Understood: en los zapatos del día a día de los trastornos por déficit de atención

Son pocos los proyectos tan integrales con los que nos hemos topado en la red que atiendan desde diversos ángulos a alguna problemática específica en los procesos de desarrollo infantil, como lo es el sitio Understood. Menos aún los que cuentan con bastantes recursos de forma gratuita. Te invitamos a conocer un poco más sobre este sitio que reúne y comparte expertise desde distintas esferas para atender y acompañar a padres en cuyo hogar existe algún caso de trastorno por déficit de atención con hiperactividad.

 

Un esfuerzo integral y colectivo para un problema común y complejo

El trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) es una realidad para millones de familias tanto en Estados Unidos —en donde 11 % de los niños entre 4 y 17 años han sido diagnosticados con él, lo que equivale a 6.4 millones de niños[1]— como en México —8 % de los niños en edad escolar presenta TDAH[2]— y el mundo, por lo que en varios países es considerado como un problema de salud pública. Debido tanto al volumen de población infantil que este trastorno afecta, como a su injerencia en el desarrollo de quienes lo presentan, son varios los esfuerzos de organizaciones y comunidades para manejar y superar sus retos. Uno de estos esfuerzos es Understood.

El proyecto Understood vincula a 15 organizaciones sin fines de lucro para ofrecer guía, apoyo y recursos a los padres de chicos con dificultades de aprendizaje y de atención a través de un portal de internet. La oferta de Understood considera a varios actores y ámbitos, pues articula recursos tanto de expertos en temas de educación, psicología, desarrollo y salud, como experiencias de padres y de los propios niños diagnosticados con TDAH, por lo que en el sitio se puede tener acceso a materiales y publicaciones estudiadas desde los distintos ángulos de este trastorno: desde el ojo del experto externo, del padre, tutor o maestro que vigila en la cotidianidad al TDAH,  hasta del propio paciente con sus distintas formas de vivirlo y superarlo. El portal combina tecnología con una importante fuente de expertos en distintos ámbitos del tema que, además, están en línea todos los días de forma gratuita. Debido al importante componente latino de la población estadounidense, el sitio Understood está disponible tanto en inglés como en español.

 

Conocer para actuar

Understood es una referencia para consultar e irse adentrando en la comprensión de problemas de aprendizaje y atención en niños, por lo que el apartado que profundiza lo que son los trastornos por déficit de atención con hiperactividad (como la dislexia) es por demás completo y accesible. Aborda desde las aclaraciones puntuales y sencillas de lo que son estos trastornos, lo que no son, sus implicaciones cerebrales, las diferencias entre discapacidades de aprendizaje y problemas tanto de atención como de aprendizaje, tipos de trastornos, síntomas, tratamientos y aproximaciones, hasta los distintos términos que se utilizan para referirse a ellos en distintas esferas, o una explicación de las diferencias en cómo visualizan estos problemas de aprendizaje y atención tú y tus hijos. La información del tema y el tratamiento por la organización es, por de más, esclarecedora… y este apartado es sólo la introducción. Si estás comenzando a investigar el tema, es un sitio que definitivamente merece una visita, pues para poder encontrar opciones a la medida de tu niño y tus rutinas, informarse es un paso obligado.

 

Expertos a tu alcance, todo el año

Uno de los fuertes innegables de este portal es su red de expertos que construye los contenidos y que, además, están disponibles mediante chats en vivo o eventos (como los webinars, seminarios o breves pláticas en línea) que se programan, anuncian y colocan periódicamente en el sitio. De temas tan variados como “Prevenir la pesadilla de las tareas” o “Preguntas para hacerle a tu médico sobre medicación de TDAH” —conducidos por doctores, miembros directores del Centro Nacional de Discapacidades de Aprendizaje (en Estados Unidos), y especialistas en psiquiatría y ciencias del comportamiento de la Facultad de Medicina de la Universidad de California del Sur, respectivamente—, el contacto permanente con grandes especialistas te dará la oportunidad de ahondar en dudas o problemáticas específicas y, muy probablemente, encontrar una solución o respuesta a tu situación desde lo más experto en el campo. Todo, de manera gratuita.

Además de los grandes expertos que estudian el tema, Understood proporciona una plataforma de encuentro y contacto con padres de familia que viven, como tú, los retos que implican estos trastornos, no sólo en el ámbito escolar sino en el día a día, tanto para él como para ti. Los consejos de padres con base en experiencias reales son uno de los recursos más apreciados del sitio. Pensado para padres, Understood tiene una sección que sintetiza recursos muy prácticos: Herramientas para familias, dentro de la cual se encuentra Entrenamiento para padres, un menú en el que podrás seleccionar un tipo de problemática específica (organización y manejo del tiempo; autoestima, interacción con otros niños, manejo de la frustración, etcétera), y filtrar por el grado escolar que cursa tu niño, para recibir consejos puntuales y prácticos de un experto para atender tu situación. Consejos que, además, están calificados por los mismos usuarios del portal: un consejo que ya ha sido puesto en práctica y validado por otros padres de familia.

 

 

Desde la mirada de quien tiene un trastorno de déficit de atención

Con la gran red de especialistas y padres que conforman y visitan el sitio, Understood ha, a su vez, comprendido que no podemos omitir de la configuración de soluciones al actor más importante de todos: al niño en cuestión. Con esta visión, que busca siempre colocar al niño en el centro, Understood busca acercarnos lo más posible al problema, desde el interior. Así, en una herramienta maravillosa, A través de los ojos de su hijo, Understood nos coloca a todos en los zapatos de quien lleva estos retos en primera persona. Tras breves, pero bastante iluminadores, conmovedores y motivantes testimoniales de niños de distintas edades que padecen algún tipo de problema de atención y aprendizaje, Understood nos crea un escenario en donde los elementos aparecen tal como lo hacen ante los ojos de estos niños. Por primera vez, y desde nuestra computadora personal, podemos visualizar o escuchar para así comprender a lo que se enfrentan nuestros niños y ayudarlos, con una mayor comprensión y empatía, además de admiración, a encontrar las formas de superar esos obstáculos que cada vez se harán más pequeños en el camino al desarrollo, el crecimiento y la satisfacción.


