivo en habilidades cognitivas por medio del IQ ha sido una tarea más bien elusiva, en 2004, un estudio conducido por el Dr. E. Glenn Schellenberg de la Universidad de Toronto —especialista en desarrollo cognitivo en el terreno auditivo—, en el cual se dieron clases extracurriculares gratuitas a dos grupos de niños de 6 años (un grupo asignado con clases de música y otro con clases de teatro o ninguna clase extracurricular) por un año, se encontró un incremento tanto en el IQ como en los resultados de exámenes regulares de logro académico en el grupo de niños que recibieron entrenamiento musical. Las evidencias de la correlación entre el entrenamiento musical y el desarrollo de habilidades cognitivas se ha estudiado y probado en las últimas décadas, a pesar de que no se muestre muy evidente al utilizar la métrica del IQ.

 

Música y matemáticas: lo que yace en el fondo

No todos los “beneficios” adicionales que puede aportar la música más allá de su campo específico quedan en las discusiones y mediciones de IQ. En 2008, las doctoras Nan Bahr y Carol A. Christensen —especialistas en la investigación del aprendizaje y educación, respectivamente—, realizaron un estudio con alumnos australianos de 15 años para evaluar la transferencia de conocimiento de dos áreas aparentemente distintas desde la superficie, pero con semejanzas estructurales: matemáticas y música. Las autoras abordan las posibles semejanzas entre ambas ramas con la resolución de problemas como punto de partida, bajo la primicia de que cuando se posee una serie de conocimientos previos y más profundos, aunque pertenezcan a ramas distintas, pero que atienden las mismas problemáticas estructurales, la forma de resolver un problema es mucho más eficiente.

En su investigación previa, Bahr y Christensen retoman trabajos en la investigación de resolución de problemas que demuestran que existen diferencias importantes en la forma en que un experto y un novato (en problemas) se acercan y abordan problemas relacionados a un conocimiento específico de campos diferentes: los expertos se toman 25 % de su tiempo en la representación del problema, mientras que los novatos sólo invierten 1 % de su tiempo en esta fase (Voss y Post en Bahr, et ál.). Esta representación del problema (que implica hacer abstracciones y aplicar principios) es lo que permite a los expertos clasificar el problema al que se enfrentan con base en sus conocimientos previos, así pertenezcan a otras áreas, y generar con ello sus estrategias. Al clasificar los problemas, los expertos analizan y utilizan las características del problema que se encuentran en su estructura más profunda. Examinar esta estructura profunda les permite ver a los expertos cómo este problema que están atendiendo en realidad pertenece a un grupo de problemas que ya conocen, aunque pertenezcan a otros ámbitos. De tal modo, los expertos piensan qué significa realmente el problema en cuestión, mientras que los novatos se quedan en la búsqueda de qué dice el problema.

Es en esta parte honda de la estructura del conocimiento de cada área, que se puede transferir lo que se sabe de un ámbito para aplicarlo en otro, y en el caso de las matemáticas y la música, lo común que subyace a ambas áreas es mucho más de lo que se puede percibir desde la superficie. “Un músico entrenado encuentra orden en lo que es esencialmente sonido organizado arbitrariamente, y ha construido conceptualmente un sistema de patrones, relaciones, regularidades, series, proporciones, fracciones, subdivisiones y ratios, representadas y entendidas mediante un complejo sistema símbolos. De tal modo que un traslape en las estructuras profundas del conocimiento musical y matemático puede esperarse en un gran número de áreas[3]”, explican Bahr y Christensen en su publicación del 2000.

En el estudio dirigido por estas doctoras, se encontró que en los ámbitos de matemáticas y música, los alumnos que han tenido entrenamiento musical se desempeñan mucho mejor que los alumnos sin entrenamiento en las áreas de matemáticas que se traslapan con estructuras del conocimiento musical[4]. Este estudio también sostiene teorías como la de Zohar, que sugiere que la transferencia de conocimiento sucede como resultado de una similitud estructural profunda entre los ámbitos. Bahr y Christensen argumentan que esta transferencia puede suceder de forma espontánea y sin instrucción previa que facilite la transferencia (en su estudio, a dichos alumnos de 15 años —con y sin entrenamiento musical— se les asignaron tanto pruebas matemáticas como musicales, sin instrucciones que indicaran el cambio de ámbito y mucho menos sus áreas similares).

