Consejos

Las lecciones del miedo

Jugando con el riesgo para aprender a manejarlo

En las últimas semanas se ha hablado sobre los impactos de la sobreprotección en el desarrollo integral de un niño —más allá de sólo el ámbito académico— y, paralela o consecutivamente, de los beneficios de tener un enfoque que motive a los niños a probar, intentar y atreverse a jugar, a aprender… a desarrollar el coraje de exponerse al fracaso para llegar al éxito. Pero ¿qué pasa desde la naturaleza de sus propias formas de exploración? ¿Cómo enfrentan los niños por sí solos el mundo que van descubriendo, antes de que nosotros intervengamos en su búsqueda de conocimiento? La respuesta, al parecer, es juego de niños.

 

“Sr. Miedo” y “Srita. Entusiasmo”: la sabiduría detrás de esta ambigua pareja

Los niños, desde infancia temprana, recurren al juego tanto como medio de diversión como de aprendizaje, y en él asumen riesgos. Y éste, como parte fundamental en sus primeras formas de acercamiento y comprensión del mundo, en realidad es parte importante de su desarrollo. Para especialistas como la profesora Ellen Beate Hansen Sandseter y Ole Johan Sand (2016) de la Facultad de Educación de Infancia Temprana en la Universidad Queen Maud de Noruega, aprender a tomar riesgos es una parte natural de la infancia y el desarrollo infantil: “Objetivamente, el juego riesgoso provee experiencias positivas para un niño”[1]. A ellos se suman investigadores de la toma de riesgo en el juego, como Coster y Gleeve (2008), quienes argumentan que el juego con cierto grado de riesgo (risky playing o “juego riesgoso”) provee a los niños de diversión, goce, emoción, orgullo, un sentido de logro o satisfacción, así como autoestima, siempre a la par de una sensación de miedo. Así, el miedo y el entusiasmo caminan de la mano, una dicotomía que provee al niño de experiencias que derivan en nuevos conocimientos —la emoción y el goce del juego permiten que el niño crezca o actualice su potencial a través de actividades motivadas intrínseca y voluntariamente[2]—.

Esta pareja, miedo y entusiasmo, pese a su gran aporte y valor —probablemente desde una base evolutiva—, como el fortalecimiento de la autoestima y la capacidad de afrontar situaciones difíciles más adelante en la vida, además del crecimiento del potencial de cada niño, nos representa grandes reservas para cederle una parte importante en el desarrollo de nuestros niños. Aunque quisiéramos que sus cuidadores fueran “Sr. Seguridad” y “Srita. Calma” cuando estén en medio de un parque o en un campo en el que suben a los árboles y que nosotros decidamos dejarlos jugar solos, debemos plantearnos qué tanto nuestro instinto de protegerlos los lastimará si lo hacemos en exceso: una tarea nada fácil que recae en nosotros los padres y, supongo, un escalón para nuestro desarrollo en la paternidad/maternidad.

 

Los niños que no trepan árboles

Debido a que el juego involucra muchas veces el riesgo de lesionarse, desde hace décadas han surgido varias estrategias para el manejo del riesgo, aplicadas, en algunos países, en el diseño de los juegos en parques. Éstas incluyen la reducción de las zonas altas desde donde podría caer un niño, alisar las superficies en donde puede caer un niño, entre otras. Y pese a que las estadísticas en varios países alrededor del mundo muestran que las heridas en parques como resultado de caídas o colisiones con columpios, resbaladillas, pasamanos, etcétera, son pocas —en Reino Unido, una herida fatal ocurre cada tres o cuatro años (Ball, 2002)[3]—, en países como Australia y Noruega, el enfoque en la seguridad de los niños y la prevención de lesiones ha crecido, a la par de un enfoque en actividades recreativas estructuradas y con corte de carrera en países como Estados Unidos[4]. Hoy en día, pese a que, en general, existen más espacios públicos destinados al juego, cada vez son menos los niños que salen a jugar en espacios abiertos, y por ende, se enfrentan y exploran ámbitos de la vida con menor posibilidad de riesgos. En 1903, en la inauguración del primer parque con patio de juegos en la ciudad de Nueva York (Seward Park), 20 000 niños corrieron entre policías y cercas para poder llegar, por fin, a sus juegos[5]. Y como recuenta Noël Duan en un artículo para Standford Social Innovation Review, hoy son cientos los parques con patios de juegos, vacíos en toda la ciudad neoyorquina.