[1] “Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos” en understood.org

[2] Secretaría de Salud. Gobierno Federal de los Estados Unidos Mexicanos. “Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad Afecta calidad de vida”. Mayo de 2016. Revisado en https://www.gob.mx/salud/prensa/trastorno-por-deficit-de-atencion-e-hiperactividad-afecta-calidad-de-vida

 

Cómo prepararse en familia para un examen

Así como sentimos que hemos fallado como padres, guías y educadores, cuando un alumno reprueba un examen, todos podemos ser parte de la solución al apoyar a los educandos en su preparación y no exclusivamente de forma académica. A continuación te damos algunos consejos para preparar un examen en familia.

 

  • Estar al día con las tareas.

No hay mejor forma de estar al día. Punto. Si ayudas a tu hijo con las tareas, lo estás ayudando a estar listo para cada examen, porque los conocimientos estarán frescos y accesibles. Además es una oportunidad para ver cada asignación diaria como un repaso. No sólo hagan la tarea, apréndanla.

 

  • Tener comunicación con el maestro.

Habla con su maestro sobre las áreas donde tu hijo necesita más apoyo y aquellas en las que tenga mayor facilidad de aprendizaje. ¡Así sabrás dónde apoyarlo! Esto también evitará que los periodos de pruebas los tomen desprevenidos, ya que la planeación lo es todo.

 

  • Leer con tu hijo regularmente.

Una manera muy eficaz de repasar temas y asignaturas con tus hijos es leer. Leer textos de y sobre las materias en las que tendrán pruebas. Enciclopedias y artículos son ideales para materias de ciencias sociales, mientras que los libros de ejercicios matemáticos, que combinan la práctica con actividades lúdicas, son ideales más allá de los textos obligatorios.

 

  • Practicar para los exámenes.

Ensayar en casa las condiciones de un examen (el silencio, la concentración y el límite de tiempo) puede reducir significativamente el estrés del alumno al realizar la prueba real. Hacer esto también ayuda a detectar conocimientos que necesitan ser reforzados y habilidades que necesitan ser mejoradas (como leer bien las instrucciones o rellenar espacios adecuadamente).

 

  • Usar técnicas de relajación.

El estrés y el nerviosismo llegarán inevitablemente, tanto con la práctica como con la realización de la actividad en sí, por lo que no es para nada una mala idea aprender una o dos formas de relajación. Con el objetivo de lograr la paz mental, pueden intentar con música y técnicas de respiración o meditación, y así estar listos para esos exámenes.

 

  • Hablar de cómo será.

Una buena anécdota de papá o mamá sobre cómo era para ellos hacer exámenes les ayuda a los niños a aliviar la tensión y los preparara para vivir las pruebas sin el estrés que conlleva una situación de evaluación, en la que se sienten examinados no sólo a nivel académico sino personal. Cualquier información extra antes del examen ayuda a verlo con mayor naturalidad.

 

Además, nunca sobran los premios o recompensas; recuerda que todo es aprendizaje y un trabajo bien hecho siempre merece una gratificación.

Más allá de una partitura. Los beneficios del entrenamiento musical

Existe un gran número de estudios sobre los vínculos entre la música, su estudio o uso, y sus efectos positivos en aspectos congnitivos —así como también hay aquellos que buscan desvincular a la música de esto—. Pese a que existe cierta polémica en la discusión de los beneficios que trae el entrenamiento musical, una constante es que el estudio de ésta tiene ciertos efectos en el desarrollo de habilidades en áreas comunes de rubros aparentemente muy diferentes, como aquellas de lenguaje y las del pensamiento matemático, lo que puede resultar en una opción interesante para clases extracurriculares para nuestros hijos.

 

La elusiva relación entre la música y el IQ

Precisamente una de las áreas que ha sido constantemente revisada, y cada tanto polemizada con algún estudio sin pruebas de causalidad, es aquella sobre la relación de la música con el coeficiente intelectual (IQ por sus siglas en inglés). Como lo explica la Dra. Heather N. Winter para la revista American Music Association en un artículo de 2016, cuando se evalúa la inteligencia por medio del IQ, esta medida se mantiene mayormente estable a lo largo de la vida, y casi la mitad de sus variantes se acreditan a la genética, por lo que se sugiere que cualquier variante ambiental o “que cultiva” (ya sea entrenamiento musical o científico) raramente logra un gran impacto en el IQ. Sin embargo, afirma, “se han hecho hallazgos significativos que muestran una relación positiva entre el entrenamiento musical y otras habilidades cognitivas”[1]. Estas habilidades incluyen a varias propias del lenguaje como la memoria y la prosa, así como el razonamiento espacial, habilidades matemáticas, memoria a corto plazo, memoria visual, tiempo de reacción y agudeza táctil[2].

Si bien probar el vínculo entre el estudio musical y su efecto positivo en habilidades cognitivas por medio del IQ ha sido una tarea más bien elusiva, en 2004, un estudio conducido por el Dr. E. Glenn Schellenberg de la Universidad de Toronto —especialista en desarrollo cognitivo en el terreno auditivo—, en el cual se dieron clases extracurriculares gratuitas a dos grupos de niños de 6 años (un grupo asignado con clases de música y otro con clases de teatro o ninguna clase extracurricular) por un año, se encontró un incremento tanto en el IQ como en los resultados de exámenes regulares de logro académico en el grupo de niños que recibieron entrenamiento musical. Las evidencias de la correlación entre el entrenamiento musical y el desarrollo de habilidades cognitivas se ha estudiado y probado en las últimas décadas, a pesar de que no se muestre muy evidente al utilizar la métrica del IQ.

 

Música y matemáticas: lo que yace en el fondo

No todos los “beneficios” adicionales que puede aportar la música más allá de su campo específico quedan en las discusiones y mediciones de IQ. En 2008, las doctoras Nan Bahr y Carol A. Christensen —especialistas en la investigación del aprendizaje y educación, respectivamente—, realizaron un estudio con alumnos australianos de 15 años para evaluar la transferencia de conocimiento de dos áreas aparentemente distintas desde la superficie, pero con semejanzas estructurales: matemáticas y música. Las autoras abordan las posibles semejanzas entre ambas ramas con la resolución de problemas como punto de partida, bajo la primicia de que cuando se posee una serie de conocimientos previos y más profundos, aunque pertenezcan a ramas distintas, pero que atienden las mismas problemáticas estructurales, la forma de resolver un problema es mucho más eficiente.

