Tomar responsabilidad y aceptar las consecuencias… desde la infancia

Responsabilidad, Montenegro Editores

La responsabilidad y sus consecuencias: “Fui yo, no fue teté”

Aunque parece que estas capacidades incluso escapan a muchos ejemplares del mundo adulto, asumir las consecuencias de nuestros actos y dejar de traspasar la culpa a otros, en realidad comienza en nuestra infancia, muy de la mano de nuestra aproximación y estilo de disciplina que se fomentó en nuestra casa, y, por ende, de la que fomentaremos con nuestros niños.

Si ves que tu niño culpa rápidamente a otros por la mayoría de sus faltas —incluso aquellas en las que tienen sus manos pintadas por todos lados…—, no estás tratando con un “mal” terrible en su persona, los niños en infancia temprana están desarrollándose en todos los sentidos, y el asumir sus responsabilidades es parte de ello. Especialistas en el tema, como la Dra. Kate Roberts, lo dejan muy claro: “los niños a esta edad no entienden que todos cometemos errores (…), culpar a alguien es simplemente su forma de evadir una desaprobación y las consecuencias negativas”[1]. Y, ¿qué hacer para ayudar a que nuestros niños puedan tener un desarrollo emocional sano, y aprendan a aceptar las consecuencias de la mejor manera? Todo empieza con la disciplina.

 

Disciplina positiva y salud emocional positiva

En tema de formas de ejercer la disciplina, el tipo de cuestionamiento que subyace en la mente de cada padre bien puede ser de naturaleza hamletiana: “ser o no ser…”, qué tan riguroso ser con las reglas y sus consecuencias, o qué tan laxo. El balance es justo lo que los especialistas y numerosos estudios apuntan como la clave: una “disciplina positiva”, lejos tanto de la severidad que se acostumbraba en generaciones pasadas, como del desapego de la estructura y las normas. Esta forma de disciplinar a los niños positivamente se funda en formas que aseguren un desarrollo del bienestar emocional del niño, pues según expertos en psicología y educación en Estados Unidos, así como numerosos estudios, una buena salud emocional contribuye aproximadamente al 80 % del éxito de los niños como adultos [2]. Esta salud emocional “positiva” se refiere a la habilidad de las personas de reconocer y entender emociones —propias y ajenas—, la habilidad de expresarlas correctamente, la habilidad de resolver conflictos y lidiar con situaciones difíciles, mantener un punto de vista positivo ante la vida, reconocer la responsabilidad social, manejarse de forma no violenta, empática y respetuosa hacia uno mismo y hacia los otros [3], entre otras.

 

Causa-consecuencia… con lógica

Una parte fundamental de ayudar a que los niños desarrollen la capacidad de tomar la responsabilidad de sus faltas, es que vean claramente el curso lineal de causa-consecuencia en una situación, y sus efectos. Es común que los padres establezcan consecuencias sin una clara relación con la falta en sí, o consecuencias poco razonables. Ambos escenarios son confusos para los niños y, sobre todo, aprenden poco de este conjunto de consecuencias, lo que dificulta su desarrollo de autodisciplina y su capacidad de asumir responsabilidades [4]. Un ejemplo de una consecuencia sin relación sería pedirle al niño que haga planas y planas en donde escriba que debe guardar sus juguetes, una vez que haya dejado el cuarto tirado antes de irse a dormir. Una consecuencia poco razonable sería castigarle su tiempo de juego durante una semana por excederse cinco minutos en su tiempo para irse a la cama.

Lo ideal es plantear consecuencias lógicas a sus faltas, como castigar el tiempo de juego al niño el mismo día que decidió no hacer la tarea. Es un marco de tiempo corto e inmediato, al igual que una consecuencia relacionada a su falta, con lo que puede ir entendiendo la lógica de sus acciones, así como, al mismo tiempo, ir aprendiendo de sus errores.

Los especialistas, como la psicóloga clínica Zehmar Kamal, sugieren que las consecuencias sean planteadas a los niños con antelación, se le den opciones y que se involucre al niño en el establecimiento de las consecuencias ante ciertas situaciones específicas. Sobre todo la estructura, la constancia de apegarse a ella y a las reglas que como padres hemos establecido, la coherencia y la dosis bien reguladas de las consecuencias que establecemos son parte fundamental del sistema de disciplina positiva que ayudará a que nuestros niños, además de volverse más disciplinados, aprendan a no culpar a otros por sus faltas, sino apropiárselas y asumir sus consecuencias.

 


[1] Roberts en Reece, T. (2014). “How to teach kids to accept responsability for their actions”. Parents Magazine. [Tomado de: http://www.parents.com/kids/responsibility/values/its-not-my-fault/]

[2]  Kamal, Z. (2014). “Positive discipline for raising emotionally healthy children”. Hilal, 51(6), 59.

[3]  Ídem.

[4]  Ídem.

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