Así, que tu hijo inicie un estudio más formal de música (particularmente la creación de música, más que la apreciación) lo dotará de formas de entender y organizar el mundo que podrá aplicar en muchos más campos, y todo sin siquiera percatarse de ello. Si para este nuevo ciclo estás pensando en actividades extracurriculares que le aporten más a distintas dimensiones del crecimiento de tu hijo, además de resolver situaciones de agendas de papás y/o mamás que trabajan, la música puede ser una opción con grandes beneficios. El desarrollo de nuevas rutas mentales ayudará a fortalecer sus conocimientos y dominio en áreas del lenguaje y de las matemáticas, entre otras, pero lo más importante es inducirlo y apoyarlo en una actividad como la música, si naturalmente tiene una inclinación hacia ella, o si te lo demanda de forma más abierta. Forzar un conocimiento o un gusto no ayuda en mucho, pues el niño no tendrá la apertura ni la curiosidad que son necesarios a la hora de aprender, pues como recordamos, el juego y el disfrute son fundamentales en los procesos de aprendizaje de los niños.


[1] Winter, H. N. (2016). “THE LINK BETWEEN MUSIC LESSON AND IQ IN CHILDREN”. American Music Teacher, 66(2), pp. 14-18.

[2] Ídem.

[3] Bahr, N., & Christensen, C. A. (2000). “INTER-DOMAIN TRANSFER BETWEEN MATHEMATICAL SKILL AND MUSICIANSHIP”. Journal Of Structural Learning & Intelligent Systems, 14(3), p. 187.

[4] Ídem.

La esperanza en tiempos de incertidumbre

A inicios de año, la firma Deloitte —presente en más de 150 países y territorios, dedicada a asesoría en auditoría, impuestos, temas legales y financieros, asesoría de riesgo y servicios de consultoría— publicó la sexta edición de su Informe Millennial. Este informe recogió las opiniones de 8 000 jóvenes nacidos después de 1982 de 30 países de todo el mundo, buscando aproximarse a las perspectivas y posturas de esta generación joven que empieza a insertarse en el mercado laboral, social y político. Y como parte del resumen ejecutivo, la firma subraya algo que demanda nuestra atención: “Los millennials (…) no son nada optimistas sobre sus prospectos [profesionales] a futuro, ni la dirección a la que se encaminan sus países, especialmente aquellos procedentes de mercados maduros”[1].

La preocupación ante la incertidumbre e inseguridad al cabo de un año de eventos políticos y sociales de gran peso a escala mundial en distintos ámbitos y de las complicaciones económicas propias del contexto actual, aunados a un cierto perfil social, emocional y de escala de valores de esta generación, invita a muchas reflexiones, entre ellas, una en torno al tema de la esperanza: cómo fomentarla —o en su caso construirla o re-construirla— desde la infancia, incluso desde adolescencia, para que nuestros hijos puedan caminar frente a la incertidumbre propia del mundo que será el de ellos, con un sentido de esperanza a modo de brújula interna que los habilite a encontrar certidumbre, aun dentro de las situaciones más inciertas y desesperanzadoras que puedan toparse.

 

El contexto de las expectativas de un futuro esperanzador

Kristina S. Callina, Sara K. Johnson, Mary H. Buckingham y Richard M. Lerner —Investigadores del Departamento Eliot-Pearson de Estudio Infantil y Desarrollo Humano en la Universidad de Tufts, Boston—, en una publicación de 2014, exploran los perfiles desarrolladores de la confianza y las expectativas de un futuro esperanzador (EFE) en la adolescencia. Según un cuerpo importante de investigaciones y teorías revisadas por el equipo, las expectativas sobre el futuro, con un corte más esperanzador, juegan un rol importante en el desarrollo positivo de la juventud, aunada a la capacidad de salir de una situación difícil y crecer con dicha experiencia[2].

La esperanza, dentro del marco teórico revisado por este equipo de especialistas, se entiende como “las emociones y cogniciones que energizan el comportamiento en dirección de metas futuras, y varios aspectos del progreso en la juventud”[3]. Esta mejora en el desarrollo y la prosperidad o crecimiento es evidente, por ejemplo, en indicadores que asocian a altos niveles de esperanza con éxito académico, así como en el campo del bienestar psicosocial y el de los logros deportivos. Según estos especialistas, se han encontrado vínculos entre las expectativas de un futuro esperanzador y los indicadores más globales del desarrollo positivo en los jóvenes —un modelo y abordaje del desarrollo adolescente que busca involucrar a éstos con sus familias, comunidades y gobiernos para que desarrollen su potencial—, como la competencia, la confianza en sí mismos, el carácter, la conexión y la contribución.