En su investigación previa, Bahr y Christensen retoman trabajos en la investigación de resolución de problemas que demuestran que existen diferencias importantes en la forma en que un experto y un novato (en problemas) se acercan y abordan problemas relacionados a un conocimiento específico de campos diferentes: los expertos se toman 25 % de su tiempo en la representación del problema, mientras que los novatos sólo invierten 1 % de su tiempo en esta fase (Voss y Post en Bahr, et ál.). Esta representación del problema (que implica hacer abstracciones y aplicar principios) es lo que permite a los expertos clasificar el problema al que se enfrentan con base en sus conocimientos previos, así pertenezcan a otras áreas, y generar con ello sus estrategias. Al clasificar los problemas, los expertos analizan y utilizan las características del problema que se encuentran en su estructura más profunda. Examinar esta estructura profunda les permite ver a los expertos cómo este problema que están atendiendo en realidad pertenece a un grupo de problemas que ya conocen, aunque pertenezcan a otros ámbitos. De tal modo, los expertos piensan qué significa realmente el problema en cuestión, mientras que los novatos se quedan en la búsqueda de qué dice el problema.

Es en esta parte honda de la estructura del conocimiento de cada área, que se puede transferir lo que se sabe de un ámbito para aplicarlo en otro, y en el caso de las matemáticas y la música, lo común que subyace a ambas áreas es mucho más de lo que se puede percibir desde la superficie. “Un músico entrenado encuentra orden en lo que es esencialmente sonido organizado arbitrariamente, y ha construido conceptualmente un sistema de patrones, relaciones, regularidades, series, proporciones, fracciones, subdivisiones y ratios, representadas y entendidas mediante un complejo sistema símbolos. De tal modo que un traslape en las estructuras profundas del conocimiento musical y matemático puede esperarse en un gran número de áreas[3]”, explican Bahr y Christensen en su publicación del 2000.

En el estudio dirigido por estas doctoras, se encontró que en los ámbitos de matemáticas y música, los alumnos que han tenido entrenamiento musical se desempeñan mucho mejor que los alumnos sin entrenamiento en las áreas de matemáticas que se traslapan con estructuras del conocimiento musical[4]. Este estudio también sostiene teorías como la de Zohar, que sugiere que la transferencia de conocimiento sucede como resultado de una similitud estructural profunda entre los ámbitos. Bahr y Christensen argumentan que esta transferencia puede suceder de forma espontánea y sin instrucción previa que facilite la transferencia (en su estudio, a dichos alumnos de 15 años —con y sin entrenamiento musical— se les asignaron tanto pruebas matemáticas como musicales, sin instrucciones que indicaran el cambio de ámbito y mucho menos sus áreas similares).

Así, que tu hijo inicie un estudio más formal de música (particularmente la creación de música, más que la apreciación) lo dotará de formas de entender y organizar el mundo que podrá aplicar en muchos más campos, y todo sin siquiera percatarse de ello. Si para este nuevo ciclo estás pensando en actividades extracurriculares que le aporten más a distintas dimensiones del crecimiento de tu hijo, además de resolver situaciones de agendas de papás y/o mamás que trabajan, la música puede ser una opción con grandes beneficios. El desarrollo de nuevas rutas mentales ayudará a fortalecer sus conocimientos y dominio en áreas del lenguaje y de las matemáticas, entre otras, pero lo más importante es inducirlo y apoyarlo en una actividad como la música, si naturalmente tiene una inclinación hacia ella, o si te lo demanda de forma más abierta. Forzar un conocimiento o un gusto no ayuda en mucho, pues el niño no tendrá la apertura ni la curiosidad que son necesarios a la hora de aprender, pues como recordamos, el juego y el disfrute son fundamentales en los procesos de aprendizaje de los niños.


[1] Winter, H. N. (2016). “THE LINK BETWEEN MUSIC LESSON AND IQ IN CHILDREN”. American Music Teacher, 66(2), pp. 14-18.

[2] Ídem.

[3] Bahr, N., & Christensen, C. A. (2000). “INTER-DOMAIN TRANSFER BETWEEN MATHEMATICAL SKILL AND MUSICIANSHIP”. Journal Of Structural Learning & Intelligent Systems, 14(3), p. 187.

[4] Ídem.

Haz el mejor “nido de estudio” de tu vida

Por Equipo Montenegro

A esta altura del receso escolar, ya están casi listos los útiles, esa mochila especial se resiste a llegar y las vacaciones casi se acaban… es el momento justo de pensar en un espacio para apoyarnos durante todo el ciclo escolar que está por comenzar.

Pero ese espacio, en algunas ocasiones, ya está asignado en casa sin ser el ideal. Te daremos algunas ideas para que, sin importar el tamaño de casa o los recursos, sepas elegir el mejor lugar en casa para convertirlo en un verdadero nido de estudios que ayude a tu concentración, organización y se refleje en mejores calificaciones y menos estrés.

Primero que nada debemos preguntarnos: ¿qué debe tener el espacio ideal para estudiar? Esto se puede responder sencillamente en tres puntos:

Buena iluminación.
Buena equipación.
Aire circulando.

Así que ya puedes ir descartando tu closet, por más libre de ruido que esté. Necesitas también luz, natural de preferencia, y aire, sobre todo uno que se renueve por sí solo, como una ventana cercana.

Ahora lo que necesitas hacer es tomar decisiones.

1. Espacio de trabajo

La superficie que utilices para estudiar será tu mejor aliada o tu ruina. Lo recomendable es una mesa amplia, lo suficientemente larga para que todas tus herramientas se acomoden y dejen espacio a los libros y libretas, o lo suficientemente versátil para darte espacio acondicionable.

2. Asiento

Recuerda que pasarás horas sentado estudiando o leyendo, así que más vale encontrar un asiento cómodo y que ayude a tu buena postura. Las sillas de oficina están pensadas para usos prolongados, así que son una buena opción. Pero un sillón cómodo no se puede descartar.

3. Iluminación

Como dijimos antes, que haya luz natural es muy importante. Si tu espacio habitual no cuenta con abundante luz natural, analiza si puedes cambiarlo. De no ser posible el cambio, asegúrate de que tengas iluminación artificial que suplante la luz natural. Hay focos especiales para ello.

4. Herramientas

Necesitas tener al alcance de tus manos todo lo indispensable. Dale un espacio a cada cosa, así evitarás pérdidas de tiempo buscando las herramientas para la tarea y te podrás enfocar más en la tarea.

