La conversación: aprovechamiento fuera del aula

Por Equipo Montenegro

Casi todos los especialistas en educación y temas de la familia señalan la importancia de la comunicación entre padres e hijos, y, en particular, en asuntos relacionados con la vida académica de los estudiantes. La apertura de unos y de otros, de los papás y de los hijos, permitirá el intercambio para la formación y no sólo de información.

Difícilmente tendremos un consejo sobre la escuela –parte esencial en el día a día de los niños y jóvenes– que funcione o sea válido para cualquier familia. Sin embargo, existen algunas pautas que pueden dar luz para propiciar una mejor comunicación en casa en cuanto al aprovechamiento académico para estimular la expresión, curiosidad y análisis, más allá de los libros y el aula.

Una cuestión básica es que los padres o tutores muestren interés en las actividades escolares diarias. Además de averiguar si saben, por ejemplo, sumar o multiplicar los más pequeños, o qué han aprendido en tal o cual materia los más grandes, también valdría la pena hacerles preguntas que los lleven a pensar, como: ¿Eso cómo lo puedes aprovechar en casa, en la calle y en el juego? ¿En qué otros contextos y otros sujetos (animales, plantas, personas) podría funcionar / aplicarse / investigarse? Incluso los adultos podrían proponer escenarios y situaciones distintas en el quehacer diario del estudiante, en el que esa información o conocimiento adquirido con los profesores sea útil o aplicable.

Habría que evitar que parezca un examen o interrogatorio; que sea más una conversación. Así, los estudiantes percibirán también la disposición de sus padres para conocer más de ellos; se abrirá su capacidad de razonamiento en la vida diaria, “el mundo real”; desarrollarán su apertura al diálogo, y verán que lo aprendido en la escuela es realmente valioso para las actividades cotidianas.

Estas conversaciones podrían reforzarse con ejemplos y suposiciones, o situaciones y descripciones de escenarios y contextos, así como añadir experiencias propias y, por qué no, algo de humor como un chiste o un juego de palabras, todo lo cual abonará a que el estudiante de cualquier grado aproveche en mayor medida lo aprendido en el salón de clases.

Del mismo modo, este ejercicio fortalecerá los lazos entre los miembros de la familia, y no solamente con los padres, sino también con otros adultos que forman parte del contexto de los chicos. A su vez, este intercambio y muestra de interés enriquecerá el léxico de los niños, al igual que su perspectiva del mundo porque, al hablar de un nuevo conocimiento adquirido, entonces desarrollará su capacidad de análisis.

Habría que considerar que este ejercicio se debe realizar de manera esporádica, cuando el niño o joven se muestre disponible, y cuando los padres puedan suspender sus actividades disponiendo tiempo y oportunidad para atender las ideas, conocimientos y dudas del estudiante.

Este ejercicio puede adecuarse a las necesidades de cada individuo o familia. Siempre que esté abierto el canal de diálogo, con paciencia y atención, repercutirá de manera positiva en el crecimiento personal y escolar, en tanto individuos en medio de una sociedad. Y no sólo el estudiante lo aprovechará, sino también los adultos aprenderán algo nuevo, recordarán lo ya conocido y se abrirán a nuevas experiencias.

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