La importancia de tomar un escenario o situación y poder verlo y abordarlo con una mirada que mantiene la esperanza de que éste encontrará o le encontraremos un buen desenlace es, entonces, elemental en el desarrollo integral de un niño o joven, incluyendo —y más allá que— los ámbitos académicos o deportivos, pues lo equipa con habilidades que pueden marcar una gran diferencia en la forma en la que enfrenta todo tipo de situaciones y que alcanza su vida adulta. El contexto en el cual el niño se desarrolla es un factor crucial para el desarrollo de esta esperanza, según Callina, Johnson, Buckingham y Lerner. En específico, la relación padres-hijos está altamente implicada en el desarrollo de la esperanza (o de la capacidad de tener un abordaje esperanzador).

 

Criando niños con esperanza

Ante las complejidades que se enfrentan en un mundo globalizado de más de 7 500 millones de habitantes —y contando—, y tras un sondeo que recupera tanto posturas como opiniones no muy optimistas de las generaciones más jóvenes ante el futuro incierto, cabe la pregunta: y como padre, ¿qué puedo hacer?

Estimular y fortalecer la esperanza se ha vuelto necesario en estos tiempos. En un artículo del escritor Gershom Gorenberg, el Dr. Timothy Elliot —profesor asociado de psicología de la Universidad de Alabama, Birmingham— lo deja de forma muy clara: “al instalar la esperanza, le enseñamos a nuestros hijos que no son sólo recipientes pasivos de todo lo que pasa”[4].

Es importante que sepamos que son pequeños ajustes en nuestras rutinas los que podrán ayudar a fortalecer la esperanza en nuestros niños. Para el Dr. C. R. Snyder —investigador en esperanza y profesor de psicología clínica en la Universidad de Kansas en Lawrence—, la esperanza “es aprendida. Y como padres, incentivamos a nuestros hijos a pensar positivamente, de hecho, probablemente ya lo estás haciendo. Ayer, cuando tu niña pequeña subía dos escalones por ella misma y tú la motivabas a intentar con uno más, y luego otro, hasta que alcanzara el final de la escalera, tú eras el entrenador de la Liga Juvenil de Esperanza”[5].

Un niño con esperanza, según especialistas como Snyder y el Dr. Lewis Curry, es a la vez optimista (espera lo mejor) y determinado (es capaz de tratar la adversidad como un reto en lugar de verla como el final del camino)[6]. Y para ellos, una de las maneras más importantes de inculcarle esperanza radica simplemente en pasar más tiempo con nuestros niños: la seguridad derivada de un apego fuerte y sólido al inicio de la vida, le dará a tu niño la confianza para perseguir metas altas más adelante.

Para Snyder, la esperanza puede ser fomentada en cualquier etapa del desarrollo del niño. Desde contestar sus preguntas en la infancia temprana de “qué es eso” y “por qué”, lo cual enriquece su habilidad para articular lo que desea (que a su vez es el primer paso para lograr sus deseos), hasta ayudar a que tu niño crezca sus metas, lo que le enseña a disfrutar de los retos; y finalmente, celebrar con él cada logro, incluyendo los pequeños (o los que nosotros vemos como pequeños).

Leer, según apunta Gorenberg tras sus fructíferas pláticas con Snyder (entre otros), es otra forma de enseñarle a tu pequeño un pensamiento esperanzador: más allá de enriquecer y fortalecer sus habilidades en el lenguaje, las historias frecuentemente contienen algún tema esperanzador. A lo largo del crecimiento de tu hijo, ayudarle a generar múltiples soluciones a un problema —incluso hipotético— (situaciones que siempre enfrentan de una u otra manera los personajes de una historia) le dará una plasticidad y flexibilidad que le ayudarán en escenarios reales para encontrar nuevas vías de solución, incluso después de que con una —o varias— que haya intentado antes, haya fracasado. Hay que separar en el momento de corregir: que cuando falló algo, se debió a la estrategia o la forma de ejecutarla, mas no por una falta de talento o por una característica intrínseca del niño.

La esperanza, que en estos tiempos se asemeja a un santo grial altamente cotizado y requerido por muchas naciones, es, después de todo, algo que podemos alimentar y fortalecer desde nuestro hogar, en sus pequeños y, al mismo tiempo, grandes alcances.