5. Organización

Debes mantener una base de pasos, procesos y/o tareas a realizar a manera de planeación para que cada día sepas exactamente dónde comenzar, qué herramientas necesitas para cada tarea y cuánto tiempo tienes.

6. Medición del tiempo

Importante para descansar correctamente es no trabajar de más. Asigna una cantidad determinada de horas para estudiar, después divide ese tiempo entre las tareas y ten siempre a la mano un reloj para medir tu progreso y evitar estancarte.

 

Como ves, encontrar el mejor lugar para estudiar depende más de voluntad que de recursos. Ahora también te recomendamos apropiarte del espacio con aquellas cosas que te motiven a hacerlo mejor: una foto, una frase inspiracional o un objeto que te traiga paz mental son lo recomendable. Y ahora sí. ¡A estudiar mucho!

¿Atrapados en casa? ¡Hazlo divertido!

En una entrada anterior hablamos de las opciones que se presentan durante el verano para involucrar a los chicos en actividades organizadas fuera de casa. Hoy te queremos dar algunas ideas para que no se sientan atrapados dentro de casa.

Podemos dividir las actividades en casa según su utilidad para la educación de los peques: educativa, formativa o lúdica. Encontrar el balance entre estas tres hará que las vacaciones sean un tiempo no sólo productivo, sino valioso para la familia. Provechoso para su unión.

La proporción puede variar, pero tomando en cuenta que son vacaciones, quizá quieras intentar poner énfasis en lo formativo y lúdico, aspectos que se trabajan menos que el educativo el resto del año. Así que idealmente puedes dividir el tiempo entre un 35 % lúdico, 35 % formativo y 30 % educativo.

 

Formando… vínculos

Primero, recuerda que los niños aprenden con el ejemplo. No sólo digas “Recoge tu cuarto”, enséñale cómo. La manera en la que hables con ellos y cómo los hagas participar en la tarea les ayudará a entender mejor su lugar en casa, la manera en la que se pueden hacer responsables de sí mismos y de sus cosas.

Además, el tiempo que pases con ellos también ayudará a formar y fortalecer los vínculos que muchas veces son difíciles de fortalecer cuando están en la escuela.

 

Actividades formativas

  • Recoger el cuarto.

Hazlo divertido, encestar el peluche o recoger los zapatos y ordenarlos por color son variantes de juegos que ayudan a hacer los deberes.

  • Haz algo nuevo.

Lavar trastes (que sean seguros, nada de vidrio), lavar algo de ropa o barrer la casa enseña a los niños a que todos -hombres y mujeres- construyen el hogar.

  • Haz algo por los demás.

Contarle un cuento a sus hermanos pequeños o acompañar a los abuelos a la misa se convierten en actividades formativas de civilidad y empatía.

 

Crear es divertido

No importa qué área de la actividad humana vaya a desarrollar el niño adelante en su vida, siempre requerirá creatividad para sobresalir. Las vacaciones son estupendas para explorar esa área y se puede hacer con una multitud de materiales, así como de cientos de formas.

Lo más importante es que los niños exploren su imaginación y creatividad. Puedes iniciar con lo más básico: la mente. Contar historias e ilustrarlas puede ser tan sencillo como comprar un gis y dibujar en el piso. Aquí no hay reglas más que aquellas formativas de la responsabilidad (recoger lo que se usa) y empatía (respetar a los demás).

 

Actividades lúdicas

  • Cuenta cuentos.

Contar una historia al niño para que luego él cree otra y juntos hagan un dibujo puede ser tan entretenido que las horas pasarán volando. Usa hojas de reciclaje.

  • Crea juguetes.

Usando material de reciclaje o reuso, como pantalones viejos, los tubos de cartón del papel de baño, cuadernos del ciclo escolar viejo, ¡crea algo nuevo!

  • Vuelta a la tradición.

¿Recuerdas esos juegos que te divertían tanto de niño? Estas vacaciones son la oportunidad ideal para compartirlos con tus hijos.

 

Repaso sin tanto rollo

Las actividades educativas que perseguimos en vacaciones de verano deben ser, por necesidad, más relajadas que las de la escuela. Pero una forma divertida de hacerlo es no darles un horario fijo, aunque sí buscando que se den de forma natural durante las actividades diarias.

Verás, si vas al supermercado, haz que tu hijo te ayude a sumar algunas cosas. ¡Demuéstrale que las matemáticas existen en la vida real! También puedes aplicar esto a las demás materias; la ciudad está para explorarse, igual que la casa.

 

Actividades educativas

  • Suma el súper.

Dependiendo del grado académico puedes hacer partícipes a tus hijos de la compra de los víveres. Desde contar hasta 20 hasta sumar el costo de todas las verduras. ¡Las etiquetas suelen ser una clase de química y español!

  • Describe la ciudad.

Hasta en la más mínima salida a la tiendita está la oportunidad de descubrir plantas y animales. También la de leer para reforzar la lectura de comprensión con cosas muy prácticas.

  • Tiempo digital.

Si van a usar aparatos digitales, el momento de hacerlos conscientes de cómo se interactúa con ellos es ahora. ¿Cómo funciona el procesador de textos?, ¿cómo prendo la compu? Todo es una lección.

 

 

La esperanza en tiempos de incertidumbre

A inicios de año, la firma Deloitte —presente en más de 150 países y territorios, dedicada a asesoría en auditoría, impuestos, temas legales y financieros, asesoría de riesgo y servicios de consultoría— publicó la sexta edición de su Informe Millennial. Este informe recogió las opiniones de 8 000 jóvenes nacidos después de 1982 de 30 países de todo el mundo, buscando aproximarse a las perspectivas y posturas de esta generación joven que empieza a insertarse en el mercado laboral, social y político. Y como parte del resumen ejecutivo, la firma subraya algo que demanda nuestra atención: “Los millennials (…) no son nada optimistas sobre sus prospectos [profesionales] a futuro, ni la dirección a la que se encaminan sus países, especialmente aquellos procedentes de mercados maduros”[1].

La preocupación ante la incertidumbre e inseguridad al cabo de un año de eventos políticos y sociales de gran peso a escala mundial en distintos ámbitos y de las complicaciones económicas propias del contexto actual, aunados a un cierto perfil social, emocional y de escala de valores de esta generación, invita a muchas reflexiones, entre ellas, una en torno al tema de la esperanza: cómo fomentarla —o en su caso construirla o re-construirla— desde la infancia, incluso desde adolescencia, para que nuestros hijos puedan caminar frente a la incertidumbre propia del mundo que será el de ellos, con un sentido de esperanza a modo de brújula interna que los habilite a encontrar certidumbre, aun dentro de las situaciones más inciertas y desesperanzadoras que puedan toparse.