Si bien no queremos que nuestros niños sufran lesiones, ahora alcanzamos a ver con mayor nivel de estudio el gran riesgo que, irónicamente, implica que se vuelvan niños que nunca trepen árboles o bajen por senderos naturales en bicicleta o gradualmente se impulsen con mayor fuerza desde un columpio para ver hasta dónde pueden llegar (comprendiendo con ello nociones de peso, balance, aceleración y fuerza desde su propio cuerpo). En algo más confluyen varios expertos: la supervisión sí es algo fundamental en el resguardo de la seguridad de nuestros niños. Estar presentes y observar, pero dejarlos tomar sus pasos, incluso aquellos que veamos que resultarán en un tropiezo, uno que no amenaza su bienestar. Una vigilancia con un criterio que dé pauta a que se experimente el riesgo.

Los límites de seguridad y protección serán delineados por cada padre; y sabiendo lo que conlleva eliminar por completo actividades de juego con riesgo, probablemente podamos expandir un poco, a conciencia, el área en el que dejemos que nuestros hijos jueguen, caigan, tropiecen, se vulneren y pierdan… y probablemente crecer junto con ellos después del miedo de verlos caer, pero siempre levantarse, sacudiéndonos nuestras heridas emocionales que mimetizan aquellas físicas que son huella de la curiosidad y valor de ellos.


[1] Sandseter, E. H., & Sando, O. J. (2016). ” ‘We Don’t Allow Children to Climb Trees’: How a Focus on Safety Affects Norwegian Children’s Play in Early-Childhood Education and Care Settings”. American Journal Of Play, 8(2), 178-200.

[2] Sutton-Smith en Sandseter y Sando.

[3] Ídem.

[4] Duan, N. (2016). “A Different Way to Play”. Stanford Social Innovation Review, 14(4), 8-9.

[5] Ídem.

Tres cosas prohibidas en tu primer semana de vacaciones

Tal vez suene un poco drástico, pero hay formas de ayudar a nuestra mente a superar la fatiga característica del fin de ciclo escolar, y una de ellas es dejar atrás, al menos una semana, nuestro día a día en la escuela.
Por eso te presentamos esta breve lista de cosas prohibidas para los maestros (al menos en su primer semana de vacaciones).

 

No hables del trabajo

Los maestros tienden a socializar mucho entre ellos, así que si las charlas no giran en torno a nuestra labor, sino a conocernos y reconocernos como seres humanos integrales, descubriremos a personas muy interesantes en cada uno de quienes, por razón de nuestro trabajo diario, apenas sabemos sus nombres y su área de especialización.
En Montenegro creemos que las vacaciones de los educadores no son sólo un derecho laboral, sino necesarias para fortalecerse y brindar lo mejor de nosotros a nuestros estudiantes.

 

Escucha mucha música

Ya sea a través de servicios de streaming, comprando CDs, escuchando la radio o comprando vinilos, aprovecha las vacaciones para incrementar tu acervo musical. Además de relajarte, escuchar música tiene algunos beneficios comprobables como:

– Reducir el estrés, disminuyendo el nivel de activación del cuerpo.

– Modular el estado de ánimo. Luego de realizar algunos ejercicios de relajación acompañados de música, nos sentimos más positivos y optimistas.

– Meditar. La música relajante es un buen complemento para ello. Ciertos géneros musicales potencian la práctica de la meditación al disminuir la actividad cerebral.

– Mejorar el sueño con música suave mientras se duerme.

 

Pasa tiempo en familia

Lo mejor de las vacaciones es compartir tiempo de calidad con tu propia familia. Pasamos tanto tiempo atendiendo las necesidades básicas de otros que a veces olvidamos los propios, por lo que este espacio de tiempo es ideal para reconectar con ellos; además, tiene beneficios como:

– Generar sentimientos positivos y recuerdos que se conservan en el tiempo.

– Mejorar la comunicación entre los miembros de la familia.

– Disminuir el estrés al desviar la atención de las preocupaciones diarias.

– Aumentar la autoestima gracias a la interacción con los miembros de la familia, así como mejorar su unidad al fomentar la convivencia.