[1] Galaz, Yamazaki, Ruiz Urquiza, S. C. Deloitte. “Apprehensive millennials: seeking stability and opportunities in an uncertain world”. The 2017 Deloitte Millennial Survey. [Tomado de https://cdn2.hubspot.net/hubfs/1708142/Campanas/Millennial%20Survey%202017/Deloitte-ES-millennial-survey-2017.pdf]

[2] Callina, K., Johnson, S., Buckingham, M., & Lerner, R. (2014). “Hope in Context: Developmental Profiles of Trust, Hopeful Future Expectations, and Civic Engagement Across Adolescence”. Journal Of Youth & Adolescence, 43(6), 869-883. doi:10.1007/s10964-014-0096-9

[3] Schmid and Lopez en Callina et ál.

[4] Elliot en Gorenberg, Gershom. “Raising a Hopeful Child”. Parents Magazine. [Revisado en línea en http://www.parents.com/parenting/better-parenting/style/raising-a-hopeful-child/]

[5] C.R. Snyder en Gorenberg.

[6] Gorenberg, Gershom. “Raising a Hopeful Child”. Parents Magazine. [Revisado en línea en http://www.parents.com/parenting/better-parenting/style/raising-a-hopeful-child/]

Las lecciones del miedo

Jugando con el riesgo para aprender a manejarlo

En las últimas semanas se ha hablado sobre los impactos de la sobreprotección en el desarrollo integral de un niño —más allá de sólo el ámbito académico— y, paralela o consecutivamente, de los beneficios de tener un enfoque que motive a los niños a probar, intentar y atreverse a jugar, a aprender… a desarrollar el coraje de exponerse al fracaso para llegar al éxito. Pero ¿qué pasa desde la naturaleza de sus propias formas de exploración? ¿Cómo enfrentan los niños por sí solos el mundo que van descubriendo, antes de que nosotros intervengamos en su búsqueda de conocimiento? La respuesta, al parecer, es juego de niños.

 

“Sr. Miedo” y “Srita. Entusiasmo”: la sabiduría detrás de esta ambigua pareja

Los niños, desde infancia temprana, recurren al juego tanto como medio de diversión como de aprendizaje, y en él asumen riesgos. Y éste, como parte fundamental en sus primeras formas de acercamiento y comprensión del mundo, en realidad es parte importante de su desarrollo. Para especialistas como la profesora Ellen Beate Hansen Sandseter y Ole Johan Sand (2016) de la Facultad de Educación de Infancia Temprana en la Universidad Queen Maud de Noruega, aprender a tomar riesgos es una parte natural de la infancia y el desarrollo infantil: “Objetivamente, el juego riesgoso provee experiencias positivas para un niño”[1]. A ellos se suman investigadores de la toma de riesgo en el juego, como Coster y Gleeve (2008), quienes argumentan que el juego con cierto grado de riesgo (risky playing o “juego riesgoso”) provee a los niños de diversión, goce, emoción, orgullo, un sentido de logro o satisfacción, así como autoestima, siempre a la par de una sensación de miedo. Así, el miedo y el entusiasmo caminan de la mano, una dicotomía que provee al niño de experiencias que derivan en nuevos conocimientos —la emoción y el goce del juego permiten que el niño crezca o actualice su potencial a través de actividades motivadas intrínseca y voluntariamente[2]—.

Esta pareja, miedo y entusiasmo, pese a su gran aporte y valor —probablemente desde una base evolutiva—, como el fortalecimiento de la autoestima y la capacidad de afrontar situaciones difíciles más adelante en la vida, además del crecimiento del potencial de cada niño, nos representa grandes reservas para cederle una parte importante en el desarrollo de nuestros niños. Aunque quisiéramos que sus cuidadores fueran “Sr. Seguridad” y “Srita. Calma” cuando estén en medio de un parque o en un campo en el que suben a los árboles y que nosotros decidamos dejarlos jugar solos, debemos plantearnos qué tanto nuestro instinto de protegerlos los lastimará si lo hacemos en exceso: una tarea nada fácil que recae en nosotros los padres y, supongo, un escalón para nuestro desarrollo en la paternidad/maternidad.