 

El contexto de las expectativas de un futuro esperanzador

Kristina S. Callina, Sara K. Johnson, Mary H. Buckingham y Richard M. Lerner —Investigadores del Departamento Eliot-Pearson de Estudio Infantil y Desarrollo Humano en la Universidad de Tufts, Boston—, en una publicación de 2014, exploran los perfiles desarrolladores de la confianza y las expectativas de un futuro esperanzador (EFE) en la adolescencia. Según un cuerpo importante de investigaciones y teorías revisadas por el equipo, las expectativas sobre el futuro, con un corte más esperanzador, juegan un rol importante en el desarrollo positivo de la juventud, aunada a la capacidad de salir de una situación difícil y crecer con dicha experiencia[2].

La esperanza, dentro del marco teórico revisado por este equipo de especialistas, se entiende como “las emociones y cogniciones que energizan el comportamiento en dirección de metas futuras, y varios aspectos del progreso en la juventud”[3]. Esta mejora en el desarrollo y la prosperidad o crecimiento es evidente, por ejemplo, en indicadores que asocian a altos niveles de esperanza con éxito académico, así como en el campo del bienestar psicosocial y el de los logros deportivos. Según estos especialistas, se han encontrado vínculos entre las expectativas de un futuro esperanzador y los indicadores más globales del desarrollo positivo en los jóvenes —un modelo y abordaje del desarrollo adolescente que busca involucrar a éstos con sus familias, comunidades y gobiernos para que desarrollen su potencial—, como la competencia, la confianza en sí mismos, el carácter, la conexión y la contribución.

La importancia de tomar un escenario o situación y poder verlo y abordarlo con una mirada que mantiene la esperanza de que éste encontrará o le encontraremos un buen desenlace es, entonces, elemental en el desarrollo integral de un niño o joven, incluyendo —y más allá que— los ámbitos académicos o deportivos, pues lo equipa con habilidades que pueden marcar una gran diferencia en la forma en la que enfrenta todo tipo de situaciones y que alcanza su vida adulta. El contexto en el cual el niño se desarrolla es un factor crucial para el desarrollo de esta esperanza, según Callina, Johnson, Buckingham y Lerner. En específico, la relación padres-hijos está altamente implicada en el desarrollo de la esperanza (o de la capacidad de tener un abordaje esperanzador).

 

Criando niños con esperanza

Ante las complejidades que se enfrentan en un mundo globalizado de más de 7 500 millones de habitantes —y contando—, y tras un sondeo que recupera tanto posturas como opiniones no muy optimistas de las generaciones más jóvenes ante el futuro incierto, cabe la pregunta: y como padre, ¿qué puedo hacer?

Estimular y fortalecer la esperanza se ha vuelto necesario en estos tiempos. En un artículo del escritor Gershom Gorenberg, el Dr. Timothy Elliot —profesor asociado de psicología de la Universidad de Alabama, Birmingham— lo deja de forma muy clara: “al instalar la esperanza, le enseñamos a nuestros hijos que no son sólo recipientes pasivos de todo lo que pasa”[4].

Es importante que sepamos que son pequeños ajustes en nuestras rutinas los que podrán ayudar a fortalecer la esperanza en nuestros niños. Para el Dr. C. R. Snyder —investigador en esperanza y profesor de psicología clínica en la Universidad de Kansas en Lawrence—, la esperanza “es aprendida. Y como padres, incentivamos a nuestros hijos a pensar positivamente, de hecho, probablemente ya lo estás haciendo. Ayer, cuando tu niña pequeña subía dos escalones por ella misma y tú la motivabas a intentar con uno más, y luego otro, hasta que alcanzara el final de la escalera, tú eras el entrenador de la Liga Juvenil de Esperanza”[5].

Un niño con esperanza, según especialistas como Snyder y el Dr. Lewis Curry, es a la vez optimista (espera lo mejor) y determinado (es capaz de tratar la adversidad como un reto en lugar de verla como el final del camino)[6]. Y para ellos, una de las maneras más importantes de inculcarle esperanza radica simplemente en pasar más tiempo con nuestros niños: la seguridad derivada de un apego fuerte y sólido al inicio de la vida, le dará a tu niño la confianza para perseguir metas altas más adelante.

Para Snyder, la esperanza puede ser fomentada en cualquier etapa del desarrollo del niño. Desde contestar sus preguntas en la infancia temprana de “qué es eso” y “por qué”, lo cual enriquece su habilidad para articular lo que desea (que a su vez es el primer paso para lograr sus deseos), hasta ayudar a que tu niño crezca sus metas, lo que le enseña a disfrutar de los retos; y finalmente, celebrar con él cada logro, incluyendo los pequeños (o los que nosotros vemos como pequeños).

Leer, según apunta Gorenberg tras sus fructíferas pláticas con Snyder (entre otros), es otra forma de enseñarle a tu pequeño un pensamiento esperanzador: más allá de enriquecer y fortalecer sus habilidades en el lenguaje, las historias frecuentemente contienen algún tema esperanzador. A lo largo del crecimiento de tu hijo, ayudarle a generar múltiples soluciones a un problema —incluso hipotético— (situaciones que siempre enfrentan de una u otra manera los personajes de una historia) le dará una plasticidad y flexibilidad que le ayudarán en escenarios reales para encontrar nuevas vías de solución, incluso después de que con una —o varias— que haya intentado antes, haya fracasado. Hay que separar en el momento de corregir: que cuando falló algo, se debió a la estrategia o la forma de ejecutarla, mas no por una falta de talento o por una característica intrínseca del niño.

La esperanza, que en estos tiempos se asemeja a un santo grial altamente cotizado y requerido por muchas naciones, es, después de todo, algo que podemos alimentar y fortalecer desde nuestro hogar, en sus pequeños y, al mismo tiempo, grandes alcances.