 

Ahora ya lo sabes, aprovecha al máximo este tiempo.

Protegido del fracaso, protegido del éxito

Aunque como adultos podemos escuchar o leer todo tipo de frases motivacionales que nos incentivan a salir de nuestra zona de confort para “ir por lo que queremos” en gran cantidad de publicaciones y, por ello, nos pueda parecer un tema ya comprendido, cotidiano y hasta ligero, lo que hay detrás del miedo al fracaso es mucho más complejo y nos alcanza a todos: adultos y niños. Como padres y maestros podemos incidir, deliberada o inconscientemente en la medida en que el miedo al fracaso limite o llene de herramientas al desarrollo —y vida en general— de nuestros niños.

La cabalgata hacia el éxito nunca está libre de fracasos

La escritora y comentarista Margie Warrell —con formación en negocios y psicología— lo ilustra de forma muy clara en una de sus columnas para la revista de negocios Forbes: “(…) el crecimiento y la comodidad no pueden cabalgar sobre el mismo caballo”[1]. En un artículo en donde habla tanto desde su experiencia en el mundo empresarial —que incluye programas para la NASA— y psicológico, como desde su faceta como madre, Warrell nos recuerda de los graves estragos que conlleva una crianza que busca apartar todo riesgo de la vida de los niños, incluido el contacto con el fracaso, no sin reconocer el reto que como padres implica distinguir la línea entre el instinto primordial de proteger a nuestros hijos contra toda amenaza, y motivarlos a asumir riesgos para que sigan jugando/aprendiendo/creciendo.

Según Warrell, hoy en día son cada vez más los niños que crecen sintiendo una presión excesiva por ser exitosos desde edades muy tempranas, y se vuelve más común encontrarnos con adolescentes que optan por abandonar actividades por el miedo a asumir el riesgo de ser duramente juzgados, muchas veces -sobre todo- juzgados por padres sumamente exigentes. Estos estándares de adultos les empiezan a robar a los niños su niñez al no darles la libertad emocional, física y mental de ser solamente niños. Bajo esta línea podemos ver claramente cómo nuestros propios miedos o temas sin resolver, aún en nuestra adultez, pasan a marcar peligrosamente el camino de nuestros hijos, que muchas veces prefieren ya no caminar.

Equipados con el arsenal del fracaso

Uno de los peligros más grandes en la vida de cualquier persona es probablemente aquel de asumir el “mejor no jugar que arriesgar”, la peligrosa seguridad de vivir en un porcentaje de todo nuestro potencial con el fin de evitar resultados no favorables. Warrell dice que ha observado cómo, tras las pérdidas en distintas áreas y actividades extra curriculares de cada uno de sus cuatro hijos, a través de los años, la mayoría de las mejores lecciones de vida vienen de las derrotas por puntajes reñidos, de las casi-victorias o del no llegar a la última selección. Son éstas las lecciones que nos traen una comprensión más allá de la carrera jugada y que nos arman de resiliencia, capacidad de gran valor para enfrentar los retos incesantes de la vida.

Desde su experiencia profesional, Warrell nos recuerda que la mayoría de casos de empresarios exitosos no salen de un historial limpio de promedios de 10 y medallas de oro, se trata de personas que han tenido su buen número de fracasos en el camino a la adultez, pero que aprendieron que el fracaso es un evento y no su persona, y que les ha permitido construir una confianza lo suficientemente fuerte para ir tras metas ambiciosas, a pesar del riesgo a que se den resultados no favorables: los resultados no los definen.

En el corazón del fracaso

Según Martin Covington, profesor de la Universidad de Berkeley y especialista en educación e investigador del área social-personalidad, el miedo al fracaso está vinculado directamente con nuestro concepto de valor (self-worth) y autoestima, “o a la creencia de que eres valioso como persona”[2]. El miedo al fracaso entonces permea —o socava— nuestra identidad: no es un elemento que podamos sacudir a la primera, será probablemente una batalla que se tendrá que ir ganando día a día y en la que nosotros como padres podemos ayudar a que nuestros hijos tengan un soporte sólido en ellos mismos para ser capaces de afrontar los retos de forma en que su autoestima crezca.