 

Los niños que no trepan árboles

Debido a que el juego involucra muchas veces el riesgo de lesionarse, desde hace décadas han surgido varias estrategias para el manejo del riesgo, aplicadas, en algunos países, en el diseño de los juegos en parques. Éstas incluyen la reducción de las zonas altas desde donde podría caer un niño, alisar las superficies en donde puede caer un niño, entre otras. Y pese a que las estadísticas en varios países alrededor del mundo muestran que las heridas en parques como resultado de caídas o colisiones con columpios, resbaladillas, pasamanos, etcétera, son pocas —en Reino Unido, una herida fatal ocurre cada tres o cuatro años (Ball, 2002)[3]—, en países como Australia y Noruega, el enfoque en la seguridad de los niños y la prevención de lesiones ha crecido, a la par de un enfoque en actividades recreativas estructuradas y con corte de carrera en países como Estados Unidos[4]. Hoy en día, pese a que, en general, existen más espacios públicos destinados al juego, cada vez son menos los niños que salen a jugar en espacios abiertos, y por ende, se enfrentan y exploran ámbitos de la vida con menor posibilidad de riesgos. En 1903, en la inauguración del primer parque con patio de juegos en la ciudad de Nueva York (Seward Park), 20 000 niños corrieron entre policías y cercas para poder llegar, por fin, a sus juegos[5]. Y como recuenta Noël Duan en un artículo para Standford Social Innovation Review, hoy son cientos los parques con patios de juegos, vacíos en toda la ciudad neoyorquina.

Si bien no queremos que nuestros niños sufran lesiones, ahora alcanzamos a ver con mayor nivel de estudio el gran riesgo que, irónicamente, implica que se vuelvan niños que nunca trepen árboles o bajen por senderos naturales en bicicleta o gradualmente se impulsen con mayor fuerza desde un columpio para ver hasta dónde pueden llegar (comprendiendo con ello nociones de peso, balance, aceleración y fuerza desde su propio cuerpo). En algo más confluyen varios expertos: la supervisión sí es algo fundamental en el resguardo de la seguridad de nuestros niños. Estar presentes y observar, pero dejarlos tomar sus pasos, incluso aquellos que veamos que resultarán en un tropiezo, uno que no amenaza su bienestar. Una vigilancia con un criterio que dé pauta a que se experimente el riesgo.

Los límites de seguridad y protección serán delineados por cada padre; y sabiendo lo que conlleva eliminar por completo actividades de juego con riesgo, probablemente podamos expandir un poco, a conciencia, el área en el que dejemos que nuestros hijos jueguen, caigan, tropiecen, se vulneren y pierdan… y probablemente crecer junto con ellos después del miedo de verlos caer, pero siempre levantarse, sacudiéndonos nuestras heridas emocionales que mimetizan aquellas físicas que son huella de la curiosidad y valor de ellos.


[1] Sandseter, E. H., & Sando, O. J. (2016). ” ‘We Don’t Allow Children to Climb Trees’: How a Focus on Safety Affects Norwegian Children’s Play in Early-Childhood Education and Care Settings”. American Journal Of Play, 8(2), 178-200.

[2] Sutton-Smith en Sandseter y Sando.

[3] Ídem.

[4] Duan, N. (2016). “A Different Way to Play”. Stanford Social Innovation Review, 14(4), 8-9.

[5] Ídem.

Tomar responsabilidad y aceptar las consecuencias… desde la infancia

Responsabilidad, Montenegro Editores

La responsabilidad y sus consecuencias: “Fui yo, no fue teté”

Aunque parece que estas capacidades incluso escapan a muchos ejemplares del mundo adulto, asumir las consecuencias de nuestros actos y dejar de traspasar la culpa a otros, en realidad comienza en nuestra infancia, muy de la mano de nuestra aproximación y estilo de disciplina que se fomentó en nuestra casa, y, por ende, de la que fomentaremos con nuestros niños.

Si ves que tu niño culpa rápidamente a otros por la mayoría de sus faltas —incluso aquellas en las que tienen sus manos pintadas por todos lados…—, no estás tratando con un “mal” terrible en su persona, los niños en infancia temprana están desarrollándose en todos los sentidos, y el asumir sus responsabilidades es parte de ello. Especialistas en el tema, como la Dra. Kate Roberts, lo dejan muy claro: “los niños a esta edad no entienden que todos cometemos errores (…), culpar a alguien es simplemente su forma de evadir una desaprobación y las consecuencias negativas”[1]. Y, ¿qué hacer para ayudar a que nuestros niños puedan tener un desarrollo emocional sano, y aprendan a aceptar las consecuencias de la mejor manera? Todo empieza con la disciplina.