[1] Galaz, Yamazaki, Ruiz Urquiza, S. C. Deloitte. “Apprehensive millennials: seeking stability and opportunities in an uncertain world”. The 2017 Deloitte Millennial Survey. [Tomado de https://cdn2.hubspot.net/hubfs/1708142/Campanas/Millennial%20Survey%202017/Deloitte-ES-millennial-survey-2017.pdf]

[2] Callina, K., Johnson, S., Buckingham, M., & Lerner, R. (2014). “Hope in Context: Developmental Profiles of Trust, Hopeful Future Expectations, and Civic Engagement Across Adolescence”. Journal Of Youth & Adolescence, 43(6), 869-883. doi:10.1007/s10964-014-0096-9

[3] Schmid and Lopez en Callina et ál.

[4] Elliot en Gorenberg, Gershom. “Raising a Hopeful Child”. Parents Magazine. [Revisado en línea en http://www.parents.com/parenting/better-parenting/style/raising-a-hopeful-child/]

[5] C.R. Snyder en Gorenberg.

[6] Gorenberg, Gershom. “Raising a Hopeful Child”. Parents Magazine. [Revisado en línea en http://www.parents.com/parenting/better-parenting/style/raising-a-hopeful-child/]

Escuelas de verano: ¿son necesarias?

Llega ese momento en el que ni padres ni hijos saben muy bien qué hacer con tanto tiempo disponible. Tal vez para uno de los padres sea más sencillo, aquel que trabaja fuera de la casa puede ahorrarse bastantes horas incómodas en las que darle una actividad divertida, productiva y formativa a sus hijos se convierte en un verdadero desafío.

Este problema lo podemos abordar de dos maneras: con actividades planeadas dentro de casa y con actividades organizadas fuera de casa.

En el primer caso, estamos hablando de poner un extra en la planeación semanal para, como padres o tutores, planear actividades divertidas y formativas para los niños y jóvenes. Por ejemplo, organizar una limpieza general de sus habitaciones o espacios personales, involucrando alguna actividad lúdica como concurso de encestar el peluche en la caja o competencias para ver quién tiende mejor y más rápido la cama.

El segundo tipo de actividad tiene que ver con los llamados cursos de verano, escuelas de verano o, sin mayor imaginación, clases de regularización.

Dejaremos las actividades planeadas dentro de casa para compartir algunos trucos e ideas más adelante. Hoy platicaremos más sobre las segundas.

 

Dale sentido

Ir a una escuela de verano, curso de verano o clases de regularización puede parecer muy estimulante para algunos chicos, pero para otros la mera mención de tener que dormir temprano para despertarse e ir a una actividad escolar les puede causar irritación. Así que, ¿cómo los convencemos?

Lo primero que debemos tener claro es si nuestro hijo o tutelado necesita o aprovecharía la actividad. ¿Es un estudiante perfecto? Nadie lo es, pero si canalizamos esta pregunta desde el enfoque “¿Hay algo que podría aprovechar de la actividad?”, todo nos puede resultar más sencillo.

Así que lo primero es que tú como padre o tutor le encuentres un sentido a enrolarlo en actividades durante sus vacaciones. Lo segundo es atraer, sin engaños, a los chicos hacia esta experiencia.

Si lo harán por primera vez, lo mejor que puedes hacer es ensalzar el lado social de la actividad. Recuérdale que es una oportunidad perfecta para conocer nuevos amigos o acercarse a los que ya tiene y le acompañarán. Otro plus para los chicos es que si asisten a estas actividades, la escuela se les hará “más fácil”, ya que no tendrán que esforzarse tanto en recordar conceptos, puesto que jugaron con ellos en vacaciones.

 

También es divertido

La mayoría de las ocasiones, los cursos de verano que ofertan las instituciones educativas, tanto públicas como privadas, incluyen actividades o están enfocadas en actividades exteriores. Ya sean de deportes, de ciencia o de arte, las actividades distintas que se llevan a cabo siempre tienen un componente lúdico. Esto sin duda les debe resultar un estímulo a los más pequeños, pero también a los chicos grandes de primaria, secundaria y prepa que ya están en etapas más sociables.

Si encuentras un área de mejora en lo social o deportivo para tus hijos o tuteladosm, ¡ahora es cuándo!, aprovecha la temporada.

 

Busca opciones

Los cursos de verano son gasto en una época previa a gastos muy fuertes, como lo son los costos de entrar de nuevo a un ciclo escolar; por eso los padres solemos dejar para otro año el curso de verano. Pero -y es un gran pero-, antes de decir que no, vale la pena buscar opciones.

Hay maestros que ven la oportunidad de aprovechar su vocación por educar y ganarse un dinero extra, por lo que organizan sus propios cursos o escuelas de verano. Acércate a los maestros de tus hijos para conocer las distintas opciones que la comunidad educativa de tus hijos tiene para ellos. Estamos seguros de que hay algo para cada bolsillo.

 

En resumen

  • Analiza las necesidades de los chicos antes de elegir una actividad organizada para el verano. ¿Qué necesita mejorar? ¿Qué quiere aprender? ¿Dónde lo puede aprender?
  • Las escuelas de verano no sólo son para repasar lo visto. También son oportunidades de socializar y mejorar en ese importante ámbito.
  • Hay opciones para cada bolsillo. ¡El chiste es buscar! Si estás atento a la comunidad educativa de tus hijos (escuela, maestros, otros padres de familia), será más fácil encontrar opciones.

 

“¿Y si no encuentro nada?”

Bien, nos da gusto que nos acompañes hasta aquí. Y por eso vamos a reunir un buen grupo de tips e ideas para desarrollar en casa si no se presenta la oportunidad de llevar a tus hijos a escuelas de verano.

Las lecciones del miedo

Jugando con el riesgo para aprender a manejarlo

En las últimas semanas se ha hablado sobre los impactos de la sobreprotección en el desarrollo integral de un niño —más allá de sólo el ámbito académico— y, paralela o consecutivamente, de los beneficios de tener un enfoque que motive a los niños a probar, intentar y atreverse a jugar, a aprender… a desarrollar el coraje de exponerse al fracaso para llegar al éxito. Pero ¿qué pasa desde la naturaleza de sus propias formas de exploración? ¿Cómo enfrentan los niños por sí solos el mundo que van descubriendo, antes de que nosotros intervengamos en su búsqueda de conocimiento? La respuesta, al parecer, es juego de niños.