Para Covington, entre otras observaciones, es importante que los padres no opten por prácticas que avergüencen o castiguen los fracasos de los niños, sino que reconozcan y celebren su éxitos; que se les aliente a que jueguen, aprendan y se arriesguen por el gusto de hacerlo, y hacer ver que su valía como personas es completamente independiente de los resultados que produzcan.

Tanto Warrell como Covington nos invitan a enseñar a nuestros hijos a asumir el riesgo de equivocarse, a desafiar las reglas y hacer su propia suerte; a ayudarlos a que separen su valía de los resultados que obtengan, aprovechar cada oportunidad para hacerles ver que lo más importante no es ser alabado como el héroe, sino tener el valor de intentarlo: lo valioso es lo que se aprende detrás de cada intento.


[1] Warrell, M. (2015). “Prepare your kids for success: teach them how to fail”. Forbes. [Revisado en: https://www.forbes.com/sites/margiewarrell/2015/12/05/prepare-your-kids-for-success-teach-them-how-to-fail/]

[2] Covington en Zakrzew, V. “How to help kids overcome fear of failure”. Greater Good Magazine. Diciembre, 2013. [Obtenido en línea en: https://greatergood.berkeley.edu/article/item/how_to_help_kids_overcome_fear_of_failure]

Tomar responsabilidad y aceptar las consecuencias… desde la infancia

Responsabilidad, Montenegro Editores

La responsabilidad y sus consecuencias: “Fui yo, no fue teté”

Aunque parece que estas capacidades incluso escapan a muchos ejemplares del mundo adulto, asumir las consecuencias de nuestros actos y dejar de traspasar la culpa a otros, en realidad comienza en nuestra infancia, muy de la mano de nuestra aproximación y estilo de disciplina que se fomentó en nuestra casa, y, por ende, de la que fomentaremos con nuestros niños.

Si ves que tu niño culpa rápidamente a otros por la mayoría de sus faltas —incluso aquellas en las que tienen sus manos pintadas por todos lados…—, no estás tratando con un “mal” terrible en su persona, los niños en infancia temprana están desarrollándose en todos los sentidos, y el asumir sus responsabilidades es parte de ello. Especialistas en el tema, como la Dra. Kate Roberts, lo dejan muy claro: “los niños a esta edad no entienden que todos cometemos errores (…), culpar a alguien es simplemente su forma de evadir una desaprobación y las consecuencias negativas”[1]. Y, ¿qué hacer para ayudar a que nuestros niños puedan tener un desarrollo emocional sano, y aprendan a aceptar las consecuencias de la mejor manera? Todo empieza con la disciplina.

 

Disciplina positiva y salud emocional positiva

En tema de formas de ejercer la disciplina, el tipo de cuestionamiento que subyace en la mente de cada padre bien puede ser de naturaleza hamletiana: “ser o no ser…”, qué tan riguroso ser con las reglas y sus consecuencias, o qué tan laxo. El balance es justo lo que los especialistas y numerosos estudios apuntan como la clave: una “disciplina positiva”, lejos tanto de la severidad que se acostumbraba en generaciones pasadas, como del desapego de la estructura y las normas. Esta forma de disciplinar a los niños positivamente se funda en formas que aseguren un desarrollo del bienestar emocional del niño, pues según expertos en psicología y educación en Estados Unidos, así como numerosos estudios, una buena salud emocional contribuye aproximadamente al 80 % del éxito de los niños como adultos [2]. Esta salud emocional “positiva” se refiere a la habilidad de las personas de reconocer y entender emociones —propias y ajenas—, la habilidad de expresarlas correctamente, la habilidad de resolver conflictos y lidiar con situaciones difíciles, mantener un punto de vista positivo ante la vida, reconocer la responsabilidad social, manejarse de forma no violenta, empática y respetuosa hacia uno mismo y hacia los otros [3], entre otras.

 

Causa-consecuencia… con lógica

Una parte fundamental de ayudar a que los niños desarrollen la capacidad de tomar la responsabilidad de sus faltas, es que vean claramente el curso lineal de causa-consecuencia en una situación, y sus efectos. Es común que los padres establezcan consecuencias sin una clara relación con la falta en sí, o consecuencias poco razonables. Ambos escenarios son confusos para los niños y, sobre todo, aprenden poco de este conjunto de consecuencias, lo que dificulta su desarrollo de autodisciplina y su capacidad de asumir responsabilidades [4]. Un ejemplo de una consecuencia sin relación sería pedirle al niño que haga planas y planas en donde escriba que debe guardar sus juguetes, una vez que haya dejado el cuarto tirado antes de irse a dormir. Una consecuencia poco razonable sería castigarle su tiempo de juego durante una semana por excederse cinco minutos en su tiempo para irse a la cama.

