La hora de la comida: una batalla por ganar

Por Equipo Montenegro

Es posible que para muchos de nosotros, como padres, la hora de la comida se convierta en una batalla campal que tenemos contra nuestros hijos más pequeños. En su etapa de crecimiento es muy común que deseemos inculcarles hábitos alimenticios sanos, pues necesitan nutrimentos para tener un buen desarrollo; pero, con la misma frecuencia, nos encontramos con una muralla que ellos mismos construyen al negarse a probar los nuevos alimentos que les hemos presentado. Casi siempre, esto conlleva una guerra en la cual terminamos por obligarlos a comer dichos alimentos, ya sea a base de amenazas (“No podrás levantarte de la mesa hasta que termines todo”) o sobornos (“Si te lo comes todo, te daré una galleta”).

Es muy importante comprender que obligar a nuestros hijos a comer todo lo que les damos es una practica que no genera realmente beneficio alguno, y algo que resultará contraproducente si lo que deseamos es que tengan una buena alimentación y aprendan hábitos que los acompañen incluso cuando crezcan. Obligarlos, sobre todo bajo amenaza, sólo creará que ellos le tomen cierto repudio a esos alimentos sin siquiera probarlos, sin contar que puede resultar estresante y fastidioso también para nosotros lidiar contra sus rabietas en cada comida. Lo mejor que podemos hacer es encontrar alternativas más amigables que eviten en lo posible estos enfrentamientos.

Entre las sugerencias más habituales está comprender que este tipo de comportamiento en nuestros hijos suele ser una etapa más común de lo que creemos, y usualmente no es un acto de rebeldía en nuestra contra. Los gustos son cambiantes conforme una persona crece y adquiere experiencia en la vida, y lo que ahora no le gusta a un niño, tal vez en algunos años puede volverse su alimento favorito, o viceversa. Por ello se aconseja no dejar de insistir con un alimento en específico, pues si bien en un primer momento nuestros hijos podrían rechazarlo, la insistencia puede lograr que le genere cierta curiosidad descubrir el sabor de ese alimento que aparece con tanta frecuencia en su plato. Comienza a introducir alguna comida en porciones pequeñas, y si las primeras veces se niegan los niños, no los obligues a comerlo todo, aunque tampoco cedas con tanta facilidad; sigue insistiendo hasta que, por lo menos, lo haya probado una vez.

Otro aspecto que es importante comprender es que los gustos varían también en cada persona y que, aun tras probar algo nuevo, puede que nuestros hijos no quieran consumir otra vez cierto alimento, pues su sabor o textura no les gustó. La cuestión aquí es saber complementar: si tu hijo ha probado el brócoli pero no le gusta, puedes intentar con otras verduras similares hasta encontrar esas que sí sean de su agrado.

Algo que ayuda mucho a que un niño conozca y acepte nuevos alimentos es que nos acompañe durante todo el proceso: desde realizar las compras hasta cocinarlos. Así, al mismo tiempo, podemos enseñarles todo lo referente a ellos, promoviendo su curiosidad y aprendizaje.

No olvides tampoco realizar las comidas en familia, en las que haya verdadera interacción entre todos los miembros. Así, el niño podría llegar a probar los alimentos sin prestar por completo atención a lo que come.

Pero lo más importante que debes tener en cuenta es que, como padres, nosotros somos un modelo a seguir para nuestros hijos: si no nos ven probando y disfrutando de los alimentos que deseamos darles, es obvio que sentirán cierto rechazo e incluso injusticia de que los obliguemos a comer cosas que nosotros no consumimos.

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