 

“Sr. Miedo” y “Srita. Entusiasmo”: la sabiduría detrás de esta ambigua pareja

Los niños, desde infancia temprana, recurren al juego tanto como medio de diversión como de aprendizaje, y en él asumen riesgos. Y éste, como parte fundamental en sus primeras formas de acercamiento y comprensión del mundo, en realidad es parte importante de su desarrollo. Para especialistas como la profesora Ellen Beate Hansen Sandseter y Ole Johan Sand (2016) de la Facultad de Educación de Infancia Temprana en la Universidad Queen Maud de Noruega, aprender a tomar riesgos es una parte natural de la infancia y el desarrollo infantil: “Objetivamente, el juego riesgoso provee experiencias positivas para un niño”[1]. A ellos se suman investigadores de la toma de riesgo en el juego, como Coster y Gleeve (2008), quienes argumentan que el juego con cierto grado de riesgo (risky playing o “juego riesgoso”) provee a los niños de diversión, goce, emoción, orgullo, un sentido de logro o satisfacción, así como autoestima, siempre a la par de una sensación de miedo. Así, el miedo y el entusiasmo caminan de la mano, una dicotomía que provee al niño de experiencias que derivan en nuevos conocimientos —la emoción y el goce del juego permiten que el niño crezca o actualice su potencial a través de actividades motivadas intrínseca y voluntariamente[2]—.

Esta pareja, miedo y entusiasmo, pese a su gran aporte y valor —probablemente desde una base evolutiva—, como el fortalecimiento de la autoestima y la capacidad de afrontar situaciones difíciles más adelante en la vida, además del crecimiento del potencial de cada niño, nos representa grandes reservas para cederle una parte importante en el desarrollo de nuestros niños. Aunque quisiéramos que sus cuidadores fueran “Sr. Seguridad” y “Srita. Calma” cuando estén en medio de un parque o en un campo en el que suben a los árboles y que nosotros decidamos dejarlos jugar solos, debemos plantearnos qué tanto nuestro instinto de protegerlos los lastimará si lo hacemos en exceso: una tarea nada fácil que recae en nosotros los padres y, supongo, un escalón para nuestro desarrollo en la paternidad/maternidad.

 

Los niños que no trepan árboles

Debido a que el juego involucra muchas veces el riesgo de lesionarse, desde hace décadas han surgido varias estrategias para el manejo del riesgo, aplicadas, en algunos países, en el diseño de los juegos en parques. Éstas incluyen la reducción de las zonas altas desde donde podría caer un niño, alisar las superficies en donde puede caer un niño, entre otras. Y pese a que las estadísticas en varios países alrededor del mundo muestran que las heridas en parques como resultado de caídas o colisiones con columpios, resbaladillas, pasamanos, etcétera, son pocas —en Reino Unido, una herida fatal ocurre cada tres o cuatro años (Ball, 2002)[3]—, en países como Australia y Noruega, el enfoque en la seguridad de los niños y la prevención de lesiones ha crecido, a la par de un enfoque en actividades recreativas estructuradas y con corte de carrera en países como Estados Unidos[4]. Hoy en día, pese a que, en general, existen más espacios públicos destinados al juego, cada vez son menos los niños que salen a jugar en espacios abiertos, y por ende, se enfrentan y exploran ámbitos de la vida con menor posibilidad de riesgos. En 1903, en la inauguración del primer parque con patio de juegos en la ciudad de Nueva York (Seward Park), 20 000 niños corrieron entre policías y cercas para poder llegar, por fin, a sus juegos[5]. Y como recuenta Noël Duan en un artículo para Standford Social Innovation Review, hoy son cientos los parques con patios de juegos, vacíos en toda la ciudad neoyorquina.

Si bien no queremos que nuestros niños sufran lesiones, ahora alcanzamos a ver con mayor nivel de estudio el gran riesgo que, irónicamente, implica que se vuelvan niños que nunca trepen árboles o bajen por senderos naturales en bicicleta o gradualmente se impulsen con mayor fuerza desde un columpio para ver hasta dónde pueden llegar (comprendiendo con ello nociones de peso, balance, aceleración y fuerza desde su propio cuerpo). En algo más confluyen varios expertos: la supervisión sí es algo fundamental en el resguardo de la seguridad de nuestros niños. Estar presentes y observar, pero dejarlos tomar sus pasos, incluso aquellos que veamos que resultarán en un tropiezo, uno que no amenaza su bienestar. Una vigilancia con un criterio que dé pauta a que se experimente el riesgo.

Los límites de seguridad y protección serán delineados por cada padre; y sabiendo lo que conlleva eliminar por completo actividades de juego con riesgo, probablemente podamos expandir un poco, a conciencia, el área en el que dejemos que nuestros hijos jueguen, caigan, tropiecen, se vulneren y pierdan… y probablemente crecer junto con ellos después del miedo de verlos caer, pero siempre levantarse, sacudiéndonos nuestras heridas emocionales que mimetizan aquellas físicas que son huella de la curiosidad y valor de ellos.


[1] Sandseter, E. H., & Sando, O. J. (2016). ” ‘We Don’t Allow Children to Climb Trees’: How a Focus on Safety Affects Norwegian Children’s Play in Early-Childhood Education and Care Settings”. American Journal Of Play, 8(2), 178-200.

[2] Sutton-Smith en Sandseter y Sando.

[3] Ídem.

[4] Duan, N. (2016). “A Different Way to Play”. Stanford Social Innovation Review, 14(4), 8-9.

[5] Ídem.

Tres cosas prohibidas en tu primer semana de vacaciones

Tal vez suene un poco drástico, pero hay formas de ayudar a nuestra mente a superar la fatiga característica del fin de ciclo escolar, y una de ellas es dejar atrás, al menos una semana, nuestro día a día en la escuela.
Por eso te presentamos esta breve lista de cosas prohibidas para los maestros (al menos en su primer semana de vacaciones).

 

No hables del trabajo

Los maestros tienden a socializar mucho entre ellos, así que si las charlas no giran en torno a nuestra labor, sino a conocernos y reconocernos como seres humanos integrales, descubriremos a personas muy interesantes en cada uno de quienes, por razón de nuestro trabajo diario, apenas sabemos sus nombres y su área de especialización.
En Montenegro creemos que las vacaciones de los educadores no son sólo un derecho laboral, sino necesarias para fortalecerse y brindar lo mejor de nosotros a nuestros estudiantes.

 

Escucha mucha música

Ya sea a través de servicios de streaming, comprando CDs, escuchando la radio o comprando vinilos, aprovecha las vacaciones para incrementar tu acervo musical. Además de relajarte, escuchar música tiene algunos beneficios comprobables como:

– Reducir el estrés, disminuyendo el nivel de activación del cuerpo.