Lo ideal es plantear consecuencias lógicas a sus faltas, como castigar el tiempo de juego al niño el mismo día que decidió no hacer la tarea. Es un marco de tiempo corto e inmediato, al igual que una consecuencia relacionada a su falta, con lo que puede ir entendiendo la lógica de sus acciones, así como, al mismo tiempo, ir aprendiendo de sus errores.

Los especialistas, como la psicóloga clínica Zehmar Kamal, sugieren que las consecuencias sean planteadas a los niños con antelación, se le den opciones y que se involucre al niño en el establecimiento de las consecuencias ante ciertas situaciones específicas. Sobre todo la estructura, la constancia de apegarse a ella y a las reglas que como padres hemos establecido, la coherencia y la dosis bien reguladas de las consecuencias que establecemos son parte fundamental del sistema de disciplina positiva que ayudará a que nuestros niños, además de volverse más disciplinados, aprendan a no culpar a otros por sus faltas, sino apropiárselas y asumir sus consecuencias.

 


[1] Roberts en Reece, T. (2014). “How to teach kids to accept responsability for their actions”. Parents Magazine. [Tomado de: http://www.parents.com/kids/responsibility/values/its-not-my-fault/]

[2]  Kamal, Z. (2014). “Positive discipline for raising emotionally healthy children”. Hilal, 51(6), 59.

[3]  Ídem.

[4]  Ídem.

El ABC para relajarse en vacaciones

Relajarse en vacaciones, Montenegro Editores

Existe una creencia arraigada en la sociedad de que la carga laboral puede medirse en horas. Pero el trabajo de los maestros, al igual que el de otros educadores y tutores, también conlleva un desgaste emocional e intelectual que suele quedarse con nosotros aún en periodos de descanso.

En Montenegro queremos echarte una mano para que las inminentes vacaciones te sean provechosas por completo, y por ello te proponemos algunas técnicas para relajarse de verdad en vacaciones.

 

A) Alarga las mañanas.

Aunque seas profesor en una escuela o colegio vespertino, estamos seguros de que tu rutina te lleva a levantarte temprano. Con los chicos de descanso, lo primero que tienes que hacer para romper con la rutina de trabajo e iniciar una de descanso es… comenzar más tarde.

 

B) Date gusto.

Empezar más tarde tu día no significa que no tendrás el tiempo suficiente para cocinarte. ¡Todo lo contrario! Podrás tener el tiempo para prepararte tu comida favorita u ordenarla para comerla en casa. Esto puede ser tan sencillo como llenar el refrigerador antes de tus vacaciones, así no tienes que preocuparte por ir al supermercado.

 

C) Actívate, relajándote.

Suena a un sinsentido, pero no lo es tanto. Programa tiempo en tus vacaciones para realizar meditación, yoga o simplemente corriendo, caminando o viendo una película en la comodidad de tu sillón… es importante que tu mente no se sature.

Relajarse en vacaciones

Otras recomendaciones

Además de estas tres esenciales tareas, también puedes organizar tus vacaciones, así no perderás estructura ni tampoco dejarás de relajarte. También intenta abandonar la tecnología (tabletas, smartphones, computadora) al menos durante la mayor parte del día, apartando un tiempo (breve) para usarla. No te estreses.

Y, al final, pero no menos importante, aparta un par de días para ponerte al tanto de tu regreso a la actividad. Así sabrás que estás casi de regreso y tu mente se alistará sin tanto estrés.

Cuéntanos qué otras técnicas usarás o has usado en vacaciones anteriores. ¡Queremos leerte!

5 métodos para educar en la responsabilidad mediante la autoevaluación

autoevaluación

Comprobado por pedagogos, recomendado por la agencia para la infancia de la ONU (Unicef), la evaluación completa el ciclo de aprendizaje al educar en la responsabilidad y brindarle al profesor un panorama psico-educativo de sus pupilos

 

Como todo lo que tiene un impacto duradero en la vida, la autoevaluación escolar, más que un instrumento de medición es un estilo de vida. Implementar y conocer la diferencia implícita en ello ofrece al docente y al alumno una vía a la vez natural y perdurable para reforzar constantemente no sólo los conocimientos, sino la habilidad de aprender a aprender.