 

Disciplina positiva y salud emocional positiva

En tema de formas de ejercer la disciplina, el tipo de cuestionamiento que subyace en la mente de cada padre bien puede ser de naturaleza hamletiana: “ser o no ser…”, qué tan riguroso ser con las reglas y sus consecuencias, o qué tan laxo. El balance es justo lo que los especialistas y numerosos estudios apuntan como la clave: una “disciplina positiva”, lejos tanto de la severidad que se acostumbraba en generaciones pasadas, como del desapego de la estructura y las normas. Esta forma de disciplinar a los niños positivamente se funda en formas que aseguren un desarrollo del bienestar emocional del niño, pues según expertos en psicología y educación en Estados Unidos, así como numerosos estudios, una buena salud emocional contribuye aproximadamente al 80 % del éxito de los niños como adultos [2]. Esta salud emocional “positiva” se refiere a la habilidad de las personas de reconocer y entender emociones —propias y ajenas—, la habilidad de expresarlas correctamente, la habilidad de resolver conflictos y lidiar con situaciones difíciles, mantener un punto de vista positivo ante la vida, reconocer la responsabilidad social, manejarse de forma no violenta, empática y respetuosa hacia uno mismo y hacia los otros [3], entre otras.

 

Causa-consecuencia… con lógica

Una parte fundamental de ayudar a que los niños desarrollen la capacidad de tomar la responsabilidad de sus faltas, es que vean claramente el curso lineal de causa-consecuencia en una situación, y sus efectos. Es común que los padres establezcan consecuencias sin una clara relación con la falta en sí, o consecuencias poco razonables. Ambos escenarios son confusos para los niños y, sobre todo, aprenden poco de este conjunto de consecuencias, lo que dificulta su desarrollo de autodisciplina y su capacidad de asumir responsabilidades [4]. Un ejemplo de una consecuencia sin relación sería pedirle al niño que haga planas y planas en donde escriba que debe guardar sus juguetes, una vez que haya dejado el cuarto tirado antes de irse a dormir. Una consecuencia poco razonable sería castigarle su tiempo de juego durante una semana por excederse cinco minutos en su tiempo para irse a la cama.

Lo ideal es plantear consecuencias lógicas a sus faltas, como castigar el tiempo de juego al niño el mismo día que decidió no hacer la tarea. Es un marco de tiempo corto e inmediato, al igual que una consecuencia relacionada a su falta, con lo que puede ir entendiendo la lógica de sus acciones, así como, al mismo tiempo, ir aprendiendo de sus errores.

Los especialistas, como la psicóloga clínica Zehmar Kamal, sugieren que las consecuencias sean planteadas a los niños con antelación, se le den opciones y que se involucre al niño en el establecimiento de las consecuencias ante ciertas situaciones específicas. Sobre todo la estructura, la constancia de apegarse a ella y a las reglas que como padres hemos establecido, la coherencia y la dosis bien reguladas de las consecuencias que establecemos son parte fundamental del sistema de disciplina positiva que ayudará a que nuestros niños, además de volverse más disciplinados, aprendan a no culpar a otros por sus faltas, sino apropiárselas y asumir sus consecuencias.

 


[1] Roberts en Reece, T. (2014). “How to teach kids to accept responsability for their actions”. Parents Magazine. [Tomado de: http://www.parents.com/kids/responsibility/values/its-not-my-fault/]

[2]  Kamal, Z. (2014). “Positive discipline for raising emotionally healthy children”. Hilal, 51(6), 59.

[3]  Ídem.

[4]  Ídem.

El aporte de la disciplina a la vida académica

Disciplina, #MontenegroEditores

Somos lo que hacemos repetidamente. La excelencia, entonces, no es un acto, es un hábito.
—Aristóteles

 

La trampa de la sobrevaloración del talento

El avance en el ámbito escolar, como en los demás ámbitos de la vida, no se reduce a un solo factor —como a una capacidad cognitiva o un coeficiente intelectual privilegiado—. Es la suma de muchos factores, desde todos los contextos de un alumno, lo que al final impacta en su desempeño escolar. Fomentar tanto la disciplina como los hábitos de estudio en nuestros niños, desde edad muy temprana, trae grandes beneficios así como un gran impacto a su vida académica y, de paso, a la personal.