– Modular el estado de ánimo. Luego de realizar algunos ejercicios de relajación acompañados de música, nos sentimos más positivos y optimistas.

– Meditar. La música relajante es un buen complemento para ello. Ciertos géneros musicales potencian la práctica de la meditación al disminuir la actividad cerebral.

– Mejorar el sueño con música suave mientras se duerme.

 

Pasa tiempo en familia

Lo mejor de las vacaciones es compartir tiempo de calidad con tu propia familia. Pasamos tanto tiempo atendiendo las necesidades básicas de otros que a veces olvidamos los propios, por lo que este espacio de tiempo es ideal para reconectar con ellos; además, tiene beneficios como:

– Generar sentimientos positivos y recuerdos que se conservan en el tiempo.

– Mejorar la comunicación entre los miembros de la familia.

– Disminuir el estrés al desviar la atención de las preocupaciones diarias.

– Aumentar la autoestima gracias a la interacción con los miembros de la familia, así como mejorar su unidad al fomentar la convivencia.

 

Ahora ya lo sabes, aprovecha al máximo este tiempo.

Protegido del fracaso, protegido del éxito

Aunque como adultos podemos escuchar o leer todo tipo de frases motivacionales que nos incentivan a salir de nuestra zona de confort para “ir por lo que queremos” en gran cantidad de publicaciones y, por ello, nos pueda parecer un tema ya comprendido, cotidiano y hasta ligero, lo que hay detrás del miedo al fracaso es mucho más complejo y nos alcanza a todos: adultos y niños. Como padres y maestros podemos incidir, deliberada o inconscientemente en la medida en que el miedo al fracaso limite o llene de herramientas al desarrollo —y vida en general— de nuestros niños.

La cabalgata hacia el éxito nunca está libre de fracasos

La escritora y comentarista Margie Warrell —con formación en negocios y psicología— lo ilustra de forma muy clara en una de sus columnas para la revista de negocios Forbes: “(…) el crecimiento y la comodidad no pueden cabalgar sobre el mismo caballo”[1]. En un artículo en donde habla tanto desde su experiencia en el mundo empresarial —que incluye programas para la NASA— y psicológico, como desde su faceta como madre, Warrell nos recuerda de los graves estragos que conlleva una crianza que busca apartar todo riesgo de la vida de los niños, incluido el contacto con el fracaso, no sin reconocer el reto que como padres implica distinguir la línea entre el instinto primordial de proteger a nuestros hijos contra toda amenaza, y motivarlos a asumir riesgos para que sigan jugando/aprendiendo/creciendo.

Según Warrell, hoy en día son cada vez más los niños que crecen sintiendo una presión excesiva por ser exitosos desde edades muy tempranas, y se vuelve más común encontrarnos con adolescentes que optan por abandonar actividades por el miedo a asumir el riesgo de ser duramente juzgados, muchas veces -sobre todo- juzgados por padres sumamente exigentes. Estos estándares de adultos les empiezan a robar a los niños su niñez al no darles la libertad emocional, física y mental de ser solamente niños. Bajo esta línea podemos ver claramente cómo nuestros propios miedos o temas sin resolver, aún en nuestra adultez, pasan a marcar peligrosamente el camino de nuestros hijos, que muchas veces prefieren ya no caminar.

Equipados con el arsenal del fracaso

Uno de los peligros más grandes en la vida de cualquier persona es probablemente aquel de asumir el “mejor no jugar que arriesgar”, la peligrosa seguridad de vivir en un porcentaje de todo nuestro potencial con el fin de evitar resultados no favorables. Warrell dice que ha observado cómo, tras las pérdidas en distintas áreas y actividades extra curriculares de cada uno de sus cuatro hijos, a través de los años, la mayoría de las mejores lecciones de vida vienen de las derrotas por puntajes reñidos, de las casi-victorias o del no llegar a la última selección. Son éstas las lecciones que nos traen una comprensión más allá de la carrera jugada y que nos arman de resiliencia, capacidad de gran valor para enfrentar los retos incesantes de la vida.

Desde su experiencia profesional, Warrell nos recuerda que la mayoría de casos de empresarios exitosos no salen de un historial limpio de promedios de 10 y medallas de oro, se trata de personas que han tenido su buen número de fracasos en el camino a la adultez, pero que aprendieron que el fracaso es un evento y no su persona, y que les ha permitido construir una confianza lo suficientemente fuerte para ir tras metas ambiciosas, a pesar del riesgo a que se den resultados no favorables: los resultados no los definen.

En el corazón del fracaso

Según Martin Covington, profesor de la Universidad de Berkeley y especialista en educación e investigador del área social-personalidad, el miedo al fracaso está vinculado directamente con nuestro concepto de valor (self-worth) y autoestima, “o a la creencia de que eres valioso como persona”[2]. El miedo al fracaso entonces permea —o socava— nuestra identidad: no es un elemento que podamos sacudir a la primera, será probablemente una batalla que se tendrá que ir ganando día a día y en la que nosotros como padres podemos ayudar a que nuestros hijos tengan un soporte sólido en ellos mismos para ser capaces de afrontar los retos de forma en que su autoestima crezca.

Para Covington, entre otras observaciones, es importante que los padres no opten por prácticas que avergüencen o castiguen los fracasos de los niños, sino que reconozcan y celebren su éxitos; que se les aliente a que jueguen, aprendan y se arriesguen por el gusto de hacerlo, y hacer ver que su valía como personas es completamente independiente de los resultados que produzcan.

Tanto Warrell como Covington nos invitan a enseñar a nuestros hijos a asumir el riesgo de equivocarse, a desafiar las reglas y hacer su propia suerte; a ayudarlos a que separen su valía de los resultados que obtengan, aprovechar cada oportunidad para hacerles ver que lo más importante no es ser alabado como el héroe, sino tener el valor de intentarlo: lo valioso es lo que se aprende detrás de cada intento.


[1] Warrell, M. (2015). “Prepare your kids for success: teach them how to fail”. Forbes. [Revisado en: https://www.forbes.com/sites/margiewarrell/2015/12/05/prepare-your-kids-for-success-teach-them-how-to-fail/]

[2] Covington en Zakrzew, V. “How to help kids overcome fear of failure”. Greater Good Magazine. Diciembre, 2013. [Obtenido en línea en: https://greatergood.berkeley.edu/article/item/how_to_help_kids_overcome_fear_of_failure]