“El proceso de autoevaluación genera espacios para tomar conciencia del estilo de liderazgo imperante en la organización; la cultura y el clima social escolar; el grado de satisfacción de sus docentes y directivos, y para explicitar conflictos interpersonales que yacen sumergidos o ignorados”, concluyen los chilenos Gracia Navarro Saldaña y Jorge E. Jiménez en su estudio sobre la Autoevaluación como herramienta para la Universidad de Concepción (Chile).

Pero otros investigadores también han confirmado que alentar en los alumnos y cuerpo docente la reflexión sobre sus desempeños académicos “es la estrategia por excelencia para educar en la responsabilidad y para aprender a valorar, criticar y a reflexionar sobre el proceso de enseñanza y aprendizaje individual” (Calatayud, 2002; 1999).

 

Los cinco métodos avalados por la Unicef

autoevaluación

 1. Bloc de autoevaluación

Se trata de una actividad en la que el estudiante evidencia los esfuerzos realizados, la valoración del trabajo conseguido (¿qué sabía?, ¿cómo lo he aprendido?, ¿qué sé yo ahora?) en relación a contenidos tanto del ámbito conceptual, de procedimiento y de actitud, cuáles han sido las mejores ideas, los logros conseguidos en los distintos ámbitos de conocimiento.

 

2. Hoja de Plan Semanal

El objetivo de esta actividad es motivar al alumno para que sea responsable de sus acciones. Él sabe que tiene una semana para realizar determinadas actividades y él mismo ha de responder de su realización.

 

3. Herramientas elaboradas por el profesor

Se trata de actividades que el docente diseña con el objeto de evaluar y comprender cómo el alumno va consiguiendo los aprendizajes. Para ello se elaboran cuestionarios, listas de control, escalas de estimación, protocolos, etcétera, para recoger las informaciones relevantes sobre el proceso de enseñanza y aprendizaje realizado.

 

4. El diario del estudiante

La reflexión sobre el diario permite detectar problemas, hacer explícitas las concepciones y posibilitar mejoras en el proceso. Desde nuestro punto de vista, el diario es uno de los instrumentos más útiles para llegar al conocimiento, análisis, comprensión y valoración del proceso de enseñanza y aprendizaje que realiza el estudiante, así como también para conocer y respetar el ritmo de aprendizaje de cada uno de ellos.

 

5. El portafolio del estudiante

El portafolio es una colección de trabajos, actividades, etcétera, que el alumno ha realizado durante un curso. Pero quizás lo más importante de esta selección de actividades radique en que éste ha de estar compuesto por aquellas actividades que han permitido al discente[1] tanto la posibilidad de valorarse más a sí mismos, como de sentirse más seguros de sí mismos.


[1] Estudiante o persona que recibe enseñanza.

6 consejos para cerrar con broche de oro el ciclo escolar

ciclo escolar, planeación, Montenegro Editores

Las vacaciones están a la vuelta de la esquina y terminar un ciclo escolar conlleva no sólo la entrega de trabajos finales, exámenes o la emoción por el inminente descanso… por eso te compartimos algunas ideas para cerrar bien este ciclo escolar.

 

1. Atento al calendario

Estar al día en la planeación de la escuela, como fechas de evaluaciones, reuniones de padres de familia y festivales de fin de ciclo puede reducir tu estrés significativamente. A tus hijos les puede ayudar a prepararse para los exámenes, como hemos visto en entradas anteriores.

 

2. Estudia por etapas

Es mejor estudiar periódicamente, en periodos cortos y alternar las materias. Además de la tarea se puede dedicar 30 minutos a repasar cada materia, con una materia al día. Por ejemplo: lunes, matemáticas; martes, exploración; miércoles, cómputo… y así evitar la fatiga mental.

 

3. Constancia mata esfuerzo

Cuando estamos por salir de vacaciones, y más significativamente durante ellas, solemos relajar la disciplina para mantener horarios establecidos… lo mejor es que intentes crear una disciplina. La consistencia estabilizará las cosas si comienzan a desmoronarse.