Más que sólo un cerebro dotado

En un estudio de la Universidad de Pensilvania en Estados Unidos, investigadores del Centro de Psicología Positiva decidieron medir la auto-disciplina de estudiantes para analizar su efecto en el nivel de desempeño de los mismos, pues con evidencia de una gran variante de desempeños con niños que comparten el mismo coeficiente intelectual (IQ), se obliga a buscar la influencia de fortalezas no-intelectuales[1] (e.g., motivación, autodisciplina) en los rendimientos académicos altos. De acuerdo a sus resultados, “adolescentes altamente auto-disciplinados sobrepasan el desempeño de sus pares más impulsivos en cada variable de desempeño académico, incluidas calificaciones en boletas, resultados de pruebas estandarizadas de logros, admisión a preparatorias competitivas y asistencia”[2]. Entre algunos de los aspectos observados que afectaron los resultados de los estudiantes, están las horas dedicadas a las tareas, horas dedicadas a ver televisión (inversamente) y la hora en la que los estudiantes iniciaban sus deberes escolares en casa.

Los beneficios de la disciplina distan de ser exclusivamente en el plano inmediato. Otros investigadores, como Mischel y sus colaboradores, mostraron -a inicios de los años 90- que una mayor habilidad para posponer la gratificación (prima hermana del autocontrol) a los 4 años de edad, se relacionaba con una mayor funcionalidad académica y social más diez años después [3].

Sobra mencionar que fomentar la auto-disciplina en nuestros hijos desde pequeños les traerá beneficios más allá de los observables en un plano estrictamente escolar e inmediato, como los ya mencionados líneas atrás, además de otros como desarrollar y expandir los tiempos de concentración, crear hábitos de orden y fortalecer habilidades de administración del tiempo, además de mitigar el estrés y la ansiedad que pueden generar la poca preparación ante un reto escolar.

Cómo ayudarlos en la construcción de buenos hábitos de estudio

Un dato que puede ser importante al incorporar o llevar a cabo por primera vez algunas de las herramientas y/o sugerencias que nos mencionan especialistas en la entrega de Tips para estudiar de la Guía de Padres de Montenegro, es aquel sobre los periodos de tiempo de estudio sugeridos según la edad de cada niño. Así podemos tener un parámetro que nos ayude a balancear el tiempo que es ideal que estudien al día, sin que se vuelva demasiado. Información que va muy de la mano con los tiempos aproximados de concentración según el grado escolar que también se exponen en la Guía. Con esta información podremos armar estrategias para cada uno de nuestros niños, pues, en efecto, y como de seguro lo intuías, las cargas de tiempo dedicado al estudio y lo que verdaderamente puede durar un niño en completa concentración, van a variar según su edad. Así mismo variará idealmente lo que podemos exigir a cada niño.

Dentro de algunas de las sugerencias que se proponen para ayudar a que los niños estudien mejor, están el llevar un registro de objetivos que se evaluarán, tener a la vista las próximas tareas a cumplir, compensar a los niños con estímulos verbales, físicos o emocionales cada que alcanzan sus logros establecidos; además de las maneras en las que es mejor que intervengas: ofrecerles explicaciones que permitan al niño realizar su tarea, sin realizarla por él, u ofrecerles ejemplos nuevos o distintos cuando no pueden resolver un ejercicio.

Herramientas muy importantes como la creación de horarios o planeaciones semanales que integren los distintos ámbitos de la vida de un niño, cuidando que exista siempre un equilibrio sano entre esparcimiento y deberes, así como el establecimiento de un espacio y ambiente verdaderamente óptimos para el estudio, son algunos recursos que se detallan en esta Guía, y que encontrarás de mucha utilidad. Todo esto lo podrás consultar y descargar completamente gratis desde el portal oficial de Montenegro, en la sección Padres, y esperamos que, así, tu niño empiece a apropiarse de buenos hábitos de estudio que lo lleven a desarrollar muchas otras habilidades que le beneficiarán a lo largo de su vida.


[1] Duckworth, Angela L., y Seligman, Martin, E.P. Self-Discipline Outdoes IQ in Predicting Academic Performance of Adolescents. Positive Psychology Center, University of Pennsylvania. 2005. [Revisado en https://www.sas.upenn.edu/~duckwort/images/PsychologicalScienceDec2005.pdf]
[2] Ídem.
[3] Mischel et ál. en Duckworth y Seligman, Op. cit.