 

4. Encuentra apoyos

Somos adultos, pero por haber terminado la primaria no significa que seamos el mejor apoyo o el que necesitan nuestros hijos. Si hay un área en la que necesite refuerzo, ¡hay que encontrar aliados! Los clubes de tarea, cursos de verano y otras opciones están ahí para considerarlas en esta etapa del curso.

 

5. Revisar material

Hay que apuntar que a veces una mala calificación viene de no tener buenos apuntes. Si tú o tu hijo o alumno fallan en este punto, es momento de completar los apuntes que hagan falta para que tenga “la película completa” de su año académico.

 

6. Vive el verano

¡Alégrate, han concluido otro ciclo escolar! Después de todo también es una etapa de celebración y logros. Compartan actividades de verano, asistan a los festivales que haya en su comunidad e incluso a las fiestas que organizan sus compañeros de clase por el fin de ciclo.

 

No olvides que todo final de ciclo conlleva ya el inicio de otro, ¿algo no salió bien o podría salir mejor? Es buen momento de pensar en ello para mejorarlo el próximo ciclo.

Un ABC sobre los berrinches

#Berrinches #GuiaparaPadres

Cómo desmantelar una bomba de frustración

Todos hemos presenciado la detonante determinación de la rabieta de un niño, propio o  del asustado/apenado padre que planeaba una calmada y rápida visita al supermercado. De dónde o por qué se generan, cómo evitarlos y, más que nada, cómo hacerles frente, son algunos de los temas que desarrollan los especialistas en la guía de padres de Montenegro, en su entrega sobre los berrinches.

 

Material explosivo. Qué son los berrinches

Los berrinches son una crisis de frustración del niño[1] que se encuentra en un momento rebasado por sus emociones. Los niños entre 1 y 3 años son más propensos a caer en estas situaciones[2], pues a esta edad creen ser el centro del mundo y por ello quieren las cosas de forma inmediata; les cuesta controlarse al esperar las cosas y fácilmente se frustran, no saben controlar emociones como el enojo, no saben usar muchas palabras para expresarse, entre otras razones[3]. También hay episodios de berrinches en niños mayores, ya con menor frecuencia entre cada episodio. En ciertos casos, y a cierto nivel, también los berrinches pueden ser una forma en la que los niños buscan manipular para obtener lo que quieren, mas no son el centro de toda rabieta.

 

Antes de que el percutor se active: cómo prevenir un berrinche

La estructura que se le brinda al niño desde sus padres es fundamental para ayudarlos en su comprensión de lo permitido y lo no permitido, la tolerancia al aplazamiento de situaciones y a sobrellevar la frustración, factores que inciden en la explosión o prevención de un berrinche. Entre algunas medidas que puedes tomar para ayudar a evitar un berrinche, se encuentran: recordar, en primer lugar, que el adulto eres tú y que todo se complica si entras en un juego de poder con el niño que ya se encuentra fuera de control; establecer acuerdos antes de salir, como los horarios de cada actividad o si podrá obtener algún dulce o cosa que desee; y negociar con él cada que se pueda.


ES IMPORTANTE QUE MIENTRAS TRANSCURRE EL BERRINCHE, NO LE DES A TU HIJO LO QUE QUIERE SÓLO PARA QUE SE CALME, YA QUE, SI OBTIENE LO QUE QUIERE, NO ESTARÁS ERRADICANDO LOS BERRINCHES, SINO REFORZANDO ESTE TIPO DE COMPORTAMIENTOS CADA VEZ QUE QUIERA OBTENER ALGO.


Protocolos de emergencia: qué hacer ante un berrinche

Si bien con el tiempo se podrán ir dominando e implementado diferentes estrategias que ayudan a evitar que se genere un berrinche, no podremos esquivar todos. Y una vez dentro de una situación de éstas, en privado o en público, he aquí algunas sugerencias de lo que podrías hacer para aminorar el impacto: cargar al niño fuera del espacio público para que pueda terminar su berrinche, sin arrastrarlo; no detenerlo a menos de que lastime a otra persona o propiedad; tener paciencia y no cederle lo que quiere para sacarlo del berrinche. Ante todo, y probablemente lo más difícil, es mantener la calma. Hay que recordar que en este punto el niño ya no está en condiciones para entender razones, esas se hablarán con él firmemente una vez que haya salido de este estado, y recordar que si obtiene lo que quiere mediante estas formas, se generará un reforzamiento a estas conductas.

Para tener una visión más completa y en detalle de estos —muy enérgicos— eventos que son inevitables en la vida con niños, te invitamos a que leas la guía sobre berrinches disponible de forma gratuita en la sección de Padres del portal oficial de Montenegro, para conocer más sugerencias de especialistas sobre el tema.


[1] Baby Centre. “Tantrums”. [Revisado en https://www.babycentre.co.uk/a1040560/tantrums#ixzz4ghTcJWRw]

[2] Ídem.

[3] American Psycological Association. “Tantrum in the grocery store”. [Revisado en http://www.apa.org/act/resources/fact-sheets/challenging-36-months.aspx]

 

Sácate un 10 en vacaciones también

#MontenegroEditores

Esta semana es la última de actividades antes de iniciar las llamadas vacaciones de Semana Santa, periodo reconocido en el calendario oficial de la Secretaría de Educación Pública como correspondiente a vacaciones de las semanas del 10 al 14 y del 17 al 21 de abril.

Este asueto es la oportunidad perfecta para aprovechar los privilegios de ser educadores, como los descuentos en pasajes, entradas a museos y/o parques, así como aprovechar el tiempo para descansar la mente con algún libro o película.

 

Viaja con descuento

Antes de que llegue la fecha de partida te convendría revisar los descuentos que los distintos transportes tienen para los maestros. Antes de eso te recomendamos tener al día tu credencial que te acredite como tal. Después puedes empezar por las páginas web de las líneas de autobuses que –como ETN, Estrella Blanca y Flecha Amarilla– ofrecen hasta un 25% de descuento para los docentes en todos sus viajes. Conviene revisar antes, en cada caso, el descuento ofrecido y su vigencia, aunque para este año 2017 se están ofertando a partir del viernes 7 y hasta el 24 de abril en algunos casos.

 

Entra con descuento

Además de viajar con descuento podrás disfrutar, con todo ese tiempo disponible, de los tesoros que guardan los museos nacionales. Muchos, como el Nacional de Antropología e Historia, el Regional de Guadalajara y el Instituto Cultural Cabañas, ofrecen entrada gratuita a los maestros y a estudiantes, por lo que puedes acudir también con tus hijos.

 

 Leer y ver para crecer

Puedes dedicar unas horas de tus vacaciones a ver filmes o leer historias que te inspiren un regreso vigoroso a las aulas; que reafirmen en ti la vocación o te hagan reír con un retrato cómico de la vida en la escuela.

A las cintas clásicas como Al maestro con cariño, protagonizada por Sidney Poitier, y la mexicana El Profe de Mario Moreno Cantinflas, se han añadido recientemente cintas como Freedom Writers (Diarios de la calle) protagonizada por Hillary Swank, y No manches Frida, una ligera comedia nacional protagonizada por Omar Chaparro y Martha Higareda.

#MontenegroEditores

Si lo tuyo es la lectura y quieres disfrutar de la ficción a partir de vidas de maestros, te recomendamos dos extraordinarios libros que parten de la vida de un maestro. El Mago de John Fowles puede llevarte hasta las islas griegas para comprobar que la educación sentimental nunca termina, así como los misterios de la vida. Mientras que puedes leer Ulises Criollo, una magnífica obra donde el llamado “Caballero del Abecedario”, José Vasconcelos, revela partes de su vida que le llevaron a fundar la SEP y otras instituciones educativas tras la revolución.

Esperamos que estas recomendaciones te guíen y te des a ti mismo un 10, luego de aprovechar los días de asueto para descansar y fortalecer la mente tanto como el cuerpo.

Recuerda que además de una oportunidad para el descanso, estas vacaciones fortalecen tu vida docente y como mexicano. O como lo puso recientemente el secretario de turismo de México, Enrique de la Madrid:

“Viajar es fundamental, pero también nos permite valorar el patrimonio que tenemos y fortalece nuestro sentido de pertenencia, identidad y de orgullo con nuestro país (…). El que viaja está haciendo Patria, le está ayudando al sector turístico, pero también se está ayudando a sí mismo, enriqueciendo y aprendiendo; se aprende muchísimo en las aulas, pero también se aprende fuera de las aulas”.